← volver al inicio


Memoria de Pichón por Carolina

En todo momento, me sentí adentro de su casa, siendo parte de todo lo vivido y todo lo sufrido; fui una más de la familia.

Carolina Burgos

Varias agrupaciones de teatro se me han acercado en busca de apoyo y difusión al ver nuestro trabajo y colaboración para con la danza contemporánea costarricense. Y no es que no quiera colaborar, ¡me encantaría poder hacerlo! Es solo que no cuento con el tiempo ni con el conocimiento para introducirme en el mundo del teatro todavía. 

 

Andy Gamboa es un actor que ha estado inmerso en el mundo de la danza desde que se unió a su pareja Fabio Pérez, bailarín profesional, hace varios años atrás. Ellos han venido haciendo un trabajo muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en nuestro país, combinando ambas artes y creando obras que no me atrevería a encasillarlas en un género. La mayoría de sus creaciones las he visto dentro del formato del Festival de Coreógrafos Graciela Moreno, aunque creo que esta plataforma no es la más adecuada para su estilo, ya que cuando las he visto en un espacio independiente, parece estar donde verdaderamente pertenece… en su propio y singular espacio. 

 

Y, ¿por qué doy esta introducción tan peculiar? Principalmente, para explicarles el por qué decidí escribir sobre esta obra. Hace unos días atrás, Andy se acercó en busca de difusión para su obra “Memoria de Pichón”, un unipersonal/monólogo/solo, que sigue la misma línea y estilo de creación que ha venido explorando en los últimos años. Así mismo, me comentó que contó con retroalimentación y curaduría importante no solo por personas de teatro, sino también de bailarines y coreógrafos que le ayudaron a darle mejor forma a su espectáculo.  

 

Al no contar con suficiente tiempo para colaborarle de la manera en que En las Tablas lo hace mejor, decidí asistir a su espectáculo y escribir una nota/reseña de él. De una vez aclaro, hablaré de mi experiencia como espectadora únicamente. No podré hacer una retroalimentación sobre dramaturgia, texto, y demás elementos que comprenden una obra de teatro, porque como constaté al comienzo, no me considero poseedora del conocimiento suficiente como para emitir tal opinión. 

 

Memoria de Pichón”, se llevó a cabo en el Edificio La Alhambra y desde el primer momento en que uno entra, Andy está ahí para recibirlo. Café, galletas y un abrazo es la bienvenida, se siente el ambiente familiar, la cercanía. Fuimos 8 solamente los asistentes esa noche, por lo que nos introducimos y conocimos un poquito sobre la relación de cada uno con el actor/bailarín. Y, mientras Andy hablaba sobre sus primas y conocidos, todos riendo y conversando, sin darnos cuenta, comienza su monólogo… así de simple (lo cual, me hizo sonreír). 

 

La obra tiene como temática principal la relación del intérprete con su padre, en donde evidencia sus vivencias, experiencias y recuerdos más íntimos. En toExpone su alma y corazón, decide despojarse de los secretos que ha llevado consigo durante años y los comparte en las tablas para que todos seamos parte de ellos. do momento, me sentí adentro de su casa, siendo parte de todo lo vivido y todo lo sufrido; fui una más de la familia. 

 

Celebré sus sonrisas y lloré cuando él no lo hizo. Nunca me había identificado tanto con una obra, ni me habían conmovido tanto, no sé si será porque vi a mi papá en su pichón, o porque lo vi como un niño todo el tiempo y solo quería darle un abrazo. El punto es que estuve con un nudo en la garganta toda la bendita obra.

 

Cuenta con varias escenas específicas que son determinadas por acontecimientos importantes en su vida o características que permanecieron por los años. La muerte de su hermano, la típica borrachera de su padre en fin de semana, su decisión de apartarse, entre otras. Todo giró alrededor de su relación con su padre, cómo intentaba agradarle y cómo éste intentaba demostrarle su amor. Pero al pasar los años, los buenos recuerdos fácilmente se desvanecen y las heridas parecen pesar más; y en esto, te entiendo Andy.  

 

Por otra parte, quisiera resaltar que a pesar de que éramos muy pocos en la audiencia, en todo momento el actor dio su 100%. Y lo menciono porque como artista, sé lo difícil que es salir a escena cuando hay tan pocos asistentes, pero eso no pareció afectarle. Tanto fue el viaje que emprendimos, que al acabar la obra, nadie se sentía cómodo para aplaudir; es que, en serio nos conmovió. 

 

Y el arte está hecho precisamente para esto, para conmover y trasformar, en especial el arte escénico. Siempre lo he dicho, lo primordial es salir diferente. “Memoria de Pichón” mete la mano en la llaga y revuelve entrañas, y eso es lo que la hace una obra hermosa y dolorosa al mismo tiempo. 

 

Y después de todo esto esperarán a que extienda la invitación para que asistan a su próxima temporada en noviembre, pero la verdad es que no. No vayan. Si no quieren terminar reventados en llanto, no vayan. Si no quieren ser conmovidos, no vayan. Si esperan una comedia, no vayan. Si no quieren pasar con un nudo en la garganta, no vayan. Si no quieren ser parte de la familia Gamboa Arguedas, no vayan. 

 

Pero, si quiere ser transformados… vayan.

 

 

Fotografía: Hellen Hernández