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Un café con Jimmy Ortiz por Carolina

"Hay que entender que la enseñanza es un proceso de vida y un proceso de acompañamiento. No se va dirigiendo, diciéndole lo que tiene que hacer, se va acompañando." - Jimmy Ortiz

Carolina Burgos

En varias ocasiones le he preguntado a los seguidores de la revista ¿a quién les gustaría que entrevistáramos? El nombre de Jimmy Ortiz apareció en más de una ocasión. Al contener abril el día internacional de la danza, me pareció apropiado tomarme una taza de café con una personalidad internacional de nuestro ámbito.

 

En mi trabajo como directora de la revista, he podido conocer y establecer relaciones con personas egresados del Conservatorio El Barco. Cada una de ellas ha demostrado un grandísimo afecto por Jimmy. Esto me llamó la atención; hoy en día, es inusual encontrar tanta veneración por un maestro (tema desarrollar en otra ocasión). 

Después de esta entrevista, entendí por qué. 

 

Es un poco difícil que alguien no sepa quién es Jimmy Ortiz, pero, en caso de que algún lector o alguna lectora no le conozca, háblenos un poquito de usted. 

J/ Soy josefino. Nací en San José Costa Rica y soy un artista escénico. Tengo mucho énfasis en la danza, pero, también soy actor, bailarín, coreógrafo y cantante. He desarrollado una carrera como maestro en la enseñanza de la danza y teatro, muy intensa, en los últimos 35 años de mi trayectoria. 

 

He formado varios grupos en el país, Losdenmedium, 4 Pelos/Losdenmedium y Jimmy Ortiz y Amigos, que han sido, de alguna manera, importantes. Sigo activo en la escena nacional e internacional y soy director junto a Grei Quezac de la Plataforma Internacional de danza Ensimismados. Soy psicólogo y, por ahí, sigo en mi carrera académica, soy Máster en Artes y ahorita estoy sacando un Doctorado en Sociedad y Cultura. Básicamente ese soy yo. 

 

¿Cómo comenzó en la danza?

J/ Mis inicios en la danza fueron muy bonitos. Muy jovencito, a los 15 años, vi un anuncio de un taller de danza que, la maestra Patricia Carreras iba a dar, en una escuela en Desamparados. Me interesó muchísimo, fui y, extrañamente, me pareció una cosa facilísima y muy divertido. Recuerdo que regresé a mi casa y le dije a mi mamá que el taller de danza estuvo muy bonito y muy fácil y que quería hacer eso, danza.  

 

¿Usted no es del Conservatorio Castella?

J/ No, no soy Castella.

 

No sé por qué tengo la idea de que usted es egresado del Castella.

J/ Ese es un estigma que tengo, pero, ¡encantadísimo! ¡un honor para mí ser Castella! Hasta don Arnoldo decía “¡este muchacho es Castella!” y yo: “No, don Arnoldo, yo no soy Castella” jaja. He trabajado con mucha gente del Castella y conozco muchas personas de ahí, pero no, no soy de ahí. 

 

Bueno, después de ese taller, comencé a tomar clasecitas y a estudiar teatro, siempre dentro del colegio. Hice la audición del Taller Nacional de Teatro, evidentemente, no me aceptaron, porque tenía 16 años, era un güila. Me dijeron que volviera cuando tuviera 18 años. Volví a los 17, les prometí que pronto iba a cumplir 18 y comencé a estudiar teatro, a mis 17 años. 

 

En el colegio, era el típico estudiante, buenas notas, sobresaliente, pero, aburridísimo con la existencia. El teatro y la danza se abrieron para mí, como un horizonte de felicidad, imaginación y posibilidades infinitas, ahí me he quedado hasta la fecha. Sigo haciendo muchas actividades, pero para mí, yo soy un artista escénico y esa es mi principal actividad. 

 

Actualmente, ¿a qué se dedica?

J/ Actualmente soy profesor en la UCR y en la UNA. Tengo un programa que se llama Etapa Básica de Artes Integradas en la sede de Puntarenas dela UCR, en donde formamos bailarines y músicos. Trabajo en la carrera de Gestión Cultural, primera carrera en el país, también en Puntarenas. Además, soy el típico profesor loco de Comunicación, Lenguaje y Humanidades, es una materia que me fascina, porque me permite recibir los estudiantes de primer ingreso, abrirles la mente y volverlos críticos. También, soy director de la plataforma internacional de danza Ensimismados.

 

En la UNA, trabajo en los segundos y terceros trimestres de la Maestría de Danza. Doy clases de técnica, aunque este año están pidiendo que de clases de psicología también.

¡Me encanta dar clases!

 

¿Cómo describiría su carrera profesional en la danza?

