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Lo que se vivió en La Machine Festival de Calle 2019 por Carolina

La música respondía a lo que los artistas llegaran a proponer en las tablas; una especie de conversación no verbal entre todos los artistas.

Carolina Burgos

La sexta edición de La Machine Festival de Calle se celebró del 25 de febrero al 9 de marzo, con 11 sedes en total. Se presentaron 28 artistas, incluyendo compañías estatales y agrupaciones independientes. Los países presentes este año fueron: España, Italia, Francia, Suiza, Estados Unidos, México, El Salvador, Panamá, Colombia, Venezuela, Argentina, Uruguay y, por supuesto, Costa Rica. 

 

Después de dos años de no poder asistir a La Machine Festival de Calle, este año tuve la oportunidad de no solo ir a ver algunas de las presentaciones, sino que, también,  la revista fuese colaboradora de esta edición. Estuvimos apoyando al festival desde un mes antes de dar inicio, publicando contenido relevante sobre todo lo que iba a traer, por lo que estuve bastante cercana al festival. 

 

Funciones en San José

 

Asistí a dos de las tres funciones que se dieron, al aire libre, en San José. La primera fue el miércoles 6 de marzo en la Plaza de la Democracia a las 5:00 p.m. y la segunda el jueves 7 de marzo en la Calle de la Amargura a las 5:00 p.m. Me referiré solamente a algunas obras para no hacer de este post, una crítica excesivamente larga. 

 

El miércoles, la Compañía Nacional de Danza abrió la función con la pieza Uno de la bailarina Wendy Chinchilla. La coreografía consiste en colocar a los bailarines en sillas blancas, con otra silla vacía al frente de cada uno, en donde las personas del público pueden sentarse y presenciar una pequeña danza por el intérprete. 

 

Desde hace tiempo había querido participar de esta coreografía, ya que, desde que se estrenó, la hallé sumamente interesante. Pasé a la silla con mi hija de 3 años en mis regazos. El intercambio con el artista comienza con un abrazo y, a partir de eso, el intérprete o la intérprete se mueve según lo que ese momento le está generando (o, al menos, esa fue la percepción que tuve). Me resultó un momento muy pacífico y placentero de experimentar. Considero que es una manera muy respetuosa y delicada de tener un acercamiento personal con el público. 

 

El Enano Speedy Angels es un bailarín b-boy y trabaja mucho el circo social. En su coreografía At Home utiliza varios sombreros para realizar trucos y dejar al público asombrado. Pero, lo que más me sorprendió (y creo que a todos en la audiencia) fue la maravillosa ejecución del krumping. El Enano también demostró gracia y simpatía con las personas presentes, invitándonos a ser parte de su propuesta. 

 

AKT fue una coreografía que se presentó los dos días y estuvo a cargo de la bailarina mexicana Angélica Baños. Francamente, no sé si mis palabras alcanzarán para describir lo que esta pieza me hizo sentir, pero lo que sí les puedo decir es que, en ambas ocasiones que la vi, lloré. 

 

La ejecución y virtuosismo de la bailarina se hizo presente en ambas ocasiones; quedó bastante claro que Angélica es una artista con gran dominio técnico. La escena final, con un mecate amarrado a su cuello y al de una persona más, dejó al público en silencio, simplemente porque lo único que se puede hacer, en ese momento, es callar y observar. El texto utilizado toca los corazones de las personas presentes y conmueve fibras sensibles, igual que su interpretación, la cual fue determinante para el resultado de su coreografía. 

 

Personalmente, no soy gran fanática de los movimientos acrobáticos en escena, ya que, la mayoría de las veces, no le encuentro suficiente respaldo para la pieza. Sin embargo, en esta coreografía vi acrobacias bien justificadas, al igual que una temática clarísima que, cabe mencionar, resultó impactante al tener dos presentaciones antes del 8 de marzo. Angélica, me encantó tu trabajo. 

 

El jueves, la compañía colombiana Cortocinesis presentó su obra Tarumba, que consistió en un dúo interpretado por una pareja. Ambos demostraron un gran trabajo de partnering contact. De tal forma que resultó en una dinámica escénica muy atractiva, en donde nunca estuvieron a más de dos pasos uno del otro. Así mismo, hubo un rico lenguaje de movimiento y una excelente interpretación, por parte de los dos artistas.

 

Función de Gala

 

Sabemos que, para esta sexta edición de La Machine, Angelo Dello Iacono, fundador y co-director de ADN Dialect, montó la coreografía No Plan-B con varios artistas nacionales en una residencia artística. Esta se presentó el sábado 9 de marzo a las 8:00 p.m. en el Teatro de la Danza, con sala llena. 

 

Lo primero que noté, al iniciar la obra, fueron los músicos que se colocaron en escena. El incorporarlos a la pieza me pareció una decisión acertada por parte del creador. En la entrevista que le realizamos a Angelo, él menciona que la música es un elemento trascendental en esta coreografía y ¡vaya que lo fue! 

 

Recordemos que, así como ciertas partes de la coreografía fueron improvisadas, la música también lo era. Esta respondía a lo que los artistas llegaran a proponer en las tablas; una especie de conversación no verbal entre todos los artistas. Ben Schwendener, de Gravity Arts, fue el encargado de establecer las pautas, de manera que la música jugó un papel realmente esencial, ya que dictó el carácter de las escenas y fue clave en hacer que las mismas, no llegaran a aburrir a la audiencia. 

 

Resalto la versatilidad de César Alvarado quien interpretó como bailarín y como músico también. Así mismo, destaco la seductora escena del guitarrista con la bailarina, que resultó ser un “detallazo” para el público, poder ver al músico participar también como bailarín.  En No Plan-B, tanto los músicos como los bailarines fueron protagonistas. 

 

Para tratarse de, solamente, dos semanas de montaje y de trabajo grupal, debo decir que el elenco se mostró bastante compenetrado. Se evidenció la escucha y, en general, estuvieron pendientes de las necesidades de sus compañeros y de las exigencias de la escena. Sin embargo, pareciera ser que la escucha se puso en riesgo una vez que la improvisación pasó a primer plano, en especial durante la escena de los dúos, cuando los tubos de la estructura estaban aún separados y en el piso. Entiendo que es una tarea difícil de lograr, en especial, con tan poco tiempo de montaje y con nuevos colegas. 

 

El vestuario utilizado, a pesar de no ser el mismo para todos los artistas, Angelo utilizó una misma paleta de colores, con el azul como color predominante, lo cual brindó uniformidad. El vestuario fue un reflejo de las diferentes personalidades que se vieron en escena, así como respaldo a la temática: la sociedad. 

 

Los tubos y la estructura formada brindó numerosas posibilidades escénicas, lo que mantuvo al público interesado en todo momento, incluso al borde de su asiento, en algunas ocasiones. A excepción de la escena de los espejos, que se hizo muy larga debido a que detrás estaban uniendo los tubos para formar la pirámide, toda la coreografía resultó bastante atractiva, a pesar de sus 60 minutos de duración.

 

La Machine Festival de Calle es una plataforma que trae numerosas oportunidades para artistas alrededor del mundo. Realiza una labor sumamente importante de llevar la danza a espacios en donde, posiblemente, de no ser por ellos, el movimiento no estaría presente. Crea nuevos públicos, establece conexiones y proyecta nuestra danza hacia otros puntos geográficos. Ha sido un privilegio ser colaboradores de un espacio como este.

 

 

 

Fotógrafa: ITXN Photo. Obra AKT de Angélica Baños, tomada el jueves 7 de marzo durante la función Disfrutando la Amargura.