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Un café con Pablo Caravaca por Carolina

"Creo que siempre hay que apuntar a sumar, algo que genere todavía más trabajo. Eso es para mí el mayor alcance que tiene La Semilla, exposición." - Pablo Caravana

Carolina Burgos

Setiembre ha sido un mes muy ajetreado y he pasado sumamente ocupada. Por dicha, la página me está dando qué hacer cada vez más y tengo que organizar mejor mi tiempo. Y, a pesar que todavía quedan cosas por hacer y espectáculos por cubrir, no se puede dejar pasar un mes sin hacer la entrevista.

Tuve el privilegio de sentarme y tomarme una taza de café con Pablo Caravaca, coreógrafo y bailarín de la Compañía Nacional de Danza. Y digo privilegio porque verdaderamente cuántas personas pueden decirle a esa persona que admiran “hola, no nos conocemos pero vamos por una taza de café y hablamos de danza”.

Para esta edición nuestra fotógrafa tuvo una emergencia personal y no nos pudo acompañar; no obstante, esto hizo que nuestra conversación fuera aún más íntima y la pasamos muy bien. Además, sobra decir que fue una tarde sumamente enriquecedora, Pablo tiene una percepción de la danza muy diferente al resto de los bailarines y es debido a su historia de vida.

Que disfruten la entrevista.

 

Contanos un poco sobre vos (mini biografía)

P/ Yo comencé muy roco a hacer danza y muy inesperadamente; empecé hasta los 22 años. Antes de eso trabajé desde muy carajillo, una vez salí de vacaciones de 6to grado y me tocó ir a trabajar; trabajé como ayudante de peón en una construcción. A partir de ahí, en 7mo año trabajaba en las tardes en un taller de precisión. Después del primer año del cole ya no quería volver y le dije a mi papá que me pasara a Bachillerato por Madurez porque iba a terminar más rápido… yeah right (jaja) Digamos que hasta hace unos cinco años terminé el cole; es más, terminé primero danza que el colegio.

En resumidas cuentas trabajé en muchas cosas; en maquila, en una Texaco, pintando casas, electricista, de todo lo que te podás imaginar. A los 22 años trabajaba de display en un supermercado; Laura Barquero estaba estudiando en ese momento danza en la U.N.A. y me dijo que por qué no hacía clase y estudiaba danza. Un amigo que se llama Papo entró a unas clases que daba Rogelio López en ese momento, que eran las clases que daban en Generales y yo entré como en noviembre del 2003. Me escapaba del trabajo para poder ir; yo normalmente entraba a trabajar a  las 8am y salía a las 4pm, entonces entraba a las 6am para poder salir a las 2pm. Mis jefes no sabían que yo hacía eso, entonces yo iba con un walkie-talkie a las clases de Rogelio y de repente en media clase se escuchaba “… Pablo, Pablo… Pablo, Pablo”, me salía del ejercicio en el que estuviera y me iba a responder “aquí Pablo, Pablo. Megasuper Moravia, Megasuper Moravia”. Y así estuve los últimos  meses del año.

Para cuando se terminó el taller le dije a Rogelio “ah… cómo me hubiese gustado ser bailarín” entones él me dijo que hiciera la audición de Aspirantes (Danza Abierta en este momento). La audición duraba una semana completa entonces tenía que dejar de trabajar, me senté con mis papás y les dije que yo quería ser bailarín. Mi mamá me dijo que no, que estaba loco, pero mi papá me dijo que me apoyaba. Papi literalmente me dijo dos cosas: “¿Sos gay? y yo le dije “no papi”, “y, “¿te van a pagar?” tampoco papi”. Ese empuje que me dio mi papá era lo que necesitaba para entrar a hacer la audición. Después de esa audición fueron 15 días con Rogelio en donde le dijeron a todas mis compañeras que habían pasado la audición, pero como eran mis primeras clases de danza en la vida yo seguí a prueba. Después de año y medio me dijeron que ya era parte del grupo de aspirantes.

Además, ¡me iba terrible! Porque las clases eran para el nivel de mis compañeras. Yo no sabía ni costra de la métrica de la música, yo venía de acomodar productos en un supermacado; ni siquiera había visto danza, ni había entrado en a un teatro. Yo empezaba a bailar cuando en una canción, la voz del cantante entraba, en especial porque Rogelio usaba mucho música de Luis Miguel (jajaja).

