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Un café con Marta Ávila por Carolina

"Lo más difícil es tener que criticar a la gente más cercana, a los colegas, a Rogelio que pensaba que yo era su discípula bien portada o a Luis Piedra mi compañero de 40 años." -Marta Ávila

Carolina Burgos

 Marta Ávila fue mi profesora en algunos cursos de la carrera de Danza en la Universidad Nacional y siempre la he admirado por su labor y profesionalismo en la danza. Ella es de esas maestras que todo lo saben, una biblioteca andante decíamos molestando. Una persona más que capacitada en su área, pionera en la historia de la danza en nuestro país y apasionada por lo que hace.

No quiero adelantarles lo que van a leer, pero gracias a ella la danza en nuestro país está donde está. Abrazó muchos retos que representaron tareas y trabajos difíciles y cansados, simplemente por el hecho de que la danza en Costa Rica lo ocupaba (ocupa) y porque siempre ha estado consciente que nuestra labor como artista es dejar algo para las generaciones que vienen detrás. Que disfruten “Un café con Marta Ávila”.

 

Cuéntenos un poco sobre usted. (mini biografía; estudios, trabajo, vida personal)

M/ Yo empecé a estudiar realmente danza en el Conservatorio de Castella, pero desde niña me gustaba mucho todo lo que tenía que ver con la escena. Mi abuelo fue maestro de música y maestro de capilla de la Iglesia de Santa Ana, mis tías, mamá y abuela eran maestras,  entonces siempre estuve en un medio académico y artístico.  Estudié en la Escuela Andrés Bello de Santa Ana,  y ahí participaba en todos los actos públicos y en todas las actividades que tenía la escuela y la iglesia.

Recuerdo mi primera vez en escena, fue el kínder, bailando un extracto del Baile de las Flores de Tchaikovsky; me acuerdo del vestido que era de tela con papel crepé y unos alambres para que se pararan los pétalos. Eso era lo que siempre me gustaba hacer, salir vestida de ángel o cualquier cosa  en Semana Santa, en el día de San Juan,  es decir ¡de todos los santos y de todo salía! Era, como dicen los chiquillos, una bombeta.

Me gustaba mucho ser bastonera, pero en quinto grado me quitan de bastoneras y me ponen a marchar, pero yo no podía moverme así entonces yo empecé a marchar como marchaban las bastoneras y un profesor me pegó un manazo. Yo fui a decirle a mi mamá, que era maestra de la misma escuela, y se enojó, entonces me cambiaron de escuela. Indagamos, y la única escuela que quedaba cerca era el Conservatorio de Castella; Arnoldo Herrera había sido profesor de música de mi mamá en el Colegio de Señoritas y supuso que yo iba a entrar a estudiar música.

Ingresé al Conservatorio en sexto grado y empecé estudiando música, pero no me gustaba. Antes, solía ser muy inquieta e indisciplinada porque siempre tenía que estar haciendo algo, pero cuando entré al Castella me calmé porque tenía muchas cosas por hacer; hacía danza, teatro, artes plásticas, si había coro yo cantaba y si estaban montando una ópera de algo me metía. Yo siento que para mí el entrar al Conservatorio Castella, fue entrar a mi lugar ideal en donde iba a estar realizada y haciendo lo que más me gustaba.

En 1971 llegó Rogelio López al Castella y fue profesor nuestro de danza y nos dio mucho estímulo; después él se fue a estudiar a la Escuela de Danza en la Universidad Nacional (1974) y volvió únicamente para graduarnos del colegio en 1976.

En 1975, Rogelio ya tenía uno de los primeros grupos independientes en Costa Rica llamado Danza-Cor. También existía el Ballet Moderno de Cámara que lo dirigía Elena Gutiérrez y Cristina Gigirey. A mí, como me gustaba mucho la línea de trabajo de Rogelio, ingresé a Danza-Cor y estuve ahí hasta 1977. Posterior a esto, creamos Danza Universitaria (pasamos de ser Danza-Cor a ser Danza Universitaria) y la Universidad de Costa Rica nos dio el estatus de ser la primera compañía profesional de danza de Costa Rica.

Mientras estuve en Danza Universitaria, estudié Historia del Arte en la U.C.R. y duré muchos años en mi bachillerato porque para mí lo más importante era bailar; si nos íbamos de gira uno o dos meses, yo retiraba la materia porque no era tan importante.