J/ Siempre ha sido una gran búsqueda. Como bailarín muy inquieto y desobediente. Como era tan jovencito, cuando entré a la universidad (con 18 años) hice la audición para Danza Universitaria y quedé como bailarín de planta. Eso me facilitó muchísimo la universidad porque me becaron, mi familia no es de mucho dinero así que con esto pude pagar mis estudios de psicología. Además, desarrollé una carrera como bailarín. Bailé durante 8 años con Danza Universitaria, durante ese periodo, en el que la danza estaba empezando en el país como un movimiento fuerte, en los años ochenta. En mí había una inquietud, una cosa de lenguajes, que ni yo sabía lo quería. Pero sí sabía que, lo estaba pasando, aunque yo no estuviera claro, no era lo  que quería. 

 

Cualquiera podría decir ¡qué arrogancia! ¡qué pedantería!, pero, no fue así. Yo siempre he seguido la intuición de lo que me divierte, lo que me hace sentir más contento. 

 

Con el respeto  y admiración que los maestros de esa época merecen de mi parte, quienes hicieron un histórico y maravilloso trabajo, mi búsqueda personal iba en otro sentido, en otra línea. Para 1988 dejé Danza Universitaria, me despegué en buenos términos e hice el grupo Losdenmedium que, justamente, estrenamos ese diciembre.

 

Con esta agrupación trabajé desde 1987 hasta el 2001. Hicimos muchas obras, trabajamos en muchos eventos, viajamos por muchos países. Paralelo a esto seguí haciendo teatro. Actué en varios montajes de la CNT, por ahí, me gané el premio a Mejor Actor, jovencillo. También he hecho radio y títeres, se ha ido mezclando la cosa.  

 

¿En qué momento decide empezar en la enseñanza y el montaje?

J/ Todo se da por la práctica y lo empírico. Empiezo a enseñar cuando hago el grupo Losdenmedium, al principio les daba clases de ballet y contemporáneo. Quería alcanzar otras cosas y me fui apartando de los métodos que había aprendido; desaprendí. Empecé a investigar y a dar clases, eso fue algo que nunca se me quitó. Estamos hablando del año 1987, por ahí. Poco a poco fui adquiriendo más el peso pedagógico. Formalmente, con El Barco, formé gente. 

 

¿Qué es algo que busca en su elenco a la hora de montar?

J/ Primero comunicación. Tiene que haber una enorme capacidad de juego y flexibilidad. Sobre todo, no enamorarse desde el principio de las cosas, hay que estar desenamorado, para poder enamorarse, tremendamente, al final. Porque sino, la gente se vuelve muy sensible y en el proceso, a veces, uno ocupa desechar aquello que tanto te encantaba. Todo hecho con amor, pero desenamorado. 

 

Siempre, permitirnos sorprendernos. Estar en juego, estar en ficción, para mí, son elementos claros que, constantemente, los estoy corroborando. Esto y ¡nada más! Considero que todos bailan maravilloso.

 

¿Cuál es su secreto para no hacer de sus obras un contenido repetitivo?

J/ Los artistas me dan demasiado y, constantemente, estoy absorbiendo de ellos. Creo que eso me permite encontrar nuevos caminos. Ahora, te digo una cosa, pueden haber artistas temáticos y los temas pueden durar 10-15 años. Durante esa época, si se ven sus piezas, se ve un tema. El asunto de variar no es un asunto de moda, ni de estar al día, es una cuestión, también, de un mismo artista escribiendo de maneras diferentes. 

 

Pero, respondiendo tu pregunta, que va, precisamente, a esto último, es justamente por estos seres humanos que están de intérpretes, quienes me llevan por otros lugares. No hay nada más maravilloso que esas sorpresas que te llevas. Me dejo llevar por los artistas.  

 

Cuéntenos sobre la iniciativa que dio paso al conservatorio El Barco.

J/ Con El Barco era una necesidad mía de formación, vi que el asunto no era solamente escénico, sino, lo que me planteaba siempre era ¿cómo se estaba formando la gente?, ¿con qué material?, ¿cuáles eran los contenidos epistemológicos? Empecé a crear un proyecto personal que se llamaba Centro Coreográfico Centroamericano. Yo siempre he sido así, muy mandado, nadie me pedía nada pero yo lo hacía. Recorrí Europa con ese proyecto, al conseguir patrocinios logré muchos apoyos, pero no conseguí desarrollar el proyecto. Lo interesante fue que comencé a ver muchas maneras de articular conservatorios y plantear la pedagogía y métodos de enseñanza. Cuando regresé a Costa Rica le enseñé el proyecto a Carlos Alberto Ovares, quien estaba de director en el Taller Nacional de Danza, y me dijo que lo desarrolláramos ahí. Cuando Carlos Ovares se va para la CND, yo me quedo como director del Taller Nacional de Danza y planteo mi proyecto de hacer el Conservatorio El Barco. Y así fue como inició. 

