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Un café con Margarita Peralta por Carolina

"Recuerdo que salí de ahí y flotaba. Iba caminando por las calles de Buenos Aires y flotaba. “No puede ser, ¡me pasó! ¡Soy bailarina de ballet del Teatro Colón!” - Margarita Peralta

Carolina Burgos

Esta es una entrevista que he estado esperando por mucho tiempo.

 

Hace un par de años, comencé a hablar con Margarita por redes sociales. Me conmovió el apoyo que ella- una colega que he admirado desde hace mucho tiempo- me dio, sin conocerme. 

 

Recuerdo haber visto su noticia en el periódico de La Nación cuando fue elegida para formar parte de la Compañía de Ballet del Teatro Colón. Recuerdo pensar “¡wow! ¡Que chiva ella!”. Jamás pensé que años después nos estaríamos tomando una taza de café en Cabra Negra, hablando de su historia y de la mía.

 

Hablar con Margarita fue como hablar con una amiga de toda la vida. Fue una entrevista muy larga y por ende, complicada para transcribir. Había tantísima información valiosa que me hubiese gustado compartirles, pero lastimosamente, debido al formato de esta plataforma, tuve que saltarme algunos detalles. 

 

No obstante, compilé todo lo que pude. Así que, aquí va. 

 

 

Para todas aquellas personas que no sepan quién sos vos, contanos sobre vos.

M/Soy bailarina clásica, es algo que me ha definido siempre. 

 

Además de ser un ser dancístico soy una persona académica. Me parece muy importante que las personas que se dediquen a las artes escénicas estudien otra cosa aparte, lo vi en Costa Rica y lo vi en Buenos Aires, es necesario. Hoy que me estoy dedicando a la gestión y pude sacar una maestría, me doy cuenta de que por más que yo trajera conocimientos de los distintos lugares en los que he trabajado, necesitaba sistematizar esos conocimientos y la maestría fue perfecta para hacer eso. 

 

Margarita hoy es bailarina y gestora cultural y la verdad que no me arrepiento de haber empezado a estudiar de nuevo, aunque el título como historiadora en la UCR nunca lo ejercí, me ayudó para después especializarme en gestión. 

 

Si están pensando en profesionalizarse como bailarines o bailarinas, tienen que buscar una carrera que puedan llevar con la danza. Si la idea es ser bailarina, es escoger una carrera que no choque con la carrera principal. Le agradezco al destino porque quería estudiar Periodismo y terminé estudiando Historia y aunque intenté pasarme a periodismo, no se me dio y pensé que por algo tenía que ser. Hoy pienso que fue una buena decisión porque fue una carrera que pude llevar con la danza.  

 

 

Actualmente, ¿a qué te dedicas?

M/Bailarina y gestora cultural. Actualmente estoy haciendo la transición, al principio me costó, vos sabés, que nos desfinanciaron el Ballet Nacional de Danza por la Inclusión, nos quedamos como 60 bailarines y bailarinas sin trabajo, más 20 personas de staff. Esto fue un golpe muy fuerte porque, en ese momento, no habían otras posibilidades de trabajo y estoy llegando a una edad en que es difícil que me tomen en cuenta para audicionar, más en Argentina en donde la edad de todos rondan los 26-27 años. Fue un momento en que entre llantos empecé a evaluar el dejar de bailar, por tantos sacrificios, no podía pensar en hacer otras cosas. Pero, cuando encontré la gestión, empecé a ver que algo me llenaba, el llanto se empezó a convertir en otra cosa y me di cuenta de que podía reinventarme y reinventar la danza y no necesariamente por ser una bailarina tenía que estar en un teatro o en una compañía arriba en el escenario. Además, yo respeto muchísimo mi profesión y no puedo salir a bailar desentrenada y no me siento preparada para hacerlo. El ballet clásico es un arte milenario y eso hay que respetarlo.

 

Hoy la producción me está llevando más trabajo, entonces cada vez tengo menos tiempo para entrenar, por eso me ha ayudado entrenar por aparte en mi casa o entrenamiento funcional, que ya antes lo había empezado a hacer y me dije “¿por qué no había descubierto esto antes?” Me ayudó un montón para poder saltar, tenía más fuerza, cosas que no entendía por qué no me salían y claro, no tenía la fuerza necesaria y necesitaba más trabajo. 

 

 

¿Cuál fue tu primer contacto con la danza?

M/¡Wow!, eso fue... recuerdo que tenía 11 años. Fue un diciembre- no fui a ver Cascanueces- yendo a ver una función del Ballet Clásico Ruso, adonde después empecé a estudiar. 

