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Vice Versa: Parafraseando la realidad por Adrián Figueroa Rosales

Sin dejar por fuera las influencias que la danza contemporánea o el ballet clásico han marcado en los cuerpos con los que trabaja, logra hacer que el intérprete se apropie y lo haga suyo...

por Adrián Figueroa Rosales

30 de mayo del 2019 – Teatro Eugene O´neill

Dirección y Coreografía:Francisco Centeno, Dirección Teatralia: María Laura Jiménez, Intérpretes “Entre Nueve”Alessandra Barnabó, Nicole Clausen, Isabella Con, Juliana Koberg, Alexa Larios, Valentina Quijano, Ambar Ruiz-Massieu, Luisa Umaña, Camile Walker. Intérpretes “Vice Versa”: María Laura Jiménez, José Duarte, Michael Henríquez.

 

 

Esta semana visité el Teatro Eugene O´neill, donde se presentó el espectáculo Vice Versa de Francisco Centeno en colaboración con la Academia de Danza Teatralia. A simple mirada, cualquier persona que no conociera al coreógrafo de todo el espectáculo, podría suponer ir a ver la típica función de academia en la que baila todo el estudiantado y es más como un show de variedades. Sin embargo, para quienes conocemos a Francisco Centeno sabíamos que podíamos esperar muchas sorpresas. Estoy seguro de que así fue para quienes asistieron esa noche conmigo.

 

Se ha desarrollado una tendencia entre academias de apostar por los espectáculos un poco mixtos. Así, no solo su estudiantado muestra sus habilidades, sino que, también, se dan a la tarea de producir espectáculos de gran calidad con su elenco más experimentado, o con sus maestros, como fue este el caso.

 

Teatralia, por segunda vez, apuesta por Francisco Centeno. Parece que la fórmula le está dando muy buenos resultados, pues Vice Versa mostró cómo la mano de un maestro con tanta experiencia y la técnica hacen la diferencia cuando se trata de hacer bailar.

 

Arranquemos con la primera de dos obras que presenciamos esa noche. Entre Nueve obra que Centeno crea para un grupo de nueve estudiantes de la academia. Me dio la impresión de que eran las más avanzadas del grupo, sin embargo, no deja de llamarme la atención lo jóvenes que eran. Chicas quizá entre los 12 y los 15 años, que ejecutaron esta obra de 15 minutos con mucho aplomo y nos mostraron la calidad técnica que logran alcanzar en la cualidad de movimiento de Centeno, que viene siendo una mezcla entre lo clásico con lo contemporáneo.

 

Es difícil interpretar a Centeno. Aunque a las chicas se les vio, en algunos momentos, nerviosas y atentas a las secuencias, no es nada extraño, pues en un mes trabajaron, masticaron y digirieron un estilo tan particular como el de este maestro.

 

Si vemos el bagaje de este coreógrafo, desde sus inicios, el trabajo técnico ha sido su mayor fortaleza, se ha mantenido en esa búsqueda de elementos que conjuguen armoniosamente en la composición de un espectáculo. Sin dejar por fuera las influencias que la danza contemporánea o el ballet clásico han marcado en los cuerpos con los que trabaja, logra hacer que el intérprete se apropie y lo haga suyo, siendo uno más de esos ingredientes en su fórmula de creación.

 

El uso de los elementos en esta obra es complemento importante para su desarrollo y dibujo. Nueve sillas rojas que realizan una coreografía junto a las intérpretes y soportan, en gran parte, la carga emocional de ellas en escena, pues Entre Nueve no deja de ser ese preámbulo de Vice Versa con un grupo de jóvenes queriendo conocer más de sí mismas.

 

Entre Nueve resultó ser, para mí, un gran ejercicio de movimiento, que logra a cabalidad su objetivo. En lo particular, les da a estas chicas la oportunidad de avanzar un paso más en su camino de aprendizaje que, de algún modo, podría encaminar su futuro como profesionales en la danza o no, pero, definitivamente, les da otra noción de lo que es la danza, para y por qué hacerla parte de sus vidas.

 

Vice Versa fue la segunda puesta de la noche. Un trío ejecutado por María Laura Jiménez directora de Teatralia; José Duarte, bailarín costarricense graduado de la UNA y Michael Henríquez, bailarín invitado de nacionalidad salvadoreña, con una gran trayectoria que pasa  por compañías muy importantes como la Nacional de Danza de El Salvador, el Ballet Nacional de Perú y el Ballet Nacional Dominicano. Este bailarín se ha convertido, en los últimos años, en una pieza clave en el trabajo de Francisco Centeno, ha sido fuente de inspiración en sus creaciones y le ha invitado a muchos de sus trabajos, como su asistente coreográfico.