Yo tenía que hacer las clases de ballet para principiantes de Gustavo Vargas de 7:30am a 9am, luego entrar con Aspirantes y terminábamos a las 2pm, luego durante el primer año tenía que ver todo el entrenamiento y ensayos de la compañía (Danza Universitaria) y a las 8pm hacer las clases de Nivel Intermedio de Luis Piedra. Y, después irme a la casa a hacer algún trabajo eléctrico para poder seguir pagando los recibos de la casa y seguir viviendo. 

Los primeros dos años fueron lo mejor de la vida, porque yo creía que en todas las clases me iban a decir que no volviera, entonces yo bailaba con todas las ganas del mundo. Yo sé que se dicen muchas cosas de Rogelio, pero yo no tengo nada negativo que decir de él; a mí me trató como no trató a nadie más, me acogió de tal forma que me culturalizó. Me daba libros para leer, me daba entradas para ir al teatro, me decía que fuera a oír la Sinfónica, que viera danza, películas independientes; esos años fueron una introducción y mi vida cambió. A tal punto que a los dos años de estar en Aspirantes, comencé a bailar como bailarín invitado de la compañía de Danza Universitaria. El último año de Aspirantes ya había hecho la audición para la Compañía Nacional de Danza y ya estaba bailando con ellos, y ahora en Mayo cumplo 10 años de ser parte de la Compañía.

Viendo hacia atrás, lo que he vivido, me doy cuenta de que mucho de lo que me enriquece como bailarín, es todo aquello que no tiene que ver con danza. Eso me ha hecho eco en la cabeza hace rato; las películas que ves, las obras de teatro que ves, la música que escuchas, porque si nos hacemos solo de danza tendremos una visión muy reducida.

  

¿Cuál fue tu interés principal para formar parte de la CND?

P/ El hecho de que solo hayan 3 compañías estatales. En ese momento moría por bailar en Danza U pero no había posibilidad de plazas. Recuerdo que Humberto le hizo el comentario a Rogelio de que por qué yo no iba a hacer la audición, y algo me dijo que es muy importante y es que “hay que audicionar siempre”. En Costa Rica en el medio dancístico, no se audiciona y cuando nos dicen que no nos sentimos muy adoloridos en el ego.

Siguiéndole el consejo, audicioné y la pasé. Además, me iban a pagar; y hasta ese momento entré en consciencia de que iba a bailar con la representación nacional de la danza. A partir de ahí, empecé una relación muy bonita con la compañía. Desde que entré poco a poco me puse la camiseta y se ha vuelto mi proyecto.

 

¿Tenés alguna coreografía favorita de la CND?

P/ Hay muchos, pero un antes y un después fue con Denisse Fujiwara en “Cuenta las estrellas en el cielo”, ese proceso ha sido de los más dolorosos. A nivel de ego, me lo despedazaron. Tuvo que ver mucho con el auto reconocimiento del cuerpo y el estado cotidiano.

En todos los procesos siempre podés aprender algo, y en el peor de los casos cómo no hacer algo.

 

¿Cómo ha sido tu desarrollo como creador? ¿Tenés un estilo de montaje?

P/ Es loco porque ha sido de las pocas cosas con las que no concuerdo con mi crianza artística. Cuando nos hablaban de la creación, por lo menos en Danza U, siempre se generaba ese tabú de que hay que hacerlo bien, no había ese empujón que tenían, por ejemplo los pupilos de Jimmy, a  intentarlo. Le tenía miedo/respeto a la creación.

Un día hablando con Carlos Escalante me dijo algo que ya me había dicho Rogelio, que cuando quisiera crear, que fuera porque quería decir algo; y justamente de esto me agarré para quitarme el susto.

Siento que tengo la facilidad de crear lenguaje, pero tengo muy claro que el lenguaje es solamente un factor de lo que significa la coreografía. Cuando monté el solo de Sylvia Montero llamado “El Descontrol”, fue mi primer trabajo para lanzarme, que luego me dio ganas de volver a hacer. Es como cuando das un beso, querés volver a dar otro y otro. Te das cuenta de cosas.

