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Vinculando por Carolina

¿Qué imagen estamos proyectando como bailarines y artistas al público que paga dinero por irnos a ver?

Carolina Burgos

Algo que me continúa sorprendiendo cuando voy a ver danza es ver cómo en estos espectáculos se dan derroches de una pobre cultura, y no me refiero necesariamente a los intérpretes o la agrupación que toma escena ese día. Podría decir que un 99% de las veces (por no decir siempre) dichas actitudes típicas del tico promedio provienen de las personas involucradas en el gremio; llámense estudiantes, profesores, coreógrafos y/o profesionales en danza. Y no, no me refiero a esa situación por la que todos hemos pasado en la que conocemos a alguien y esa persona o nosotros mismos volvemos la cara con tal de no saludar. Hago referencia a actitudes, que aunque tal vez ustedes piensen que “no son la gran cosa”, pero a mí parecer demuestran el verdadero carácter de las personas en el medio dancístico, en el arte y en la sociedad costarricense. Un claro ejemplo: colarse en la fila.

El fin de semana pasado, asistí al espectáculo de “Vinculadas” que se llevó a cabo en El Sótano/Amón Solar. “Entre(s)-tejiendo” de la mexicana Martha Rosiles y “Rewinding” de la española Carmen Wegner fueron las dos obras presentadas, cuyo objetivo en común era recaudar fondos para su próxima gira a México. Fueron dos obras tranquilas y agradables de ver, a penas para un sábado lluvioso por la noche.

El Sótano está muy cambiado a cómo lo vi la última vez; abrieron un espacio nuevo en donde parece que están realizando un arte en mosaico alrededor de una fuente. Arriba de éste hay un balcón a donde el público de “Vinculadas” fue llevado para asistir el espectáculo; este balcón también cuenta con un espacio, reducido pero manejable, en donde se presentó la segunda coreografía de la noche. La idea de llevar al público a un segundo piso era para que este se pudiera asomar por el balcón y ver “Entre(s)-tejiendo” que se iba a estar bailando en el piso de abajo; obra que fue diseñada para ser contemplada desde una mayor altura.

Lo primero que noté al subir las escaleras y entrar al segundo piso fue la cara de Adriana Cuéllar, no sé si fui solo yo o si lo percibí mal pero la vi preocupada y tal vez hasta estresada. Entre ella y su compañera Daysi estaban recibiendo a las personas, acomodando al público en sus sillas y al resto en el piso y cuidando que nadie golpeara las luces que estratégicamente habían sido colocadas para las obras. Claramente se veían que estaban ahí no sólo como intérpretes, sino también estaban velando por cosas que en día de función no se supone que deberían de estar encima.

Después de unos varios minutos de  haberme sentado en mi silla, noto que entra una mujer con una especie de yeso en su pierna izquierda y con un bastón para caminar; ya no habían sillas disponibles. Nadie se puso de pie para ofrecerle un campo. NADIE. La muchacha que estaba sentada a la par de donde esta mujer se encontraba de pie, optó por verla de arriba abajo, cruzar sus brazos y quedarse sentada; tuvo que levantarse un hombre que estaba sentado con su bebé de no más de 2 años.

El espacio no contaba con muchas sillas por lo que los que llegamos temprano teníamos silla y los otros debían de sentarse a nuestros pies. Después de haber visto la primera parte de “Entres-tejiendo” todos debíamos de regresar a nuestros campos correspondientes, cosa que todos respetamos excepto por la muchacha que decidió sentarse en mi espacio. Lo primero que pasó por mi mente fue “me tenía que pasar a mí!”, lo segundo fue “yo sabía que tenía que dejar algo guardando mi campo”, lo tercero, “nah… tal vez si le digo ella entienda y se regrese a su lugar”. Muy tranquilamente  llego y le digo “muchacha, disculpe, es que ese es mi campo” a lo que me responde de manera sumamente insolente “¡¿son campos fijos?!”. Claramente, tenía planeado desde una primera instancia el robar el espacio. Me tuve que sentar entre las sillas, a la par de ella y con mi nalga en el aire.