 

El Barco es una metáfora, a partir de las metáforas creamos ilusiones. Tengo 3 conceptos básicos, que son muy importantes en la enseñanza, que son: el juego, la ficción y la sorpresa. Con estos 3 conceptos abrimos un programa de estudio abierto y móvil... Y se vino toda la historia del conservatorio.

 

 

¿Por qué cerró el conservatorio?

J/ El Barco cerró por muchas razones. Las cosas tienen un ciclo, un periodo. Desde el punto de vista formal, administrativamente, no se podía mantener. Pero, el gran problema fue que al tener ya 3 generaciones y no contar con un verdadero apoyo, para que el conservatorio creciera y se estableciera, era demasiado cansado. Yo entré a El Barco con el pelo negro ¡y salí con el pelo blanco! Eso es muy significativo. Con todo el placer y toda la alegría, pero, me llevó mucho trabajo. Parecía un loquito, iba de lugar en lugar, buscando cómo traer a los profesores internacionales y nacionales.  

 

fue inspirada en su experiencia, cuando estuvo delicado de salud. Cuéntenos sobre esa experiencia y lo que lo inspiró a crear esta obra. 

J/ Esa experiencia... todavía estoy saliendo de ella. Fueron 2 años muy fuertes de enfermedad. Empecé a ponerme muy mal y no sabían qué era. Al principio lo negué, porque seguí trabajando y haciendo de todo, hasta que un día no pude caminar, entonces, ahí fue cuando me interné, jajaja. Pero, yo no aceptaba que eso me estuviera pasando.

 

Resulta que lo que tenía era algo super simple, un cuadro de crisis hipertiroidea y eso produce locura. Había un desequilibrio en mis hormonas y el sistema límbico, pero como yo siempre he sido medio loco, nunca se sabía cuándo estaba bien y cuándo estaba mal. Ahora me pongo a pensar en ese periodo, ¡yo hice cada cosa durante esos dos años!, ¡y yo nunca supe! Grei Quezac y Adriana Cuéllar me llevan al hospital, me llevan “preso” porque yo estaba diciendo que no quería, que quería devolverme a mi casa. Fue una experiencia muy difícil y sufrí mucho. Pero, como yo siempre he sido un niño juguetón estar en el hospital, para mí, fue comenzar otra aventura. Metía comida al hospital, ¡hice un montón de cosas! También comencé a ver la dinámica de un hospital y la locura en eso, de todo ese mundo nació H.

 

Y, ¿ya se encuentra mejor?

J/¡Ya eso está bien! En el proceso de encontrar qué era lo que tenía duraron mucho, porque iban descartando las enfermedades más graves primero. Pero, lograron dar con lo que tenía, que tiene un nombre técnico que ahorita no me acuerdo, como que mi cerebro estaba a mil. Entonces, consumía una cucharadita de algo y lo absorbía todo, no adquiría nada. Llegué a pesar 46 kilos, mis articulaciones no me sostenían. Me dieron una pastillita y ya, al tercer día ya estaba en la última función de Gatabrabba. Nunca pensé en la muerte, pero estuve cerca de ella.          

 

¿Cuáles podría decir que son algunos aspectos importantísimos (o pilares) a la hora de enseñar?

J/ Creo que es parte de los principios pedagógicos y de la metodología que he implementado. He partido de un horizonte epistemológico en donde no hay un saber único, el saber es una construcción, a partir de los dos sujetos del aprendizaje; eso es fundamental. 

 

Otra parte, es que no son solo estos dos sujetos, el aprendizaje es horizontal y comunitario, no vertical jerarquizado. Me encanta entrar a la clase y decirle a mis estudiantes: “para mí, aquí todos son excelentes”. No soy de esos profesores que me tienen que demostrar que son buenos, para mí todos lo son. Esto da un ambiente de gran confianza. No le enseño a nadie a ser artista, lo seduzco, lo conduzco, lo motivo a que es diamante en bruto, que debe saberse solo, salir. 

 

Hay que entender que la enseñanza es un proceso de vida y un proceso de acompañamiento. No se va dirigiendo, diciéndole lo que tiene que hacer, se va acompañando. A veces, esa persona lo lleva a uno por lugares que no me imaginé.

 

Pero, también porque usted, como profesor, permite eso. Se permite ser llevado también. 

J/ Claro, ahí depende del punto de partida de uno como facilitador. Meter otros elementos en juego, dentro de la enseñanza, lo intercultural, transcultural, entender los contextos de las personas, lo que cree la persona, las intuiciones, los pensamientos, si es sensible, romántico… todo eso lo va a hacer artista. Al contrario del método científico, en el cual se eliminan elementos, sentimientos y emociones. No, no, no, más bien, ensuciar y enredarse es lo que te hace artista. 