He tenido algo muy claro cuando hago coreografía y es que no quiero hacerme cargo de todo. Afortunadamente tengo una pareja que siempre me hace los diseños de vestuario, amigos que me pueden ayudar con el diseño escenográfico, etc.

Entre más artistas tiñan mi producto de su arte, más se va a ver enriquecido. Si solo mi punto de vista está intrínseco dentro de  la pieza va a ser obtuso, mientras que en la pluralidad de opiniones se va a ir enriqueciendo de una idea más universal. Cuantas más personas lo van tiñendo, ese trabajo le llega a más personas.

Me gusta mucho trabajar a partir del intérprete que tengo y obviamente intento siempre lucirme cuando escojo intérpretes. No escojo personas con poca experiencia, no porque piense yo que no pueden bailar algo mío, sino porque hay una regla no dicha que es “entre más experiencia tenga el coreógrafo se va a compensar con el intérprete, entre menos experiencia tenga el intérprete, más experiencia debe de tener el coreógrafo para poderlo dirigir”.

Isabel Guzmán es como mi musa, con ella gestar procesos es súper fácil. Como te dije, escojo a alguien con quien se me va a facilitar el montaje. Además, ella me ha apoyado ciegamente.

 

Como coreógrafo, ¿qué te parece fundamental en un bailarín a la hora de embarcar un proceso creativo? 

P/ La ductilidad y la adaptabilidad, la capacidad de decir me dejo guiar, estar, llevar y me dejo coreografiar.

A veces uno discute sobre la organicidad de algo y creo que la pericia del bailarín está en darle organicidad a lo que se te pide. Al entrar y salir de estados emocionales, a entrar y salir del piso, a alzar o ser alzado y que eso sea lo más orgánico y se genere esa ilusión de “¡qué fácil!” cuando por detrás hay todo un trabajo.

 

           ¿Qué es lo más difícil de ser bailarín?

P/ Dejar de serlo. Si yo no bailo no sé qué haría.

 

¿Qué es lo más lindo de ser bailarín?

P/  Bailar, y no solamente en el escenario. Tener la capacidad de poder bailar la clase, que es algo en lo que estoy trabajando ahorita.  

 

            ¿Qué es lo más difícil de ser coreógrafo?

P/ La capacidad de seducirte con sus ideas y sus proyectos, y yo trato de dejarme seducir como intérprete. Como coreógrafo lo más difícil es cuando te das cuenta que los intérpretes no han sido seducidos por tu proyecto. Ahí es como cuando en una relación le decís a alguien “te amo” y esa persona te dice “yo te quiero mucho”. Esa sensación de no sentirte acuerpado por el grupo de bailarines.

 

           ¿Qué es lo más lindo de ser coreógrafo?

P/  Que la gente que no es del medio disfrute de la coreografía. Escuchar el aplauso de la gente que no es de danza.

  

           ¿Cuál es tu percepción de los productos coreográficos del momento?

P/  Soy muy fácil de complacer, a todo lo que veo le encuentro algo que me gusta. Creo que encuentro la belleza en diferentes partes y procesos. Si no puedo disfrutar del intérprete disfruto del espacio coreográfico, del tema. Trato de adaptarme a la pieza y dejarme seducir por ella; llego con ese deseo de disfrutar.

Ahorita hay una mezcolanza de la gente buscando su propio sabor, y creo que es algo que va sucediendo cuando nuevas generaciones se van sumando al quehacer coreográfico.

 

Contanos sobre El Certamen La Semilla.

P/  En los primeros dos años de mi vida en la danza, yo me ponía a hacer pirouttes en mi cuarto y mi cuarto era muy, muy pequeño. “Qué rico empezar a crear en un espacio más pequeño”,  ahora que tengo un poco más de pericia podría crear algo que se pudiera bailar en un espacio más reducido. Como retarnos a crear con esa limitante, que nos puede generar un producto muy interesante. Así fue como surgió, todo lo demás vino después; poder presentarlo en espacios alternativos, la capacidad de ofrecer fácilmente tu producto y el tener mucha exposición.

Fue la primera vez que producía cualquier cosa en la vida y me eché la producción solito, con la colaboración de Catalina Camareno en el área de Comunicación. Muchas personas se me acercaron para apoyar la iniciativa e inclusive ser patrocinadores. La Machine se sumó, Erick Jiménez con su festival de SOLOdos, el Centro Cultural de España que presentaron una obra en Festival Internacional de Cine que era dentro de la programación del F.I.A. y el Taller del Artista, por mencionar algunos. Al final salieron cosas que no estaban planeadas, Fred Herrera me llamó la misma semana del Festival de Coreógrafos para presentar los trabajos.