 

Mis abuelitos eran asidos a visitar el teatro, a veces danza, a veces flamenco; les gustaba mucho. Entonces, una de las tantas veces que fuimos, fuimos al ballet y yo recuerdo que me quitó el aliento y pensé “esto es lo mío. Yo quiero flotar así, yo quiero bailar así, yo quiero hacer esto”. Mi abuelito me dijo que averiguara adonde podía ir a bailar y cuando fui, ellos ya habían hecho las audiciones para ese año, entonces pregunté si podía presentarme y me dijeron que podían hacerme una audición chiquita y veíamos. La hice pero me dijeron que viniera el otro año. Le dije a mi mamá, “¡los odio! ¡No puede ser que no me hayan aceptado! ¡Tenía tantas ganas!”. Pasa el año y justo llaman a mi casa y me ofrecieron hacer la audición de nuevo. Fui, hice la audición, hice todo lo que me pidieron y a los días me llaman “está aceptada” y yo “¡Aahh!”.

 

Igual, empezar en el mundo del ballet a los 12 años es tarde, pero yo entré y me lo tomé serio y desde ese momento fue algo que tenía al lado de la escuela, del colegio, de la universidad. Cuando entré a la universidad fue cuando me dije que quería hacerlo por más tiempo y empecé a organizar mi tiempo para bailar más. Poco a poco todo fue dándose y fui a la competencia de Nueva York en el 2007.

 

 

¿Cómo fue tu proceso de formación en el ballet?

M/Mirá, yo en el ruso estuvo los 8 años reglamentarios que se supone uno se graduaba como bailarín profesional, que igual, como le digo a todo el mundo- necesito ser muy honesta- a mí el ballet ruso y la maestra rusa me dieron la postura, la línea, los pies… pero no gradúan bailarines profesionales. Nadie en Costa Rica los gradúa. Después de eso estuve 1 año más y me pasé con Fidel como 3 meses, nada más. Después estuve con Felix y con Pedro, hasta que Pedro un día me dijo “bueno chica, vas a bailar con nosotros o ¿con quién vas a bailar?” Bailé con Pedro porque era el que me estaba dando posibilidad de bailar y así estuve casi un año. Después de estos 10 años de formación, me entraron las ganas de audicionar y ahí fue cuando escribí a Buenos Aires.

 

Contame del concurso de Nueva York en el que participaste.

 

M/Yo me enteré del concurso por mi maestra del momento, Patricia Carreras. El concurso consistía en aprenderse 3 pas de deux, en el lugar, que eso estaba interesante, estar 3 semanas en Nueva York, 2 semanas de ensayos de los 3 pas de deux y luego bailabas. Cada pas de deux era una eliminatoria. También tenías que tener un solo medio contemporáneo, medio neo clásico. 

 

Julio López llegó a prepararme el solo, yo ya había trabajado con él entonces sabía su manera de trabajar y entonces, me trajeron a Alejandro Regueyro: él es el mejor maestro de Vaganova de Argentina y además era el maestro ensayista del Teatro Colón. Luego se hace el director de la Compañía en Salta, la región del norte y es muy respetado; había trabajado con Paloma Herrera y un montón de gente. Recuerdo que llegó a entrenarme y fue increíble. Me entrené un mes y medio antes de irme a Nueva York y ahí fue cuando descubrí que el trabajo tenía que ser mucho mayor a lo que yo estaba acostumbrada. 

 

Yo no estaba del todo preparada para el concurso. Sé que no fui de lo mejor, es más, no pasé de la primera ronda, pero ahí dije “ok, si esto es lo que quiero, tengo que trabajar más y realmente, ponerme en serio”. Ese fue el momento de o voy en serio o lo dejo. 

 

Yo hacía clases y habían cosas que no podía hacer del todo bien porque no estaba bien preparada y habían chicos que habían sido estudiantes del ABT y otras escuelas importantes de Estados Unidos que tenían mayor preparación y mayor conocimiento. Cuando llegué al Colón me pasó lo mismo. Tenía algunas compañeras que eran egresadas del Instituto, algunos ni habían acabado la secundaria… otro panorama por completo. 