Ustedes estarán diciendo, ¿por qué lleva cuatro párrafos elaborando sobre estos incidentes? Por la simple razón de que quiero evidenciar estas acciones que se ven muy a menudo (demasiado a menudo) en espectáculos de danza. ¿Qué hubiese pasado si esta hubiese sido mi primera experiencia yendo a ver danza contemporánea? ¿Qué imagen me llevo? Porque la culpa no es de las intérpretes, ni de los dueños del lugar; estas actitudes provienen de los colegas como público asistente, y si fuera mi primera vez no querría volver. ¿Qué imagen estamos proyectando como bailarines y artistas al público que paga dinero por irnos a ver?

Con respecto al espectáculo pues debo decir que me costó un poco concentrarme después de semejante colerón, pero me prometí no permitir que eso arruinara mi noche. “Entre(s)-tejiendo” es una obra de belleza particular, desde el vestuario, el peinado, la música y la visión superior de la primera parte de la obra. Debo decir que la transición de la primera a la segunda parte tuvo que ser más ágil pues se perdió un poco el sentimiento que se venía proyectando, más que todo porque el público se debe desplazar y reacomodar. Tuvo la presencia de un guitarrista en escena, cuya aparición pudo haber sido más pronta y pudo haber agilizado dicha transición.

El lenguaje de movimiento de la segunda parte rompió con el vocabulario de movimiento que se presentó al principio; honestamente, siento que fue relleno y no parecía venir con la exploración de movimiento que quiso plantear la coreógrafa. Por otra parte, algo que me gustó mucho fue cómo utilizaron un rollo de hilo o lana para entrelazarnos con ellas y con otros miembros del público, me pareció una manera muy sencilla y genuina de mostrar como todos estamos unidos por algo en común. A pesar de que en la obra predominaba el discurso de los enlaces en el sexo femenino, se puede adoptar y adaptar para todas las personas en general. Así mismo, pude apreciar una conexión entre Anne Haltman y Martha Rosiles que se prestaba para el complemento de esta idea de unión con otras mujeres o personas; lastimosamente no puedo decir lo mismo de Sofía Solís quien desde el comienzo la percibí un poco perdida.

Rewinding” es una obra cuyo aspecto predominante es la repetición ya sea para volver a comenzar o para tomarse un respiro y continuar con lo que se venía desarrollando. Para esto repitieron en algunas ocasiones caminadas, frases de movimiento y música; debo resaltar que la música utilizada al comienzo de la obra es simplemente hermosa y permite que casi instantáneamente el público se conecte con las intérpretes. Felicito a Adri por que esta es la primera vez que la veo bailar desde su accidente/operación y les digo que parece como si nunca hubiese estado lesionada. Así mismo, interpretativamente las vi más comprometidas con lo expuesto en las tablas en comparación con otras obras en las que las he visto bailar y pude sentir la intensidad de sus movimientos, en especial La Chama (cuando movía el pelo una y otra y otra vez). No obstante, a nivel coreográfico y de vocabulario de movimiento no hay gran diferencia entre lo que se está haciendo en Costa Rica con lo que se está trabajando en España; aspecto que me recordó cuando fui a ver “El7” de Victoria Miranda con la Compañía Nacional de Danza; fue un poco más de lo mismo.

Lamento si este post se hizo un poco largo y pido disculpas si en algún momento los aburrí, pero al ser esta página un medio de comunicación creo imperante hablar de temas como este y no sólo meramente sobre los espectáculos a los que asistimos, pues la danza es una experiencia integral. Pueden pensar que estas acciones no son tan importantes pero en realidad sí lo llegan a ser, reflejan el nivel de cultura que se tiene como artista y la cantidad de respeto y tolerancia que se tiene como persona; y soy la primera en incluirme dentro de esto.

Como artistas, somos personas que mediante nuestro conocimiento adquirido podemos emitir un juicio crítico y brindar una perspectiva fresca ante problemas cotidianos, dando así soluciones innovadoras; no lo desperdiciemos con ser sólo parte del promedio. Parto del hecho de que concordamos en que el arte tiene el poder de cambiar y transformar una nación (¿quién dice “Amén!”?), y para poder transformar algo se debe de identificar su estado natural.

 

¿Cuál es nuestro estado natural como artistas?

 

 

 

 

 

VINCULADAS

 

Coreografía: “Entre(s)-tejiendo

Coreógrafa: Martha Rosiles

Intérpretes: Martha Rosiles, Sofía Solís y Anne Haltman

 

Coreografía: “Rewinding

Coreógrafa: Carmen Wegner

Intérpretes: Adriana Cuéllar y Daysi Servigna

 

Lugar: El Sótano/Amón Solar

Fecha: 30 de Julio, 2016