En 1990, cuando concluí mi bachillerato, me ofrecieron un puesto en la Escuela de Danza en la U.N.A., ya tenía 20 años de haber trabajado con Rogelio y sentí que era un buen momento para probar nuevas cosas. Dos años después, me ofrecieron la dirección en la Escuela por lo que renuncié a Danza Universitaria y dejé de bailar porque había mucho trabajo por hacer; había que hacer transformación curricular, escribir, crear la propuesta de licenciatura, etc.

Hay un detalle interesante, en 1986 tuve una beca de la Universidad de George Washington en Estados Unidos, llevamos unas pasantías con diversos cursos, y en el curso de Historia del Arte yo pedí que me dejaran ir a la biblioteca. Pregunté por los libros de danza y de historia de danza, y cuando vi que era un salón enorme de solo  libros de danza, fue un choque. “¿Cómo pueden haber tantos libros de danza?”

Cuando me tocó impartir el curso de Historia de la Danza, voy a la biblioteca de la U.N.A. y pido poder ver los libros de danza que tienen, me dijo el señor que sólo tenían un libro y estaba en alemán. La cosa estaba trágica. Tuve que dar el curso de Historia de la Danza con la copia de un libro de Paul Bourcier, y cuando llegó la parte de hablar de la historia de la danza en Costa Rica, les tuve que contar la historia porque no lo íbamos a encontrar en ninguna parte. Tuvimos que hacer algo al respecto porque si me quedaba afónica o muda, ¡se acaba la historia!, entonces, hicimos “los cuadernitos” de historia de la danza costarricense. Comenzamos con el de Elena Gutiérrez en 1993, que coincidía con sus 20 años de vivir en Costa Rica, luego hicimos el cuaderno de Mireya Barboza, el del Festival de Coreógrafos, el de Cristina Gigirey, un libro de la Compañía Nacional de Danza, y bueno, ahí se fueron formulando otras cosas. Fue en ese momento que me di cuenta que había una necesidad de investigar la danza en Costa Rica porque nadie había escrito.

 

¿Por qué tomó la decisión de aplicar, de nuevo, para la dirección de la Escuela de Danza?

M/ Estuve 6 años fuera de la Escuela, en el SEPUNA,  dirigiendo los posgrados  de toda la UNA y viajando mucho por Centroamérica porque ese puesto me llevaba a eso. Cuando regresé a la Escuela, habían cosas que quería ayudar a cambiar.

Creo que lo importante ahora es darle un empujón a los aspectos que que se deben de reforzar. Lo administrativo siempre me ha gustado, me ha sido fácil, no sufro al estar detrás de un escritorio. A mí lo que me gusta es dirigir, mandar, contribuir, transformar. Pienso que uno tiene que llegar a los puestos sabiendo que vas a estar un tiempo y que luego tenés que dejar algo hecho.

 

¿Con cuáles retos se ha topado en estos primeros meses como directora de la Escuela?

M/ Uno de los retos que debemos enfrentar, es generar un espacio y un ambiente en donde los académicos entendamos que la parte artística-docente, en el ámbito universitario, tiene que complementarse con una producción que deje huellas, documentos, escritos y una sistematización. Yo siempre lo he pensado y me veían como la bicha rara, “eso le toca a Marta”, porque siempre me pregunté por qué no habían bitácoras de procesos. En la ciencia uno ve cómo se va haciendo la investigación, pero en la danza cada uno se lleva su investigación, se va el profesor con su proceso y nadie lo pudo compartir.  

Me parece más interesante si pudiéramos compartir procesos o hacer alianzas interdisciplinarias para que queden otros productos, porque lo que a mí más me ha angustiado (que creo que por eso también empecé a escribir) es saber que nuestro arte es efímero y que una vez que bailamos, no queda nada. En música queda la partitura, si se muere el compositor la pueden  tocar 100 años después, en pintura queda la obra y alguien más la puede ver, en teatro queda el texto dramático aunque no la puesta en escena, pero en danza ni siquiera tenemos partituras. Esa obsesión a mí me ha hecho ver que es importante el proceso de sistematización, y no solamente el de la historia.

Para dar una clase hay que investigar el movimiento, la técnica, etc, ¿por qué no se escribe sobre eso?.

 

¿Cómo comenzó su trabajo en la crítica de danza?