 

Yo creo que tuve suerte. Si no se daba lo de Buenos Aires, no sé si iba a poder tener una carrera profesional. Eso sí, yo tengo los pies sobre la tierra. Yo soy cuerpo de baile y no aspiro a más. Nunca quise irme a Norteamérica, no me gusta la escuela americana, no tengo escuela americana y Europa lo veía imposible porque no soy una bailarina con una formación completa, entonces Latinoamérica siempre fue mi target

 

A veces me cuentan que van a ir a audicionar y yo les digo “eh, bajá las expectativas” porque vienen de un país pequeño como Costa Rica. Es más fácil destacarse acá porque no tenés competencia, pero es más fácil estancarse por eso mismo. 

 

Cuando dejé el Colón y pasé por todo esto de no sé que voy a hacer, volví a Costa Rica por 8 meses. Como que encontré mi centro y dije “no, me tengo que ir de vuelta” porque necesitás la competencia. El ir a clases particulares y tener a una nenita de 15 años que gira 5 piruetas, a vos te obliga a tener que mejorar… y ¡es una competencia sana!

 

 Mi maestro Julio, es la persona que a veces me sienta y me dice “¡no! este proyecto no, que esto no, que tenés que sacar aquello” y claro, duele porque es tu hijo. A veces se pelea conmigo y me dice “yo sé que te enojaste” y le digo “no. En este momento sí, pero déjame procesarlo.” Al día siguiente me llama y me pregunta “¿seguís enojada?” y yo “no Julio, yo tomo TODO lo que me decís porque sé que vos tenés más experiencia que yo. No lo estás diciendo para tirarme abajo sino para que yo crezca, así que déjame que voy cómo mejorando esto”. Pero siempre es importante tener a alguien de afuera que te diga fíjate. 

 

No es malo. La competencia es sana, te ayuda a crecer. Tanto en danza, tanto como en lo que estás haciendo, en la gestión de proyectos… es re necesaria. En Costa Rica al no haberla, a veces, te genera que te estancás o no hacés lo mejor que podrías hacer, porque así es. 

 

 

Resumidamente, contanos sobre tu experiencia cuando te fuiste para Argentina.

 

M/Bueno, como te dije, fue durante esa competencia en Nueva York en el 2007 en que decidí que quería dedicarme a bailar profesionalmente, fue lo que me hizo decirme, “esto es lo que quiero, necesito prepararme”. Recuerdo que hablé con el ruso sobre mi interés en irme a otro país, no me dieron mucha bola, pero dije “bueno listo me voy a los cubanos” jaja. Claro, cuando llego a los cubanos que dan todos los días clase diferente y tenía mis temores, quería tener una mezcla entre lo que me daba Pedro y lo que me daba Félix. 

 

Bailé un montón, fuimos a Panamá, fuimos a un festival en Nicaragua y ahí como que me moldeó cosas que me hacían falta que el ruso no me dio. Justo ahí se dio la oportunidad de irme y dije “bueno me voy. Me quiero ir.”

 

Me dijeron, “fijate en Chile, Ecuador, México, Panamá” -de hecho, audicioné en Panamá y no me tomaron-, de repente iba para Salta en Argentina en febrero del 2010 y Julio me dijo, “Marga, va a haber una audición en el Teatro Colón en Buenos Aires para 30 bailarines, probablemente 15 hombres y 15 mujeres.” Le dije, “Julio, no voy  entrar, es EL Teatro Colón. Voy para Salta ya” y me dijo “esa es una compañía provincia, si la vas a tirar, tirala alto y vemos”

 

Compré pasaje, me fui y no llegó mi valija con las zapatillas. Expliqué mi situación, me dijeron que igual fuera. Fui, hice la clase y estirando me dicen “me dijo Julio que no trajiste tus puntas, siempre tenés que viajar con tus puntas en la valija de mano” y yo, “sí señora”. Me dejaron hacer la clase y me dijeron “seguramente te llegan las valijas estos días, porque no vas a hacer solamente esta clase. Voy a hacer una selección y quiero que vayan a hacer clase con la Compañía”. La cosa es que veo su cara de aprobación durante la clase y al final dan la lista de quienes iban a la clase con la Compañía y quedo seleccionada.  

 

Me llegó la valija. Después de 3 días de clase, nos cita a cada una para darnos retroalimentación. Todas sudábamos de los nervios y yo no conocía a nadie. Entro a la oficina, me siento y pienso “esto va a definir mi vida” y me dice “Margarita, me gusta mucho tu escuela, tenés una muy buena escuela, me gustó técnica, sin embargo, hay que nivelarte un poco con el grupo pero, yo confío que en tres meses que te pongás las pilas y tomés clases particulares, aparte del entrenamiento con la Compañía, sé que vas a estar. Entonces, yo te voy a ofrecer un contrato anual y te quiero trabajando. ¿Cuándo podés estar?”.

