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Editorial: sobre el limbo institucional por Carolina

No se pueden hacer promesas y luego ver cómo se gestiona el asunto, para saber si está en sus posibilidades poder cumplir.

Carolina Burgos

Para los que me conocen y me han acompañado desde hace tiempo, he escrito abierta y honestamente sobre el Festival de Coreógrafos Graciela Moreno como plataforma. Este queridísimo y apreciado festival se ha visto envuelto en muchísimos cambios en la última década, que lo ha llevado a arriesgar tanto su esencia, que, actualmente, no responde a la razón por la que fue creado: una plataforma de creación y exposición para jóvenes coreógrafos. 

 

Por años, este festival ha sido el espacio para muchos artistas, en su mayoría, independientes, para presentar trabajos con temáticas e inquietudes, que al fin y al cabo son el motor de nuestra creación: hablar de algo que nos conmueve. La absurda y terca decisión de imponer un concurso temático, la baja remuneración recibida por los artistas una vez concluido el festival, las diversas comisiones curatoriales, pero sobre todo, la falta de escucha hacia la comunidad dancística, que se ha expresado una y otra vez en contra de estos y otros aspectos que envuelven esta plataforma, ha hecho que cada vez queramos participar menos de esta fiesta. 

 

Lo que he rescatado de sus últimas dos ediciones, ha sido el esfuerzo, por parte de la organización del festival, por ofrecer premios sustancialmente más significativos que una retribución económica, por eso he aplaudido las residencias que han otorgado. El año pasado, se les otorgó a Gustavo Mena y Joshua Alfaro la Residencia Artística en La Rochelle por su obra Los pelos en el alambre y a Andrés Martínez y Álvaro Murillo la Residencia en el Centro de Investigación Coreográfica y en la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (CICO) en México, por su obra Me fui… 

 

Podrán pensar que tal vez insisto demasiado al hablarde una noticia que ya tuvo un “cierre”, porque el dinero se les fue depositado, pero creo que es de suma importancia darle la relevancia que se merece esta situación. El día que La Nación sacó su noticia sobre el asunto, fue el mismo día en que se les depositó el dinero, casi como un esto que pasó estuvo muy mal, pero ya se les depositó el dinero. Colorín colorado, este cuento se ha acabado”. Sin embargo, el gran problema no es que no les depositaran lo establecido, es la manera en que el Teatro Nacional y sus representantes manejaron la situación.

 

En primer lugar, si se va a otorgar un premio, el Teatro Nacional debe tener el capital para poder responder. No se pueden hacer promesas y luego ver cómo se gestiona el asunto, para saber si está en sus posibilidades poder cumplir. Es total responsabilidad de la organización ver cómo obtienen el dinero para cumplir con lo que prometieron.

 

En segundo lugar, a la hora de otorgarse un premio, en cualquier festival, debe existir un documento para los ganadores, con los términos y condiciones del premio, así como lo que deben hacer y esperar. De esta manera, se sabe, desde el comienzo, cual es el compromiso de cada parte para poder garantizar el aprovechamiento del galardón. Un documento oficial le da seriedad y transparencia al trámite. No como en este caso,  ya que en lo sucedido con Andrés y Álvaro, se conversó, en su mayoría, por WhatsApp. Por favor, Teatro Nacional, ustedes son una institución de renombre nacional, manejen la situación como se debe. 

 

En tercer lugar, me parecieron alarmantes dos acciones que realizó Alexandro Tosatti, Coordinador de Promoción Cultural del Teatro Nacional. La primera fue el revelarles  que ellos fueron los ganadores de la residencia, antes de la ceremonia de premiación. ¿Qué hace Tosatti compartiendo esta información? ¿Él influyó en alguna manera la toma de decisiones de los premios? ¿Habrá sucedido esto con anterioridad? Esta pequeña acción, para mí, pone en tela de duda las premiaciones del Festival de Coreógrafos. Ante la situación, no solo pierde credibilidad el Teatro Nacional por no responder a cabalidad con sus obligaciones, sino que comienzo a perder (y hablo por mí) la confianza en los procesos del Festival de Coreógrafos, quien se ve afectado directa y automáticamente.  