M/ La crítica en Costa Rica ha sido bastante irregular. Hace poco descubrí que Guido Fernández, quien era crítico de teatro, le tocó hacer crítica de danza en los años 60´ cuando vino la Compañía de Danza de José Limón; es decir, no había un crítico de danza desde esa década. En los 80´ habían periodistas que les gustaba la danza y escribían sobre ella, y a veces hacían comentarios o críticas, como Orlando García, Alberto Cañas, Victor Hugo Fernández quien era periodista de La Nación como decir ahora Natalia Díaz, Victor Hugo termina dirigiendo Áncora y llaman a Mariamalia Pendones para que llene ese espacio en la danza, a mediados de los 90 hace la crítica por 2 o 3 años, pero decide que quiere volver a componer (y para ser crítica, no puede ser juez y parte) y ahí es cuando me llaman a mí.

En 1998, Mariamalia y yo cubrimos el Festival de Coreógrafos y ya el año siguiente ella realizó un montaje por lo que no siguió siendo crítica y me quedé yo sola. Dije que no iba a cubrir academias (porque sería interminable) y no iba  a escribir sobre mis estudiantes por una cuestión de ética.

De hecho, es curioso porque yo de chiquitilla, mi papá siempre me intentó meter en la escritura porque todas mis hermanas estudiaron mecanografía, pero yo le decía que yo iba a ser artista y que nunca iba a necesitar escribir. El próximo año voy a cumplir 20 años de estar haciendo crítica.

 

¿Qué es lo más difícil de ser crítica de danza?

M/ Lo más difícil es tener que criticar a la gente más cercana, a los colegas, a Rogelio que pensaba que yo era su discípula bien portada o a Luis Piedra mi compañero de 40 años.

Yo tuve que saber que perdía amistades cuando asumí la crítica. Personas me han vuelto la cara cuando llego a saludarlas, entonces opté por pensar: “no soy amiga de nadie, ahora soy Marta Ávila la crítica de danza. Punto.”  Nunca se le va a quedar bien a nadie.

Creo que es parte del oficio, sobre todo en un país donde no hay otras opciones de crítica, que es un país de autocomplacencia y de autobombo, en donde nos gustan que nos digan sólo lo bonito y nunca lo feo para crecer.

 

¿Cómo maneja (personal y profesionalmente) el descontento de alguien por una crítica que no haya sido de su agrado?

M/ Yo retomo algo que dijo Roger Salas, crítico español, “el tiempo le dará la razón al crítico ante el dolor del coreógrafo porque en el momento que lleguen las buenas obras, ese crítico tendrá que reconocerlas.”; entonces, ahí te vuelven a ver otra vez con agrado. Así es la vida, porque jamás podés pensar que es mi amigo, porque hay que decir las cosas.

A mí me ha pasado que inclusive le he tenido que dar un Premio Nacional a alguien que anteriormente  critiqué muy mal, pero vino la buena obra y se mereció el reconocimiento, y esas cosas pasan.

Pero de igual manera, y Luis Piedra lo dijo en una mesa redonda en un momento, “tenemos que agradecerle a Marta porque gracias a ella y sus críticas, pasaremos a la historia.”

 

¿Ha cambiado su estilo de crítica desde que comenzó a ahora?

M/ Yo mantengo el esquema basado en la crítica estadounidense  Sally Banes; ella dice que la crítica debe de tener 4 elementos (lo contextual, anaítico, descriptivo y valorativo). Eso lo mantengo pero también el ideal, que ha planteado Patricia Cardona como crítica, que decía que la mejor crítica supera estéticamente al espectáculo. Pero, para que una crítica sea orgánica y valiosa, tenés que ver un espectáculo maravilloso o perfecto … que casi nunca sucede.

Yo recuerdo que una de las mejores críticas que yo creo haber escrito, fue una dedicada a Carmen Werner cuando bailó “Página en blanco”, porque me despreocupé de mi esquema; la obra me gustó, me llevó a otro nivel y escribí en esa sintonía.

Pero cuando yo voy a ver una obra tengo que cumplir con: lo contextual, lo descriptivo, lo evaluativo y la parte interpretativa. Además, tengo que cumplir con los 3500 caracteres, que me da La Nación, en donde no puedo hacer un análisis profundo.

 

¿Qué es lo más importante a tomar en cuenta a la hora de realizar una crítica de danza?

M/ Para mí lo más importante es que la obra hable por sí misma. Cuando llego a la butaca trato de sentarme fresca, guardo el programa de mano y si en La Nación viene información previa, procuro tampoco leerla. Además, a veces lo que se escribe en el programa de mano es muy pretencioso a lo que se logra, y eso puede influir en la lectura de la obra.

