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"Inciertamente": zozobra en las tablas por Carolina

...considero que los más jóvenes lograron cumplir a cabalidad con la propuesta, según su experiencia, posibilidades y conocimiento.

Carolina Burgos

Inciertamente - Imagodanza

20 de setiembre del 2019, Teatro de la Danza.

Dirección y coreografía: Luis Piedra, Elenco: Daniela Araya, Beatriz Castro, Michael Céspedes, Daniel Corea, Andrés Fernández, Paula Herrera, Adriana Villalobos, Juan Leiva y William Retana, Diseño de iluminación: Roberto Chavarría y Luis Romero Diseño de vestuario: Luis Piedra y Susan Ovares, Edición musical: Javier Jiménez, Diseño de escenografía: Juan Leiva, Realización: Ronny Araya.

 

 

Costa Rica cuenta con coreógrafos y coreógrafas de gran renombre. Personas que han sido pilares y pioneros en la creación coreográfica, al abrir caminos escénicos y romper esquemas, Luis Piedra es uno de ellos. La semana pasada fui al teatro a presenciar su última creación, del colectivo que dirige, Imagodanza: Inciertamente.

 

Desde el comienzo, un sentimiento de zozobra se apoderó de la propuesta. La primera escena consistió en William Retana subido en varios bancos, realizando unos movimientos con su torso como motor de los mismos. La luz tenue caía, con suavidad  sobre su cuerpo revelando, levemente, su silueta, no permitió que identificáramos el rostro del intérprete.

 

Se puede confundir el significado de la interpretación de un artista dancístico creyendo que esta recae, principalmente, en sus expresiones faciales, las cuales deben ser, meramente, un complemento a la traducción del movimiento en su cuerpo. Por esta razón, destaco la interpretación de William, quien con gran soltura, riqueza de movimiento y sin necesidad de revelar su rostro, no solo abrió la propuesta capturando mi interés como espectadora, sino, también, tradujo la intención y el sentimiento a la danza. 

 

La siguiente escena presenta a la bailarina Adriana Villalobos detrás de una puerta corrediza transparente, que conecta el escenario con los camerinos. Este elemento fue utilizado en algunos actos posteriores y embelleció, en gran manera, la propuesta. Villalobos vistió un vestido rojo y tacones marrones, entró al escenario con gran fuerza, sin embargo, no logró sostener ese carácter. No pude identificar una profundización en su interpretación, por lo que sus gestos me resultaron superficiales.

 

Seguidamente, el resto del elenco vestido en tonos rojizos, se hizo presente en el escenario, con una suave transición. Los unísonos grupales son parte del sello que Piedra tiene como creador y se les puede ver en la mayoría de sus piezas. Resalto la limpieza en ellos, la utilización de los cánones y diferentes direcciones empleadas, ya que crearon profundidad y texturas en las frases de movimiento. 

 

El lenguaje de movimiento predominante en la obra fue lineal y con movimientos cortantes como contraste, otro sello de su creador. Debo confesar que, a pesar de estos contrastes dentro de las frases de movimiento, la sobre utilización de estos los hizo predecibles al ojo del espectador. 

 

Durante Inciertamente predominó un sentimiento de zozobra. La tristeza e insatisfacción se hicieron presentes a lo largo de la propuesta. Destaco, primordialmente, el dúo de Paula Herrera y Juan Leiva, donde fue más evidente esta sensación deseada a evocar. Lastimosamente, considero que la música jugó una mala pasada, ya que, a pesar de causar tensión al comienzo, no tuvo ningún cambio a nivel energético, lo cual le dificultó a los intérpretes mantener al público interesado, hasta el final de la escena. 

 

El elenco escogido por el coreógrafo combinó nuevos artistas con otros más experimentados. Además, casi la mitad ya había montado con Piedra, mientras que para el resto, esta significaba su primera vez. Como espectadora, fue notorio el dominio escénico y corporal de los más veteranos en comparación con los principiantes. No obstante, considero que los más jóvenes lograron cumplir a cabalidad con la propuesta, según su experiencia, posibilidades y conocimiento.

 

Como conclusiones finales, debo mencionar que me hubiese gustado ver más presente a Retana en las escenas, quien a pesar de su fuerte inicio, desapareció ante el ojo del espectador durante el resto de la coreografía. Resalto la limpieza en los movimientos de Villalobos, quien tiene un gran talento en la ejecución de movimientos de ipso facto, característicos de Luis. Destaco la labor de liderazgo escénico de Paula Herrera, quien ha acompañado a este coreógrafo en casi la última década y ha adoptado su estilo íntegramente. 

 

Inciertamente es una propuesta limpia, cargada de unísonos y angustia. Subrayo la habilidad del elenco al defender esta propuesta con gran determinación. El compromiso de cada uno de ellos y ellas fue palpable. Con un escenario despejado, una puerta corrediza y unos cuantos bancos lograron representar la temática deseada. Lograron empaparnos de su incertidumbre.