 

Yo salí de ahí -¡mirá como se me eriza la piel!- es que eso ¡me cambió la vida! Eso fue lo más importante que me pudo haber pasado y hasta me dan ganas de llorar, me cambió totalmente la vida. Recuerdo que salí de ahí y flotaba. Iba caminando por las calles de Buenos Aires y flotaba. “No puede ser, ¡me pasó! ¡Soy bailarina de ballet del Teatro Colón!”  

 

 

A veces, sobre estimamos el irnos a bailar en el extranjero pero se nos olvidan las cosas no tan agradables que vienen con eso. ¿Qué fue lo más difícil de irse a vivir al extranjero?

M/El primer momento en que puse los pies sobre la tierra, fue la primera navidad. No la pasé con mi familia. Te das cuenta que la Navidad y las fiestas acá son familiares. En el Colón comenzamos a trabajar los primeros días de febrero y la última función es el 29 o 30 de diciembre, lo que significa que Navidad la pasás ahí, sí o sí, breteando. Tenés la tarde del 24 libre y el 25, pero no estás en tu casa, ni con tu familia. Algunas, tenían la posibilidad de irse con su familia, pero yo quedé como “y ¿ahora? ¿Con quién la paso?”. Ese fue el primer momento en que dije “wow elegí esto y ¡qué difícil estar sola!”.

 

También, la alimentación es muy diferente. Ellos tienen una alimentación muy española, mediterránea: pizza, pasta, empanadas, carne y papas. Papas fritas, papas a la española, papas al horno… ¡estaba harta! ¡Necesitaba mis frutas! No soy de andar comiendo gallo pinto, pero extrañaba el arroz y los frijoles. 

 

Pero los dos primeros años vivía en una burbuja, yo flotaba, era feliz. Recién al tercero empecé a preguntarme, ¿qué quería hacer con mi vida?

 

 

Ahora que mencionás la alimentación, aspecto importantísimo en la profesión de una bailarina, especialmente, una clásica, ¿cómo fue esa transición alimenticia? 

M/¡Me costó muchísmo! Trataba de buscar lo más similar a Costa Rica, pero me costó porque no tienen todas las cosas que se consumen acá. Te soy honesta, siempre en Argentina engordaba un poco más. Regresaba a Costa Rica por mes y medio y adelgazaba, volví a Argentina y engordaba. Creo que también te da una ansiedad de soledad porque no es lo mismo irse a vivir solo en tu casa teniendo a tu familia ahí, a hacerlo en otro país. Por eso digo, que la única persona que siempre estuvo ahí, y que para mí es mi todo en un punto, que me abría las puertas en la situación en la que yo estuviera: Julio López. 

 

 

Contanos sobre tus años en Argentina, porque sé que has andado por varios lugares. 

M/ Bailé con el Teatro Colón del 2010 al 2014. Luego volví a Costa Rica por 8 meses y estuve trabajando un periodo cortito con el Ministerio de Cultura en el FIA “fallido” jaja. No fue mal, viste, que todo es por algo; trabajé bien y aprendí mucho sobre lo que no hay que hacer. Ahí decidí volver a estudiar. 

 

Empecé a buscar carreras en Buenos Aires y maestrías en Costa Rica. En ese momento, recuerdo, que escribí a México porque Monterrey tenía un director que era Argentino que yo conocía y también escribí a la Compañía Nacional de Danza del DF.  Volví a Buenos Aires a solucionar unas cosas y el plan era irme para México después. Ahí justo, conocí a quien es mi esposo. Fue muy vacilón porque yo iba con la idea de cerrar las puertas en Buenos Aires y como que él hizo que me quedara. Aunque bueno, Buenos Aires me atrapó desde el primer día en que lo pisé. 

 

Decidí quedarme en Buenos Aires. Audicioné para una compañía chiquita que hacía infantiles llamada Ballet Metropolitano y quedé. Estuve trabajando 6 meses y bailé un montón. Todas las variaciones de El Cascanueces, El Lago de los Cisnes y los clásicos, en versión para niños. ¡Fue hermoso!.

 

A final del año, se dio la posibilidad de audicionar para la compañía de Iñaki Urlezaga, me presenté y quedé. Ahí estuve trabajando por dos años hasta que lo desfinanciaron. 