Busco que la obra me conmueva, si la obra me mantiene atrapada y activa todo el rato, puedo elevarme un poco a la hora de la escritura.

 

¿Cómo percibe a las nuevas generaciones de la danza? (aspectos positivos y aspectos a mejorar)

M/ Lo que me he encontrado interesante es que las nuevas generaciones han encontrado que la sistematización es importante y algo necesario de hacer. En un encuentro que tuvimos llamado CIDEA Investiga, a los estudiantes de la Escuela se les fue abierto un mundo. De hecho, he visto una mejora significativa en los trabajos de los estudiantes a partir del II nivel.

Además, creo que el medio y la competencia los ha hecho ver que es una necesidad más a llenar. Antes, se creía que el estado benefactor nos daba todo y que ni siquiera teníamos que hacer una gestión de viáticos. Eso cambió y tuvimos que ser “soyla” y administrar los recursos que igual venían del Estado. Y, ahora por lo menos con PROARTES, las nuevas generaciones si no saben formular un documento no se ganan nada, y por suerte ahora el Festival de Coreógrafos, el Festival Nacional de Danza les pide llenar un formulario.            

Lo que he percibido ahora que estoy en la escuela, es que antes cuando veía los trabajos eran propuestas netamente de movimiento, muy abstracto y conceptualmente vacías, no se entendía nada. Ahora, creo que están por lo conceptual y se les olvidó moverse, se les olvidaron las cualidades de movimiento, el contraste y dinámicas. Están muy bien, muy internos pero creo que hay que zarandear un poquito el asunto, también hay que desarrollar la forma porque la danza no es solo pararse y hacer performance, porque la moda del performance está haciendo que ellos no quieran moverse. Entonces yo me desnudo y eso ya es “¡wow!”, si no le ponés algo más es vacío.

¿Para qué se entrena? ¿Para qué hacen 10 clases por semana? Si no van a usar el cuerpo. ¿Para qué estudiamos composición? Si voy a hacer un solito en donde me pongo 18 zapatos y no pasa nada.  Perfecto el nivel de concepto, pero ¡usen el movimiento!

 

¿Hacia dónde cree que se dirige la danza costarricense, con su situación actual?

M/ Por lo que he vivido este año, ha habido una pequeña crisis de ausencia de espacios para bailar. No sé si el hecho de que hace 5 años, Gráfica Génesis fue un espacio revitalizador que sustituyó los espacios caros que eran los teatros grandes, nos adecuamos a espacios de ese tipo. Se cierra Gráfica Genésis, se cerraron los espacios, se cerraron las temporadas y he sentido que este año ha habido una baja de producción.

Habría que pensar en reconquistar esos espacios. Por ejemplo, para mí el Teatro Nacional y el Melico Salazar no deberían de quedarse solo para el ballet o para la danza flamenca que es lo único que veo que se programa, la danza contemporánea abandonó esos espacios. Creo que ahora deberían de hacerse estrategias de colaboración y coproducción y también habría que hacer un llamado a las personas que dirigen esos espacios.

Como yo crecí en esos espacios, bailando en esos teatros, a mi me da mucha preocupación que hayan personas que no hayan podido bailar en esos lugares.

A las nuevas generaciones les falta negociar esos espacios.                 

Tenemos que llegar a que la danza sea una necesidad.

 

¿Qué consejos nos podría dar a los escritores de En las Tablas? Tanto en reseñas como columnas.

M/ Con toda confianza, tienen que ser más cuidadosos con la ortografía, a veces veo palabras sin tildar y cosillas así, que creo que son más de pandemia nacional, pero sí mejorar eso.

Y por lo otro, me parece que es una labor muy encomiable, de reconocer, que es necesaria a la vez. Las generaciones nuevas entienden que es necesario ser interdisciplinario, se tiene que hacer algo más que nos va a enriquecer más adelante.

Al menos que estés bailando donde Pina Bausch en donde te pagan por bailar, el artista actual tiene que tener algo más, saber adaptarse, porque aunque nos cuidemos mucho nadie va a llegar como Alicia Alonso dirigiendo a sus 90 años.

 

¿Qué le gustaría ver de la página? ¿Hacia dónde crecer?

M/ Deberían, ojalá, mantener lo de la Agenda de Danza, me parece que es importantísimo. A mí me pasa, como crítica, que tengo un mes de no ir al teatro y de pronto tengo espectáculos seguidos en 3 días, y no puedo ir a ver todos los estrenos. Yo ya no puedo enviar 3 críticas de un solo y tampoco la gente puede agarrar 3 días para ir a ver danza. Entonces, ojalá la Agenda se mantenga y  hacerle más propaganda, que los teatros principales manden sus fechas para que los demás se logren acomodar mejor.