 

Esta pieza es la esencia del espectáculo. Aunque tuvimos un preámbulo que lo acompañó, acá encajamos nuestros sentidos a una materia muy atrayente, en la que un juego de mundos se interpone uno en otro, para tratar de descubrir quiénes y qué somos en esta sociedad. En algunos de sus trabajos Francisco ha trabajado, de algún modo u otro, esta línea temática que sigue como un tópico presente en nuestra sociedad, pues, aunque pasen los años, el ser humano está en constante lucha de adaptación y de subsistencia, dejando por fuera a quien no encaje.

 

Si nos vamos al nombre literal de la obra Vice Versa (La locura de la cordura y viceversa), podríamos hacer una lectura incluso muy cruda de nuestra realidad. ¿Quién realmente es loco y quién no? Antes, la locura era una enfermedad y se trataba como tal. Se llegaba al punto de tachar de locos a quienes, simplemente, no encajaban en las normas sociales. Si nos vamos más hacia el pasado, durante la Inquisición se condenó a muerte a muchas personas por ser diferentes o ir en contra de lo que la estructura social marcaba. No yendo muy lejos, en el siglo XX, durante la era Nazi, más de 60 millones de personas murieron por no encajar en la “cuerda idea” de un hombre que quería dominar al mundo.

 

Tal vez me voy por las ramas un poco, pero, lo hago con la intención de dar a entender mi comprensión de esta obra que me acercó como espectador a un lugar de rebeldía, con tal de luchar por mi propio ser, mi espacio individual y mi derecho a ser yo mismo y de representarme con mis particularidades.

 

En Vice Versa, el elemento se convierte en un personaje más, que no solo acompañó, sino que fue hilo conductor en el mensaje. Un cajón hueco de color amarillo, que por casi 30 minutos me habló de un tema tan trascendental como es la individualidad y, a la vez, la colectividad de nuestras individualidades. Déjenme contarles que el color amarillo es muy simbólico, desde mi punto de vista, no sé si fue a propósito, sin embargo, aún no siendo así, este color que tanto se le relaciona con cosas positivas, en el pasado se le relacionó con aspectos ligados a lo negativo, que se tradujo en discriminación y en marginación.

 

Disfruté mucho de los vestuarios de esta segunda obra, entre blancos, negros y camisas a rayas en los hombres, no solo complementaban la historia no contada, sino que hacía lucir unos cuerpos esbeltos y prodigiosos en escena. Las interpretaciones de los tres cumplieron con el propósito. Sin embargo, quiero destacar la participación de José Duarte, a quien he visto bailar anteriormente y en esta oportunidad, la mano de Centeno logra explotar todas sus cualidades, como intérprete integral.

 

Debo recalcar positivamente el diseño general de Francisco en ambas obras. Hay un exquisito manejo del espacio, de los cuerpos y los elementos que lo habitan. Esto me causó como espectador siempre estar atento a lo que sucedía.

 

Hay algunos aspectos que quisiera dejar sobre la página, tratando de aportar a siempre hacer mejor las cosas. La iluminación, aunque fue un gran aporte, principalmente, en la primera obra, pues acompañó de principio a fin el diseño y la dramaturgia, no fue funcional en la segunda pieza. Sentí algunos baches de iluminación que no sumaban a las escenas. Me imagino este mismo trabajo con un diseño de iluminación justo a su medida. 

 

La musicalización, en general, no cumplió con mis expectativas de composición. Cuando se trabaja con repertorio existente, sería rico que se construya a partir de ahí en función de la obra. Dejar las piezas completas, a veces cansa un poco por seguirlas hasta el final, más cuando la idea ya se abordó desde el movimiento. Esto me lleva a decir lo último: contabilicé unas once escenas en Vice Versa en 45 minutos, a lo mejor fue el aspecto de la música que ya mencioné, pero se podría valorar si ya se dijo todo o se está diciendo lo mismo, repetidamente. Finalmente, me queda la pregunta de ¿Por qué el cajón amarillo no está en la obra desde el principio? Saco mis conjeturas, pero me gustaría algún día escuchar las palabras del maestro al respecto.

 

 

 

 

Fotografía facilitada por María Laura Jiménez. tomada en los ensayos. 

 

 

 

 

Por Adrián Figuero