← volver al inicio


"Historias de Sublevación": un viaje con la abstracción por Carolina

La intención de la creadora era presentar “historias de personas que se van encontrando y no tienen una lógica” lo cual, se evidenció.

Carolina Burgos

Historias de Sublevación– Danza Universitaria

15 de noviembre del 2019, Teatro de la Danza. 

 

Creación y dirección: Hazel González, Intérpretes co-creadores: Dayana Araya, Eduardo Guerra, Mainor Gutiérrez, Gustavo Hernández, Elián López, Verónica Monestel, Jimena Muñoz, Gloriana Retana, Iván Saballos y Evelyn Ureña, Iluminación: Mainor Gutiérrez, Vestuario: Verónica Navarro, Diseño Sonoro: Iván Saballos y Fabián Arroyo, Diseño de Utilería: Mariela Richmond, Recolección de sonidos: Danza Universitaria, Edición de banda sonora: Iván Saballos y Fabián Arroyo, Textos: Danza Universitaria y Hazel González.

 

 

Historias de Sublevación es la más reciente creación de la coreógrafa y directora de Danza Universitaria, Hazel González. Interpretada por el elenco de esta Compañía, Historias de Sublevación es una coreografía con diferentes relatos fragmentados en escenas que se dividen, retoman o sobreponen unas con otras. 

 

Historias de Sublevación inicia con una luz tenue que a penas revela los cuerpos del elenco completo en la parte trasera del escenario. Cada uno jugando con diferentes planos, desde lo bajo hasta lo alto, los y las intérpretes comienzan a desplazarse hacia el proscenio, con movimientos articulados, suaves y fluidos. A manera que progresan, a luz comienza a cambiar, exponiendo con más claridad a los bailarines y las bailarinas. Al llegar al borde del escenario, todos a una sola voz, gritan.

 

Como espectadora, el grito lo hallé predecible y por ende, de sobra, sin embargo, el resto de la escena consistió en un inicio atractivo. Desde que los cuerpos comienzan a moverse, es palpable la seguridad que estos y estas artistas proyectan tener en las tablas. A partir de ahí y por el resto de la propuesta, es evidente el dominio escénico (o colmillo, como diríamos en tiquicia) que tiene el elenco de Danza Universitaria. 

 

Si leyeron la nota anterior, sabrán que la investigación y exploración sonora, era el elemento más atractivo de la propuesta, por lo que agradecí verlo presente a lo largo de toda la coreografía. En diferentes momentos vi cómo lograron involucrar el recurso de la voz, tanto en vivo como pregrabado, para complementar las escenas. 

 

Por ejemplo, la escena en que Gloriana Retana se coloca pantuflas para limpiar el piso y realiza su secuencia de movimiento, 6 miembros del elenco entran a escena con micrófonos a efectuar sonidos que acompañan lo propuesto por la bailarina. Pude interpretar que, si el movimiento de Gloriana tuviera algún sonido, sonaría como lo sugerido por sus compañeros. 

 

Además, debo resaltar la sincronía y la escucha que tuvo el elenco con Retana. La relación de los sonidos con los movimientos realizados y con los otros sonidos propuestos por sus mismos compañeros, permitió que, como público, pudiera apreciar y evidenciar, cabalmente, la partitura sonora creada. Fue un uso de la voz, realmente refrescante.

 

Pero, definitivamente, la escena que más me gustó fue “el vals de la limpieza” (nombre inventado por mí) en la que todo el elenco baila con artículos de limpieza. Escobas, limpiadores, botellas con spray, palas, baldes y hasta talco, fueron los elementos que hicieron que esta escena, resaltara entre todas las demás. Los y las artistas tuvieron interpretaciones maravillosas con carácter de corte real y tintes de humor. Los movimientos utilizados contaron con dinámicas y contrastes haciendo de esta escena, una muy entretenida de observar. La unión de todos estos elementos, hizo que no pudiera quitar mis ojos de lo propuesto en escena. Al finalizar, me percaté que tenía una gran sonrisa dibujada en mi rostro. 

 

La escena que hallé más humorística fue la narración de la rutina de baño de Gustavo Hernández. Aplaudo el gran manejo corporal que tiene este bailarín y la sutileza que tiene para agregar matices de humor sin caer en lo burlista u obvio. Este fue otro acto en el que no pude despegar mis ojos de lo sucedido en las tablas y de nuevo, encontré muchísimo placer al presenciarla.

 

Por otra parte, resalto el diseño de iluminación a cargo de unos de los intérpretes, Mainor Gutiérrez. Las luces escogidas para cada una de las escenas y transiciones, realmente significaron un elemento trascendental para la construcción de la abstracción en cada una de los actos. La utilización de calles, cenitales, diagonales y hasta focos que usaron los mismos bailarines para iluminar a sus compañeros, resultaron ser un recurso usado en el máximo de las posibilidades que permitió la sala. 

 

A pesar de que esta coreografía contó con escenas realmente exquisitas en movimiento e interpretación, no me hallé cautivada. Aunque pude hacer mis interpretaciones y las transiciones entre escenas fueron dinámicas, me hallé en conflicto al intentar encontrar relación entre ellas. Sentí que fui llevada en un viaje de lo absurdo e ilógico. Al haber tanta abstracción, me costó mucho identificarme con lo propuesto en las tablas. 

 

Igualmente, disfruté del humor, el movimiento, el vestuario, las luces y las interpretaciones; definitivamente, disfruté de las interpretaciones. Además, al haber hecho la nota de este espectáculo, sé que la intención de la creadora era presentar “historias de personas que se van encontrando y no tienen una lógica” lo cual, se evidenció.

 

Historias de Sublevación no es un espectáculo con una línea cronológica y tampoco su temática es regalada. González decidió dejar bien abierto el espacio para la interpretación de los y las presentes en la audiencia, de manera que cada quien concluyera lo que desease y pudiese. Personalmente, percibí a Historias de Sublevación como un gran collage de rutinas cotidianas. 

 

Quisiera hacer un paréntesis para recordarles que algo que está dado en el arte (en cualquiera de sus formas), son las diferentes interpretaciones que como espectadores podemos tener. No obstante, hay obras cuyas temáticas son contundentes y el espacio para concluir otras cosas es más reducido. Escoger esto o la abstracción, como en el caso de Historias de Sublevación, no implica que uno esté correcto y el otro no. Es simplemente un camino que toman los creadores y las creadoras para comunicar su mensaje. 

 

Podría hablarles de aspectos que me capturaron por parte de cada uno de los bailarines y las bailarinas, pero habrían hecho de esta crítica, una tediosa para leer. Sin embargo, no quiero desaprovechar la oportunidad de mencionarles que estamos ante un elenco realmente extraordinario, de esos que pasarán a ser recordados con gran afecto y admiración en la historia de la danza costarricense. 

 

En general, Historias de Sublevación es una pieza con mucho humor presentado de manera sutil, de la mejor manera que saben hacer los y las artistas de Danza Universitaria. Realzo el gran manejo corporal y la capacidad interpretativa de cada uno de los integrantes del elenco. Su dominio técnico para la danza teatro, sobrepasa a cualquier otra agrupación a nivel nacional. 

 

Danza Universitaria, siempre es un placer verlos bailar.