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C2 , Festival NCNA 2019: de lo urbano y el arraigo, a la danza actual por Adrián Figueroa

En particular, el hip hop, el jazz contemporáneo, el popping y el break dance, sobresalieron esa noche.

por Adrián Figueroa

Director: Miguel Bolaños

Participantes: Ubicuo, de Adrián Flores. Milo, una historia cualquiera?, de Miguel Hernández. Controlados, de Luna González y Eric Yair. Impunes, de Julio César Vargas. Humanizados, de Vanessa Mora. Corazón dorado, de Cristopher Sánchez. Punto y pasado, de Josué Lizano. Transculturación, de Óscar Carvajal. Bailar contigo, de Daniel Blen. Arcoíris de luna llena, de Daniela Bonilla. Hazme reír, de Nicole Álvarez. Colapso, de Paula Alfaro. Cúbico, de Karen Wedel y Laura Rodríguez. De mi carne, de Andrea Mejía y José Antonio Canales. Abstractus, de Leks Salazar. Dreamers, de Karen Wedel, propuesta ganadora de NCNA junior.

 

Desde hace ya 10 ediciones, se ha realizado en Costa Rica el Festival NCNA, anteriormente llamado FADAU (Festival Abierto de Danza y Arte Urbano) y en alguna oportunidad se llevó a cabo en conjunto con el ECADU (Encuentro Centroamericano de Danza Urbana), lo que aperturó la inclusión de la comunidad centroamericana de la danza urbana a esta plataforma. Tuve la oportunidad de colaborar, indirectamente, en alguna de sus ediciones y déjenme decirles que, realmente, la danza se vive desde las entrañas en la movida urbana.

 

Por suerte, la exposición urbana del festival ha trascendido mitos y brechas, lo cual diría yo, en la Costa Rica actual se logra de manera más fluida. Esto al ampliar su rango de inclusión a aquellas otras disciplinas, que no necesariamente son danzas urbanas como tal, si nos referimos a esta como una manifestación cultural del lugar de donde proviene, pero, que sí mantiene influencia de ella, generando una diversa gama de estilos de danza que, desde los años  setenta, evolucionaron en el New Style, derivados del funk, R&B y Hip Hop, provocando nuevas formas de moverse, de acuerdo a nuevas maneras de identidad o de arraigo.

 

Por segundo año consecutivo, asistí al C2 realizado nuevamente en el Teatro Nacional. Este ha sido un espacio propiciado desde NCNA, con el fin de abrir una plataforma de exposición a nuevos coreógrafos, para que exploren diversas temáticas, a través de la danza. En particular, el hip hop, el jazz contemporáneo, el popping y el break dance, sobresalieron esa noche. En muchos casos, también fusionados con la danza contemporánea, lo que, definitivamente, refrescó la oferta para el público, al brindar  una versión más, para el disfrute de la danza urbana y sus derivaciones.

 

Disfrutamos de 15 coreografías que competían por los tres primeros lugares, además de la participación de la agrupación ganadora del NCNA junior, representada por la academia de danza Body Motion, en manos de la coreógrafa Karen Wedel. Cabe mencionar lo motivante que resulta ver una buena formación en jóvenes, llevada a escena, dando una muestra coherente de sus habilidades interpretativas y técnicas, según sus capacidades, sin pretensiones y desde un lugar muy honesto, que fue lo que vi en la obra. Al final suman muchas cosas en valor de una propuesta coreográfica y, evidentemente, crear se aprende con la práctica y la disciplina que solo el oficio da.

 

El año pasado fui invitado a ser parte de una comisión de seguimiento en temas de composición coreográfica, que la organización generó, con el fin de ir preparando a su gremio en la creación con contenido temático en sus propuestas. Acción que aplaudo, pues es una debilidad presente en la mayoría de la propuestas coreográficas en estos estilos, aunado a un vacío en composición que la danza costarricense enfrenta desde hace algunos años. Viniendo de una persona que proviene de una formación en la que las cosas se generan con sentido y coherencia, artística, social y cultural, es de valorar la intención y el esfuerzo de su director Miguel Bolaños. 