 

Era un proyecto que primero fue del Ministerio de Desarrollo. La idea era hacer un Ballet Nacional con presupuesto del Estado que buscara la inclusión, por eso se llamaba Ballet Danza por la Inclusión, con la dirección de Iñaki Urlezaga. 

 

El hizo audición en todas las provincias para seleccionar a los 60 bailarines que tenía. Estuvo 4 años en el Ministerio de Desarrollo hasta que lo trasladaron al Ministerio de Cultura y ahí estuvo 2 años hasta que el Ministerio no se pudo hacer más cargo. 

 

 

Hablemos sobre la situación en la que se ha visto envuelta esta Compa en los últimos años, desde su cierre hasta la fecha

M/Fue un año sumamente difícil. Nos des financiaron a principios del 2018. No se ha reabierto ni pareciera que fuera a hacerlo. 

 

La controversia era si esta compañía era el Ballet Nacional o no, pero hay un Ballet Nacional Folklórico y está el Ballet Contemporáneo Nación. No querían que el ballet fuera acogido por el Ministerio de Cultura porque requería mucho más presupuesto que otra compañía más chiquita. 

 

Para mí, uno de los errores de Iñaki fue no haber bajado las expectativas con el cambio de Gobierno y de Ministerio, porque en cambio de haber cerrado por completo, se pudo haber achicado la planta pero siguiendo con el proyecto. También, el error fue no institucionalizarlo. Pudieron haber mantenido una plata de 40 bailarines. Es más difícil hacer clásicos, claro, pero se mantiene el trabajo de mucha gente y eso fue lo terrible. Te puedo decir que hoy en día, de esos, 10 que trabajen profesionalmente, es mucho. Todos tuvieron que volver a sus provincias, dando clases, Pilates o en miles de proyectos independientes. Fue muy doloroso, un golpe fuertísimo para todos. 

 

 

Contame sobre tu nuevo proyecto Noches Clásicas.

M/El año pasado encontré una veta que no se está explotando en Buenos Aires y por eso estoy teniendo el éxito que he estado teniendo con los mini proyectos. Cuando pasó todo lo que pasó dije, “listo. Me dedico a trabajar los últimos trabajos de la maestría, me dedico a terminar la pasantía, a empezar la tesis y por algo pasan las cosas”. Seguí entrenando, incluso, bailé con una maestra venezolana que tiene los derechos de las coreografías de Nebrada que es neoclásico, de hecho, lo comparan como el Balanchine venezolano. 

 

Entonces, fui al Centro Cultural de la Facultad del UV para poder realizar mi pasantía ahí. El subdirector, Nicolás Lisoni sabía que yo era del Ballet Nacional y me dijo que podía hacer la pasantía pero también, que tenía las puertas abiertas para plantear lo que quisiera hacer. 

 

Lo bueno es que la UVA, que es decir como la UCR, te está abrazando y además tengo el aval de un docente; es una institución pública y gratuita. Yo no pago por estar ahí, no pago por horas de ensayo ni por cada función, pero también tiene sus contras como tener que adaptarme a los horarios, pero no pasa nada. Como yo no pago, no puedo cobrar entonces es un proyecto a la gorra, es decir, a lo que me quieran dar, pero tenés público variado.

 

Recapitulo. Presenté este mini proyecto que era de neoclásico contemporáneo, hice mi pasantía y ahí me Nicolás me dijo que el director quedó encantado con mi proyecto. Claro, estoy hablando de bailarines profesionales con una cercanía al público en un espacio político, que ve a los artistas como un ser político. Es ver ballet desde abajo, como si siempre estuvieras en luneta. Tenés una visión del ballet más humano, más inclusivo porque ves al bailarín en toda su expresión; como suda, como se expresa, como sufre. 

 

Queríamos algo que tuviera el formato de una noche de gala pero que fuese inclusivo y así nació Noches Clásicas. Estudié de todo lo que pude, desde cómo tomar fotos, hasta community manager porque como directora tenía que saber de todo, aunque comencé con super poco. Lo que queríamos era buscar buenos bailarines que estuvieran necesitando bailar, porque lo que está pasando es que salen del Instituto, no entran al Colón y queda un bache; sin trabajo y sin poder bailar. 

 

 

Estoy segura que en tus 10 años en Argentina, has tenido montones de experiencias sumamente enriquecedoras. ¿Podrías contarnos de alguna, que particularmente haya quedado en tu corazón? Ya sea por lo que significó, por lo que te hizo sentir o por lo que te enseñó.

