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Pérdidas Tangibles por Javier

Es muy importante cada cierto tiempo reflexionar sobre nuestros caminos y buscar en ellos elementos que nos ayuden a replantearnos y adaptarnos a nuevos tiempos.

Javier Jiménez

Es muy importante cada cierto tiempo reflexionar sobre nuestros caminos y buscar en ellos elementos que nos ayuden a replantearnos y adaptarnos a nuevos tiempos. Es por esto que considero necesario revisar y que nos pongamos a pensar y valorar lo que tenemos, por qué lo tenemos, lo que hemos perdido y cómo recuperarlo si es que consideramos que vale la pena esforzarse por hacerlo. 

 Cuando estudiaba danza en la Universidad Nacional, me encontré rodeado de opciones y en constante revisión de las decisiones que tomaba alrededor de mi formación. Entregarle toda la responsabilidad a la academia es peligroso y hasta irresponsable, no solo porque ningún lugar lo tiene todo, sino también porque se reduce el conocimiento a una sola visión, por más que se intente que esta sea muy amplia.

A lo largo de 4 años, siempre tuve la dicha de poder ver espectáculos de otros programas formativos como Danza Abierta, en ese momento dirigido por Rogelio López y el conservatorio El Barco que, me hacían replantearme donde quería yo continuar con mi formación dancística, ya que cuando entré a la UNA me di cuenta de que la danza era mucho más amplia de lo que me habían explicado en el Don Bosco. Era el año 2006 y el acceso a la información y las herramientas tecnológicas no eran como ahora.

 

Mirada actual

Desde hace dos años he percibido un vacío muy grande del que he insistido comentar, hablar y escribir, quizá por lo que significó para mí como estudiante en ese momento el tener opciones, y ahora que me desarrollo más en la parte docente y creadora, me doy cuenta como otros estudiantes están en constante búsqueda de donde les conviene más estudiar. 

El resultado de esta falta de variedad pedagógica formal y no formal es bastante alarmante: no hay muchas opciones. Y aclaro, es alarmante no porque la situación sea crítica, sino porque es un aviso de que algo está sucediendo en la formación dancística. Es una alerta porque nuevamente la formación profesional se centra en una sola institución. Tampoco planteo que la formación independiente en academias no sea valiosa, sino que en su mayoría no se enfoca en un desarrollo integral de la danza contemporánea, ya sea porque no la ven importante o porque no “vende tanto”, aunque existen algunas excepciones. 

Hay un vacío muy importante—y preocupante a la vez—relacionado con la danza de nuestro país. Este vacío se ha generado en gran parte por la falta de apoyo institucional a nuevos programas con un enfoque formal del aprendizaje de la danza, es decir, una realidad país influida grandemente por la política económica en la que vivimos. Como es lógico una vez que tenemos de donde comparar, lo hacemos y concuerdo con quienes piensan que no debemos de anclarnos al pasado si queremos progresar. Pero este progreso no puede estar determinado por el olvido del pasado, más cuando este nos heredó la calidad y cantidad de danza que tenemos hoy.

Actualmente, cuando vamos a ver danza, algunos preguntan: “¿De dónde salió ella? ¿Hace cuánto se graduó? ¿De qué generación era él?” Y responder a estas preguntas siempre llevan a más preguntas. “¿Qué pasó con el Barco? ¿Por qué se cerró Danza Abierta? ¿Por qué ahora solo está la UNA? ¿Cómo hacían para sostener 3 lugares con tanta gente?”

Todas estas preguntas solo me generan más dudas, en especial sobre hacia dónde vamos y cómo vamos hacia ese futuro –que creo que todos queremos y necesitamos-, no porque sienta que no tenemos un rumbo, sino porque tener opciones siempre enriquece lo que sea que se haga. 

La Escuela de danza de la UNA ha evolucionado en muchos sentidos, no solo en su formación académica sino en su visión de la danza, además que la revisión de los planes de estudio y la acreditación le permitió generar una revisión exhaustiva de lo que se enseñaba y cómo se enseñaba y, un criterio sumamente personal, la cabeza de la Escuela que con su visión ha generado más opciones a quienes llevan la carrera, pues no se reduce al estudiante a la  vida académica sino que se estimula el trabajo independiente y exploratorio. 

La Escuela se ha renovado e, incluso, el cuerpo docente ha cambiado, sin embargo, y pese a las sustanciales mejorías, tener una sola opción profesional limita la misma profesión y entorpece el crecimiento de nuestro arte. Aún cuando existan ideas, preferencias, gustos y posturas alrededor de la formación y lo que se debe enseñar, considero que la variedad de estudiantes en sus enfoques dancísticos es lo que genera focos de atención y atracción a unos lugares y otros.