 

La segunda, más alarmante, fue ofrecerles dinero de su bolsillo a los coreógrafos para que pudieran irse a México y no perdieran el premio. Puede ser que su intención haya sido buena, pero, ¡Dios mío! ¡La ligereza con que realiza esta proposición! ¡Las consecuencias serían astronómicas! Vamos de nuevo, pone en duda el manejo del dinero del Teatro Nacional. ¿Cómo pretendían justificar el reembolso de $1500 en su cuenta bancaria? ¿Es esto legal?

 

En cuarto lugar, me parece ridículo tener que decir esto pero, debe de existir un trato de respeto entre todas las personas involucradas. Un aspecto que no se mencionó en la noticia publicada, la semana pasada, pero que Andrés nos comentó a Carlos Brenes (escritor de la noticia) y a mí, fue que, cuando él le mencionó a Alexandro que iba a exponer la situación en sus redes sociales, su reacción fue con un tono amenazante. Así mismo, Andrés nos comentó que, después de esto no quisieron mostrarse tan disponibles e incluso José Bernal Cordero, Coordinador de Administración, en una llamada telefónica le colgó de manera muy molesta. ¿Es ese el trato que deben de tener los coreógrafos afectados por la situación? ¿Es esa la actitud que deben de tener los responsables del Teatro Nacional? 

 

Por último, toda esta situación es sumamente lamentable y ha creado una situación tensa entre la comunidad dancística, que se ha sumado, con gran apoyo a Andrés y Álvaro. Pero, lo más penoso ha sido la imagen que se ha proyectado de Costa Rica en México (y quién sabe en cuál otro país). Álvaro fue acogido por Javier Contreras, director del CICO, por dos meses (a pesar de que la residencia era de 3 meses y su tiquete de avión no se podía cambiar, lo cual significaba que quedaba un mes sin hospedaje ni comida), ya que su propia nación no podía responder por él. ¿Se pueden imaginar la tensión y el estrés de no saber cómo se va a solucionar el problema? ¿Se pueden imaginar lo que nuestros amigos mexicanos deben de pensar de nosotros? Porque no queda mal solo el Teatro Nacional, queda mal Costa Rica.

 

Realmente, espero que esta sea la primera y la última vez que escriba una nota editorial sobre una situación como esta. Sin embargo, como mencioné anteriormente, es sumamente importante darle la relevancia que merece la situación, para que, ojalá, no se repita en un futuro. Ciertamente, es agobiante y deja muchísimo que desear sobre una institución como el Teatro Nacional, sin mencionar la imagen turbia que ahora proyecta  de este organismo. 

 

Me hubiese gustado poder escribir esta nota con ambas versiones de la historia, ya que siempre es importante escuchar lo que el otro tiene que decir; pero, desdichadamente, no fue el caso, ya que ni Alexandro Tosatti ni José Bernal Cordero se mostraron disponibles para comentar el asunto. No obstante, si después de leer esta nota sienten interés por acercarse y hablar conmigo sobre lo comentado, me encuentro en disposición de atenderles. 

 

Por todo esto, considero que el Teatro Nacional debe referirse al caso más allá de unos simples comentarios en una pequeña noticia en La Nación. Debe pedir disculpas y garantizar, de ahora en adelante, un buen, correcto y eficiente manejo de los premios otorgados en cualquiera de sus plataformas. Así mismo, creo que los mandatarios, encargados de colocar a colaboradores en los puestos de esta organización, deben preguntarse y meditar si las personas involucradas en esta situación están realmente calificadas  para estar en sus puestos. 

 

 

 

Carolina Burgos Ramírez

Fundadora y Directora de la revista En las Tablas

 

 

Fotografía con carácter ilustrativo. Obra La gran minoría de Sheila Rojas en el marco del XXXV Festival de Coreógrafos Graciela Moreno. Fotógrafa: ITXN Photo