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Los "privilegios" en el arte por Carolina

La dignificación del trabajo del artista no recae únicamente en nuestros hombros, el Estado también es responsable de crear oportunidades laborales, concientizar a la sociedad costarricense y validar el trabajo artístico.

Carolina Burgos

Leyendo el artículo sobre la entrevista que le hicieron a William Retana, galardonado con el Premio Nacional de Danza a Mejor Intérprete 2020, me encuentro con unas palabras muy interesantes dichas por el bailarín.

 

Ante la pregunta “¿La pandemia ha venido a cuestionarte seguir con la danza?”, el artista – entre otras cosas- respondió: 

 

“He visto mucha gente cercana y talentosa, decir que ya no quieren dedicarse a la danza porque dicen sentir que no los está llevando a ningún lado, y es gente que tiene el derecho de decir eso, porque las circunstancias lo ameritan, su vida lo amerita. Si yo no tuviera la red de apoyo que tengo, ni las oportunidades familiares que tengo, ni los privilegios que tengo como persona, como el hecho de poder contar con un techo gracias a mi hermano, de poder aún recibir apoyo económico familiar, alimentación. Sin todos esos privilegios, no podría dedicarme a la danza porque simplemente no tendría el espacio ni el tiempo para hacerlo; porque tendría que ocupar mis espacios de investigación dancística, en trabajar en otras actividades diferentes a la danza. Es muy complejo, porque hay gente que definitivamente no puede contar con esos privilegios, y eso limita que se puedan desarrollar en este arte.”

Una de las definiciones de palabra privilegio por el diccionario Oxford es: “don o ventaja excepcional y exclusiva de que disfruta una persona.” Ahora, me pregunto: “¿Son acaso tener un techo, solvencia económica y comida, privilegios?”.

 

¿Acaso un administrador piensa de este modo? ¿Han escuchado estas palabras salir de una ingeniera? ¿Alguna persona decide dedicarse profesionalmente sin importarle cómo hará para pagar su comida, la educación de sus hijos, o el recibo de agua, simplemente por amor a su carrera?. Estoy segura que vos ya respondiste en tu cabeza.

 

Esto no es una crítica hacia William Retana o sus palabras, ni siquiera es una crítica hacia el pensamiento del cual pecamos como artistas. Esto es una crítica hacia cómo el Estado -sí, el Estado- nos ha empujado a encasillarnos en este mind set, en el que consideramos un privilegio poder cubrir nuestras necesidades básicas con nuestra profesión artística.

 

En la entrevista, Retana también menciona que antes de la pandemia estuvo empleado en la Compañía Nacional de Danza y como bartender, lo cual asumo hacía para ganar dinero extra para tener solvencia económica. No romanticemos su esfuerzo, compromiso y empuje porque la verdad detrás de sus palaras es que ni siquiera como empleado profesional de la C.N.D. lograba cubrir sus gastos… pero el año pasado hubo recorte del presupuesto del Ministerio de Cultura por superávit. 

 

¿Cómo es que el Ministerio, que tiene que velar por el arte y artistas costarricenses, no brinda un salario acorde a sus obligaciones, pero le recortan el dinero porque según los reportes, le sobra?.

 

Hablando específicamente de la danza, esto no solo aplica para algunos artistas de la C.N.D., sino también para otras personas de las otras compañías estatales, pues se han acostumbrado y nos han acostumbrado a que al escoger ser artistas, fuimos sentenciados a vivir de la inspiración. Cito a Avelina Lesper: “En el aparato Estatal de cultura todos merecen ganar su sueldo, menos los que producen cultura, esos, que vivan de la inspiración, que para eso tienen sensibilidad y talento.”

 

Para cualquier artista independiente de cualquier rama artística, el tener un trabajo secundario se ha convertido en la normalidad. ¿Que te alcance para todo trabajando solamente como artista? ¡Jamás!

 

Costa Rica cuenta con más de lo necesario para que los y las artistas tengamos una profesión con un salario digno; un Ministerio, entes estatales, carreras universitarias y asociaciones, todo esto entra dentro de la sombrilla del aparato estatal. La dignificación del trabajo del artista no recae únicamente en nuestros hombros, el Estado también es responsable de crear oportunidades laborales, concientizar a la sociedad costarricense y validar el trabajo artístico.

 

William, el peso de tus palabras es grande y revela nuestra realidad. 

 

Sabemos que Costa Rica no es un país caracterizado por el consumo de arte y por ende es muy difícil hacernos millonarios con nuestra profesión. Al decidir dedicarnos al arte conocemos esto, no somos tontos ni tontas, sabemos que es un mercado difícil. Pero cuando decimos que cubrir nuestras necesidades básicas es un privilegio que tenemos como artistas, algo está muy mal. 

 

Entiendo la intención de William detrás de estas palabras; lo interpreto más como bendiciones o beneficios (si no queremos entrar en el tema religioso), porque contar con una red de apoyo como con la que cuenta él, definitivamente es importante y una dicha.  Utiliza la palabra “privilegio” con el objetivo de ser modesto al compararse con otros colegas. Pero, aún así, si nos aferramos al significado por Oxford y comparamos estos “privilegios” con los de una persona en pobreza o pobreza extrema, siguen siendo ventajas y no privilegios.

 

Sería muy fácil escribir esto con el afán de empoderarles y decir “hay que cambiar nuestra manera de pensar, bla, bla”, pero vos y yo sabemos esto: actualmente no hay condiciones dignas ni siquiera por los lugares que dicen ofrecer estabilidad. Se siente que estamos exigiendo lo mínimo, peleando contra un monstruo y cada vez topamos con pared. 

 

Cierro el artículo con las palabras de la crítica Avelina Lesper:

 

“Los artistas eligieron la vida en libertad y el establishment se los recuerda, y cuando quieren ganar un sueldo se sorprenden “¿eres un ser humano con necesidades? Nunca lo hubiera imaginado”.”

 

 

 Fotógrafa: ITXN Photo. Coreografía Inciertamente por Luis Piedra para ImagoDanza.