 

Desconozco si este año el mismo proceso se volvió a generar, sin embargo, quiero mencionar que, en esa oportunidad, independientemente del resultado, se notaba en las  coreografías un trabajo de investigación, una pesquisa de movimiento ligada a una propuesta conceptual, que comprendiera, de manera integral, cada pieza. No pude distinguir eso en esta oportunidad, al menos de manera colectiva, que no tiene que ver solamente con un resultado, sino también con procesos de investigación, que como espectador se logran distinguir subjetivamente. No quiero desmeritar el trabajo realizado, estoy seguro de que cada uno, llevó detrás una gran dosis de horas de ensayo, producción y gestión, para que esas coreografías se apreciaran excelentemente.

 

Lo que más rescato, en esta misma línea, es el interés y la necesidad de creación que se vive en el movimiento urbano, así como la impronta de expresión social a través de la danza, de generar una comunicación fresca y asertiva con el público. Noto la disposición de los coreógrafos de entender el uso adecuado de la composición coreográfica, para generar una dramaturgia coherente en sus trabajos. Es importante que se abran más espacios que les permitan profundizar en estos temas y les dé luz sobre la escogencia y el uso adecuado de los elementos que quieren integrar en sus productos escénicos. Sobre todo, que estos se sientan articulados en función de un solo fin, que es su obra y el mensaje que quieren transmitir con ella.

 

C2 convocó a un jurado integrado por los mexicanos Luigy Barba, Paulina Pulido y, Edwin Mateus desde Colombia, quienes le dieron nombre a cada una de las premiaciones. Las propuestas coreográficas que resultaron ganadoras fueron en orden: 3er lugar Luna González y Erick Yahir con la obra Controlados, el 2do lugar fue merecido por Daniel Blend con la obra Bailar Contigo y el 1er de la noche se lo llevó Leks Salazar con su obra Abstractus. Además, el jurado premió la labor interpretativa de un bailarín y una bailarina por sobre la de todos los participantes de la noche, siendo merecedores, Noah Araya de la coreografía Punto y Pasado y María Gómez de la coreografía Milo, ¿Una historia cualquiera?

 

Este espectador quisiera, también, darle mérito a otras propuestas que resultaron muy interesantes y las cuales considero que, con más trabajo y asesoría, podrían potenciarse. Entre ellos, Cúbico de Karen Wedell y Laura Rodríguez, Punto y Pasado de Josué Lizano y De mi carne de Andrea Mejía y José Antonio Canales (Cacao).

 

No quiero dejar de mencionar que la noche fue dedicada a dos exponentes de la danza, quienes marcaron huella con su paso en el festival NCNA y que, hoy día, ya no están para agradecerles por su aporte y pasión. Ofir León, coreógrafa, bailarina y maestra colombiana, radicada en Costa Rica y quien  dejó un legado importante y lecciones de vida imborrables en la danza costarricense. Por otra parte,  Emilio Bolaños (Bboy Milo) artista de la movida urbana salvadoreña, coreógrafo, bailarín, maestro, quien trabajó por que la danza fuera una herramienta de inclusión social en su país y provocadora de sueños.

 

Es rico, siempre, darse cuenta de que existe gente, entre tanta gente, que vive la danza apasionadamente, que vive de la danza con la sangre y sabe vivir de la danza. En el sector de la danza costarricense, sea de la disciplina que provenga, deberíamos provocarnos el apoyo mutuo y el crecimiento colectivo. NCNA da pasos grandes, imponiendo su estilo y su energía. La danza viene transformándose y ojalá que nos sumemos a ese cambio.

 

 

Fotografía facilitada por Festival NCNA. Fotógrafo: @dustinbrial