 

¿Tiene algún proyecto en este momento? 

J/ Hago producciones. Ahorita estoy en el montaje de Única mirando al mar. Actualmente, bailo una pieza, llamada Holes y la bailo con David Zambrano. La hemos bailado en varios países del mundo y la vamos a bailar en el marco de la próxima edición de Ensimismados

 

Ensimismados es otra cosa que se va tejiendo ahí. Parte de toda esta necesidad que tengo yo, como lo haces vos también, de buscar lo transdisciplinario y mezclar las cosas. Ensimismados es parte de eso. 

 

En julio estreno Ningún Humano Involucrado (NHI), la temática es sobre los seres humanos de segunda clase y la invisibilización del humano. Se va a presentar en el Teatro de la Danza, el primer fin de semana de julio. Estoy aplicando nueva metodología, estoy trabajando individualmente con los intérpretes. 

 

Desde su sabiduría y experiencia, ¿cuál consejo podría compartirle a los jóvenes creadores?

J/ Primero que nada, lo más importante es estar enamorado de la disciplina.

Lo segundo, más importante, es desobedecer todo lo que hemos aprendido. Desaprender, pero en el buen sentido. Desaprender significa: haber aprendido cosas, valorarlas desde el lugar en el  que se dieron y desaprenderlas, porque después de eso surge uno, sino, no hay materia viva, magma volcánico para crear. A veces, se está anclado a reglas, formas, estilos, lenguajes, uno se casa con estas cosas y no hay que hacerlo. Hay que ser un niño, un niño que juega a todo. Además, pensar que lo nuestro siempre es dramaturgia poética, que no siempre tiene que ser un discurso lineal. 

 

Para usted, ¿cuál es la gran fortaleza en la danza costarricense actual?

J/ La gran fortaleza que tiene la danza costarricense, en este momento, es la maravillosa excepcionalidad, del increíble, equipo humano. La gente, los intérpretes, los bailarines son impresionantes, este país cuenta con bailarines impresionantes con capacidades grandísimas para desarrollar nuevos mundos en escena. 

  

¿Cuáles cambios le gustaría ver en la danza en la próxima década?

J/ Me encantaría ver la danza metida en las escuelas y en los colegios, como debe ser. La danza, como parte primordial del desarrollo de una corporeidad, de un cuerpo que está habitado, que vive en sociedad y que transforma la sociedad, para que, después, eso se quede en los puntos escénicos. 

 

¿Cuáles son sus pasatiempos?

J/ Cantar, leer mucho, soy un loquillo de la lectura. También soy de los tipos que salen a pasear, que inventan un plan y echan 4 chunches en la maleta y se van. Ni sé cómo me voy a devolver, pero, no importa.  Me gusta sentirme siempre en riesgo. 

 

¿Qué diría que es algo que se debe de hacer, al menos, una vez en la vida?

J/ ¡Uy! Tantas cosas. Entrar en una familia desconocida y compartir una comida. No hay nada tan incómodo y tan maravilloso. Cuando he tenido la oportunidad de hacerlo, en algún lugar remoto, es una experiencia exquisita. 

 

Una cuestión que es parte de vivir,  pensamos que estamos conscientes de la vida, ahí está. Pero, no lo estamos verdaderamente. Pegarse un pellizcón y observar lo que está sucediendo, ahora. 

 

En 3 palabras, ¿cómo se describiría?

J/ Soy obsesivo, soy muy sentimental y soy muy enamorado. 

 

¿Tiene alguna debilidad por algo? (alimento, cosa, acción..)

J/ Tengo muchas, no crea que no tengo, hay de donde escoger. ¡Estoy lleno de complicaciones, jaja! Pero, me gusta mucho comer bien. Un lugar bonito, ojalá leer un libro, me puedo tomar muchas botellas de vino o cerveza, aunque no tenga plata al día siguiente. Otra debilidad es navegar, montarse en un barco e irse al mar. Es impresionante. He tenido la suerte de hacerlo y andar en un barco es una cosa maravillosa.

 

 

 

Escuchar a Jimmy hablar de su pensamiento acerca de la enseñanza en la danza fue sumamente refrescante. Él es un maestro que abre espacio para posibilidades y perspectivas, para juegos y equivocaciones. Entiendo por qué sus aprendices son, en manera, sus discípulos y embajadores de su filosofía. Jimmy, también, es un maestro de la vida.

 

Jimmy Ortiz ha dejado un grandísimo legado en la historia de la danza y el arte en Costa Rica. Aprendí mucho en este rato compartido con él; me cuestioné muchas cosas y entré en consciencia de otras. Creo que eso es lo que sucede cuando se comparte con Jimmy, la mente se abre a las posibilidades del juego, la ficción y la sorpresa.