Sé que en otras ocasiones otras personas lo han intentado, es una tarea titánica y hasta a veces la gente ni lo agradece, pero eso es fundamental porque desgraciadamente el público de danza no lo veo crecer, somos los mismos. Bailamos para los mismos, ya ni los viejos profesores y bailarines van a ver danza.

 

¿Tiene proyectos profesionales a realizarse en este 2018 de los cuales nos pueda comentar un poco?

M/ Estoy trabajando junto con Andreina Gómez en un proyecto que busca rescatar el patrimonio coreográfico, la idea es llegar a tener una videoteca de danza en donde tengamos todas las obras. El proyecto se llamaba “Rescate del patrimonio de las obras del 80´al 90´”, la idea era recoger eso de los ochentas, pero de pronto nos aparecieron montones de VHs y videos después del 90´. De momento, tenemos digitalizadas 250 obras de 1980 al 2010, pero hay solamente 29 obras apropiadamente editadas con subtítulos, ficha técnica, etc.

Por otra parte, estoy terminando un libro que viene derivado de la investigación del Teatro Nacional y su aniversario de los 120 años. Fueron 7 investigadores que nos juntamos a escribir un libro en las áreas de arquitectura, sociología, historia de la creación, ópera, música, teatro y danza. Va a salir una colección con 7 tomos, cada tomo dedicado a una de estas áreas.

También, está en proceso un libro sobre la historia de la Escuela de Danza, que será presentado tal vez en el 2019, que cumple 45 años de ser creada. Y, estoy trabajando en un libro, otra investigación paralela, sobre los 40 años que cumple la Compañía de Cámara Danza U.N.A., que saldrá en el 2021.

 

He visto que ha viajado por muchos países, ¿cuál ha sido su favorito hasta ahora?

M/ Qué difícil porque todos los países tienen mucho. Me gustó mucho haber estado en Italia últimamente. Es más cercano a nosotros, los italianos son bulliciosos y  el país tiene muchísima historia.

 

¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

M/ Me gusta mucho ver cine, películas alternativas, no de Hollywood. Me gusta mucho cuidar mis orquídeas, es mi pasatiempo favorito, es una flor que huele delicioso y no requiere mucho cuidado. Tengo un vivero y siempre voy a ver qué hojita nació y qué se me murió. También me gusta mucho cocinar.

 

Si no se hubiese dedicado a la danza, ¿qué otra profesión hubiese escogido?

M/ Me hubiese gustado ser arquitecta, diseñar espacios.

 

¿Qué tradiciones realiza en Navidad? ¿Es supersticiosa?

M/ Pues, tradiciones no. Después de haber tenido el cáncer comencé a ver la vida distinta, antes me concentraba solo en el trabajo y mi núcleo familiar más cercano, y de pronto me di cuenta que había dejado amistades tiradas entonces comencé a flexibilizarme más. Me relajé mucho. La vida en cualquier momento se puede acabar, ser intenso pero tampoco obsesionado, y saber hacer las cosas hasta donde se pueda llegar.

Y, la única superstición que hago es recoger una flor de Santa Lucía y meterla en la billetera con un billete de 5 colones.  

  

Tuve nervios al pedirle a la profe que fuera mi entrevistada del mes de diciembre ya que tenía miedo de parecer inculta o poco capacitada para llevar a cabo la entrevista con fluidez, pero resulta que fui totalmente sorprendida.  Conocí un aspecto distinto de la profe, la conocí como Marta alguien abierta, graciosa y humilde.

Gracias por su labor, sus trabajos, sus libros y su legado a la danza costarricese, usted es un verdadero ejemplo a seguir. Y, así como usted se ha dedicado a escribir las obras y hazañas de los artistas costarricenses, algún día alguien escribirá de las suyas.

Así como he escuchado a mis maestros hablar de los grandes de la danza como Mireya Barboza, Cristina Gigirey, Elena Gutiérrez, David Calderón, por mencionar algunos, me siento realmente privilegiada de haberla conocido a usted y estoy segura que los que la conocen opinan igual que yo (no es por ser brocha). Usted es historia en nuestra danza.

 

Para ver las fotos de esta entrevista, ingresen al siguiente enlace:

http://enlastablascr.com/galeria/un-cafe-con-marta-avila