Creo que siempre hay que apuntar a sumar, algo que genere todavía más trabajo. Eso es para mí el mayor alcance que tiene La Semilla, exposición. No podemos aferrarnos al formato en donde todos estamos bailando en grupales en un teatro, porque tampoco podemos girar así, los recursos no dan para tanto. Todos los gobiernos prometen llegar al 1% del presupuesto destinado a cultura y todos lo rebajan. Cultura y educación son las cosas que van a hacer que gastemos menos en seguridad; y yo me siento una prueba de ello porque yo salí de un barrio de riesgo social.          

 

         ¿Hacia dónde quieres llevar La Semilla?

P/ Quiero que La Semilla sea literalmente un mostrario de trabajos en donde la gente quiera venir a verla para tomarlo y llevárselo para presentarlo. Un nivel macro de exposición en donde entre más presupuesto tenga, más trabajos generar,  no pensar en incrementar premios o dar efectivo, sino generar más posibilidades de trabajo remunerado. Llevar observadores, programadores que se lleven a los artistas a festivales.  Que las obras de los artistas sean vistas por personas que se las puedan llevar y circular.

 

        ¿Hay alguna otra área artística que te gustaría desarrollar a futuro?

P/ Ante la incógnita de ¿qué pasa si dejo de bailar con la compañía? (Jaja) me he preguntado ¿qué pasa con mi proyecto como creador? Y a razón de eso nace La Hojarasca que es mi proyecto artístico en donde no solamente enmarco mis creaciones sino también en las que colaboro. Este año trabajé con dos creaciones teatrales en “Yo soy Pinocho” y “Una niña llamada Ana”, entonces me agrada mucho la idea de La Hojarasca movimiento escénico porque no quisiera enmarcarlo en una compañía de danza que además no tengo la capacidad de tener.

Se llama La Hojarasca porque literalmente como una hojarasca tiene hojas de diferentes árboles; gente que viene y va y siempre quiero estar invitando personas a trabajar conmigo.

Al tener un salario fijo pues es como un mono que me guinda, pero si no lo tengo me pregunto ¿qué puedo hacer que no solo sea por mí sino también por los colegas que ya están? Ok, generar algo que se pueda mover, que genere brete, crear una vara en donde se pueda documentar obras y el costo no sea altísimo, o el trabajo que vos hacés, la difusión que vos haces nadie te la hace de gratis y el trabajo mediático es caro.

Ahorita estoy comenzando un proyecto con Sylvia Sossa, estamos planteando un espectáculo híbrido entre danza y teatro.

Otra cosa es que me encanta dar talleres a gente que no sabe nada porque son las personas que más aprenden. Aprendo y disfruto montones.

 

   ¿Cuál es tu película favorita?

P/ Me da demasiada pena decirlo… no puedo ponerla… es The Notebook (jaja)

 

¿Cuál película le recomendarías a las personas que están leyendo la entrevista?

P/ Es demasiado cliché… Billy Elliot

 

¿Cuál es tu plato típico favorito?

P/ El pinto, y amo ir por un talapinto del mercado; quien no ha ido por un talapinto no sabe nada. Yo lo pido hasta con salchichón. Cuando salgo de gira como salchichón, pero en mi casa no se permite el salchichón.

 

Menciona 2 cosas que amas de Costa Rica

P/ 1. La lluvia. Amo mojarme, caminar bajo la lluvia.    2. Punta Uva.

 

¿Qué mensaje le darías al gremio en este momento?

P/ Baile y disfrute hasta que las patas le duelan.

 

Como les dije, Pablo no es un artista ordinario. Admiro mucho la labor que está haciendo con La Semilla y lo que quiere llegar a crear y alcanzar con su trabajo. Es de esas personas que tiene claro que puede llegar a hacer un cambio significativo en la danza y el arte costarricense, y no necesariamente implica que deba de estar subido en las tablas. Pero lo más importante, es una persona de armas tomar; quiere realizar un cambio y sus acciones siguen sus palabras.