 

M/El trabajo con Marianela Núñez y Julio López, eso fue lo mejor. Capaz que después viene algo mejor, no lo sé, pero eso marcó un antes y un después. Así como se me puso la piel de gallina cuando me aceptaron en el Colón, trabajar con Marianela fue wow.

 

Julio tenía que montarle una pieza a Marianela de danza teatro, que es su especialidad, el expresionismo alemán, además a él le gusta tomar libros y hacerlas danza y en este caso fue La Casa de Muñecas de Ibsen. Me dijo “mirá, necesito a alguien que me ayude a montar porque yo solo no lo puedo hacer” entonces me acuerdo que un año antes ya me estaba mandando músicas para ver qué me parecían. El es una persona super prolija y ordenada, hace un trabajo muy minucioso.

 

Al comienzo, era ayudarle a montar el movimiento para que él lo montara con Marianela. Pero luego Julio dijo que yo iba a estar en los ensayos montándole a Marianela y yo “¿cómo?”, ahí me di cuenta de la magnitud en lo que estaba metida. 

 

Fue muy importante porque Julio no trabaja con cualquiera y es muy exigente con su trabajo; Marianela lo sabía. Cuando me vio trabajando con él, me dijo que yo trabajaba muy bien con Julio y que lo considerara para continuar en un futuro. 

 

Recuerdo estar en un ensayo, enseñándole los pasos a Marianela y me dice “ponete adelante y yo te copio” y yo “¡aagghh!

 

De ahí, pasé luego a ser la Stage Manager de esa obra y después la bailé. Fue impresionante porque pasé por todos los lugares de la obra.  

 

Todo esto pasó en agosto del año pasado.

 

 

Retomando un poco tu experiencia escénica, ¿cuál es tu top 3 de piezas coreográficas que más te ha gustado bailar?

M/Ok. Top 3 de lo que he bailado. Bueno, algo que me marcó, porque fue el primer ballet que hice profesionalmente en el Teatro Colón- no sabés lo que es, que se abra el telón y ver esa cantidad de gente, en ese lugar- fue Manon; es neoclásico. Me marcó porque era la primera vez que bailaba profesionalmente, la primera vez que me pagaban por hacerlo, la primera vez que estoy con gente de este nivel… eso me marcó. Fue crucial

 

El otro fue un mini rol solista La Sylphide de Pierre Lacotte, es un francés que hizo su versión de La Sylphide, es de las más conocidas y la más difícil, de hecho. En el primer acto hay 4 escocecitas, que son como solistas y recuerdo que en la clase había llegado el repositor, había elegido unas bailarinas para audicionar para los roles de las 4 escocesas y yo fui una de esas. Nos puso a hacer unos ejercicios rapidísimos, pero bueno, el francés busca mucho pie y es lo que Dios me dio. Estuve entre las seleccionadas. Fue un reto porque era muy exigente, muy musical, los pies, el en dehors. Fue un ballet que lo padecí pero el crecimiento fue grande.

 

Y después, puede ser Nora (La Casa de Muñecas), por todo lo que involucró y el Lago de los Cisnes de Iñaki. Porque fue un ballet que nunca logré hacer en el Colón, porque no se dio nunca en temporada y siempre lo quise hacer. Es mi ballet favorito. Cuando entré a la Compañía y dijeron que lo íbamos a bailar, ¡fue lo mejor!. El primer año no lo pude bailar, porque tenía que pagar derecho de piso. Aprendí mucho y el segundo año sí lo pude bailar; hice de cisne grande. Fue wow, me encanta aletear y me encanta el sufrimiento del cisne. 

 

 

Entrevistar a Margarita fue fascinante. Me impresionó su manera de percibir la danza, su profesión y su impacto en el mundo. Pero, en especial, me cautivó que en varias ocasiones repitió la frase: “por algo pasan las cosas”. ¡Ja!, Margarita me hizo recordar uno de los tatuajes que llevo en mi brazo que habla precisamente de eso: encontrar paz en los sucesos porque todo nos ayuda para bien, si así decidimos tomarlo y aunque, a veces, no las entendamos. 

 

Su positivismo y esfuerzo fue palpable. Esas 4 horas de entrevista (no, no estoy exagerando) fueron terapéuticas. Acabó dándome consejos profesionales y palabras de aliento para embarcar este 2020. Gracias Marga, no sabés lo que esta taza de café significó. 

 

Espero que sus mentes hayan volado tanto como la mía después de leer esta entrevista. Margarita Peralta es una artista costarricense con calidad de exportación mundial. Gracias por dejar a Costa Rica en alto.