 

Procesos y cierres

Antes, ir al teatro y mirar el resultado de un nuevo proceso ya fuera con un maestro nacional o uno internacional, nos brindaba frescura y, por supuesto, nuevas personas para trabajar. Surgían nuevos bailarines con inquietudes y cualidades distintas y el devenir de otras maneras de plantear la escena. Recuerdo las graduaciones del Barco y de Danza Abierta porque además de la sensibilidad implícita en el cierre de un proceso también mostraba algo que la Escuela de Danza no y era la totalidad de sus estudiantes juntos en una misma obra. UNA Danza Joven era una vitrina; sin embargo, su formato cambió en los últimos años y ya no acoge a todos los estudiantes de la carrera. Como mencioné anteriormente más allá de los gustos, había un abanico de opciones que generaba pluralidad en festivales, encuentros o nuevas temporadas de danza.

 

Futuros próximos

Soy un fiel creyente de que Costa Rica tiene una calidad dancística muy alta en nuestra región no solo centroamericana sino en Latinoamérica. Somos exportadores de bailarines con muy buenos maestros y un sistema que apuesta, en alguna medida, por el arte y más específicamente por la danza. Otorgar la docencia formal una sola institución reduce la visión de danza. Ya sabemos que cada año se gradúan nuevos estudiantes y todos muy distintos entre sí. Sus puestas en escena muestran gustos, inquietudes y afinidades, sin embargo, siguen una línea formativa que está regulada por una visión y enfoques dancísticos similares. Esto no es bueno ni malo, mi punto se dirige a que ya han pasado 6 años desde el final de la tercera generación del Barco y casi 3 desde el cierre de Danza Abierta… ¿qué peso ha tenido esto y qué consecuencias tendrá en los futuros años?

Admiro mucho a muchas personas que tienen proyectos, ideas o rumbos que son inclusivos, que brindan nuevas plataformas, quienes a su vez se han convertido nuevos maestros y gestores. Doy el caso de José Andrés Álvarez que ha construido una red centroamericana de danza, Marko Fonseca, Adriana Cuéllar, José Raúl Martínez, Diego Álvarez que con sus espacios de capacitaciones, talleres y festivales les abren el panorama a estudiantes deseosos de saciar sus dudas. Pablo Caravaca con el Certamen La Semilla que le ha dado oportunidad no solo de abrir nuevos formatos, sino de atraer agrupaciones de jóvenes que en su mayoría no son parte de la academia. Manfred Rivera en Cartago con nuevas jornadas de reflexión, Maruxa Salas y Erick Jiménez desde la plataforma Solodos en Danza, personas y no instituciones que se han colocado a los hombros no solo llenar vacíos sino brindar opciones. En ese sentido, el legado de sus maestros es vital.

No sé bien a quién le corresponde este cambio y cómo lograrlo, porque hay que reconocer que sin conexiones y proyectos bien estructurados por más buenos deseos que existan, estos quedarán en nada. La UCR se encuentra en un proceso importante que si resulta exitoso-y creo que casi todos queremos que así sea- va a generar un cambio, no solo por su enfoque sino porque nuevamente tendremos una opción más, algo que necesitamos pronto. No es solo dar clases cada cierto tiempo y enfocarse en el área recreativa, considero, y es solo una opinión, que debe existir un peso mayor en la responsabilidad de formar. ¿Existirá una opción semejante por parte del Taller Nacional de Danza? ¿Qué responsabilidad tiene el MCJ en la formación dancística no académica? Y lo que veo más importante, ¿hay interés?

Quiero cerrar comentando la valía en el legado de Rogelio López y Jimmy Ortiz, que fueron fundadores de los programas que ahora no existen. Si ellos no hubieran tenido una idea – y claramente apoyo- ¿a cuántos bailarines no veríamos hoy en día? ¿Cuáles espacios no existirían? Para mí, es innegable que hay una dolorosa pérdida. No hablemos de añorar el pasado, solamente por el amor al recuerdo, ya que claramente hemos visto una evolución en nuestra danza vista como un todo, en gestión, en promoción, en producción y en tantas otras áreas. Incluso vemos bailarines más arriesgados que no esperan a graduarse para hacer sus cosas por fuera, pero creo que estamos en un momento donde el cambio es necesario para que justo esta dinámica creciente no se estanque.

  Fotografía con fines ilustrativos. Obra Dur de Bryam Josué Guzmán en el marco del FCGM 2019. Fotógrafa: ITXN Photo