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Abriendo puertas en la práctica docente por Paz Alfaro

Se ha comprobado, desde la neurociencia, que si estamos felices, cómodos y motivados, podemos aprender más y mejor.

por Paz Alfaro

¿Es la danza para todas las personas? ¿Está disponible para todo aquel que quiera dejarse sorprender y cautivar? 

 

Yo creo que así debería de ser. Desde mi experiencia personal y lo que he vivido en mis años de práctica profesional, el arte de la danza, del movimiento expresivo y creativo es una herramienta poderosa porque sana, une, libera. Por ejemplo, me he encontrado con personas, grandes y pequeñas, que a través de estas experiencias de aprendizaje han ganado seguridad, tal vez solo para poder mirarse a sí mismas y no tener miedo de ver a los demás a los ojos. Por esto, busco provocar un espacio de análisis y cuestionamiento, sin rechazar lo edificado y existente sobre la danza institucionalizada. Por el contrario, pretendo que podamos vernos a la luz de nuevos caminos pedagógicos, tomemos nuestro quehacer en este arte y podamos mudar de aquellas prácticas limitantes, hacia espacios que nos inviten a innovar, a transformar, para que podamos vivir en una sociedad más inclusiva, más satisfecha con lo interno, más empática con el otro, la otra. 

 

Si bien es cierto, estamos experimentando una transformación paulatina en el sistema de educación formal, de un sistema tradicional conductista a un sistema más humanista, inclusivo y constructivista. Es necesario que en la práctica docente se realice un análisis exhaustivo de ambas corrientes, para determinar qué prácticas nos aportan en nuestros contextos educativos o formativos.

 

El primer sistema, se ve enfocado en los resultados y no necesariamente en los procesos. Esto correspondiente a una revolución industrial, en la cual prevalece el desarrollo económico sobre el humano. Además, hay un posicionamiento de la escuela desde una visión eurocentrista y “americanista”, por ende, elitista, racista y segregadora. Esta corriente pedagógica parte del Dualismo Cartesiano, propuesto por Descartes, para separar la mente del cuerpo y brinda mayor importancia al conocimiento lógico-matemático. Ahora bien, el gran objetivo de esta corriente pedagógica es la modificación de la conducta humana. He aquí el porqué del timbre en las escuelas o el uso de las evaluaciones numéricas. 

 

Por otro lado, el segundo sistema pretende volver la mirada al educando; reconocer diferentes tipos de inteligencias; identificar y desarrollar otras habilidades; horizontalizar la relación entre quienes participan del proceso educativo; permitir disfrutar, aprender, gozar, de las experiencias dentro de las aulas; así como darle un sentido profundo, transformador y placentero a la vivencia de construir saberes. Se propone que no somos seres vacíos de conocimiento, por el contrario, somos fuente del mismo y es a través de la experiencia y la socialización de lo que aprendemos, que podemos construir mayores saberes. 

 

Ahora bien, es necesario reconocer que el proceso de la evolución pedagógica ha afectado y afecta a la danza. ¿Por qué? Pues, porque se quiera o no, la disciplina no está aislada de las demás transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales. Por lo tanto, nos encontramos ante una pedagogía dancística que todavía se debate en encontrar el camino más acertivo para estudiar el arte del movimiento.

 

Por ejemplo, se plantea la idea, de forma implícita o no, de una restricción de la práctica dancística, donde tanto la forma física del cuerpo, como la manera de moverse, debe calzar dentro de ciertos parámetros y cánones estéticos estructurados y rígidos, heredados del exterior. También, se dejan por fuera los diferentes estilos de aprendizaje, centralizando la adquisición de información desde lo visual o auditivo, estimulando los sentidos de manera media. Además, existe todavía una práctica vertical en la relación entre la persona que facilita y los educandos, donde el conocimiento lo tiene el primero y existe una sola verdad. 

 

Si bien es cierto, y enfatizo, existen contenidos necesarios de abordar en clase, el objetivo de la transformación pedagógica no es dejarlos a un lado, es simplemente, centrar la atención en el cómo y el para qué. De manera que, la mediación y las experiencias de aprendizaje se generen en un ambiente positivo, que estimule la creatividad, el pensamiento crítico, analítico, la investigación y, sobre todo, una búsqueda de transformación interna. Al fin y al cabo, este es uno de los objetivos del arte: provocar.

 

Evidentemente, se han realizado muchísimos esfuerzos por  incorporar avances pedagógicos, científicos, tecnológicos en la enseñanza de la danza. Sin embargo, creo que es necesario cuestionarnos de qué manera abordamos el movimiento en nuestras clases ¿Nos seguimos limitando a la repetición? ¿Estamos segregando o creando oportunidades para todos y todas? ¿Está siendo la danza un medio para la transformación positiva?

 

Así que, planteo cuatro prácticas que considero ayudan a estimular y fortalecer la creación de ambientes positivos e inclusivos, dentro de las experiencias de aprendizaje de danza. 

 

1.  Se aprende cuando se es feliz: se ha comprobado, desde la neurociencia, que si estamos felices, cómodos y motivados, podemos aprender más y mejor. Nuestro cerebro puede enfocarse en desarrollar nuevas conexiones y nuevos aprendizajes. Así que permitir a nuestros participantes que realmente disfruten en clase puede potencializar que logren una mejor asimilación los contenidos. 

 

2.   Lo que no se nombra no existe: el reconocimiento y aceptación de las diferencias, dentro del espacio de clase, permite que podamos estar cómodos en nuestra propia piel. Indiferentemente de los cambios visibles e invisibles que podamos experimentar en la vida y si estos se alejan o acercan a los ideales de ciertos grupos sociales. Además, se crea un ambiente de tolerancia donde podemos aprender y enseñar en una dirección multilateral, desde cualquiera de los participantes en la experiencia de aprendizaje.

 

3.    Aprendemos diferente: existen diferentes tipos de inteligencias, maneras de aprender y ritmos de aprendizaje, por lo que, es importante crear espacios para el desarrollo de las mismas. Entre más sentidos se involucren al momento abordar un contenido y entre más se pueda relacionar lo nuevo con lo que ya sabemos, se genera un mayor aprendizaje significativo, el cual tiene menos posibilidades de ser olvidado. Desde la danza podemos abordar el proceso de lecto-escritura, la física matemática, estudio anatómico, habilidades sociales, la autoconfianza, aprendizaje colaborativo, solo por dar unos ejemplos.  

 

4. Experimentar el logro: como mencioné antes, todavía nos encontramos en una transición pedagógica, por ello, estamos acostumbrados a señalar los aspectos a mejorar con mayor énfasis de aquello que, en efecto, hemos alcanzado. Por esto, nos celebramos poco y el error tiene un gran peso negativo al aprender. Cambiar la visión fatalista del error a algo necesario para mejorar y celebrar los triunfos, permite desarrollar la autoconfianza necesaria para aprender con éxito.  

 

Dirigir procesos de aprendizaje debe significarnos el reto de levantar personas, de buscar caminos para que desarrollen su máximo potencial. Por lo tanto, no pueden haber fórmulas rígidas y es necesario que estemos dispuestos a cambiar y contextualizar lo que hacemos. Así, la danza puede llegar a ser una herramienta muy útil en nuestras manos, para que más y más personas puedan abrir una puerta donde muchas otras se cierran. 

 

 

 

 

Foto con carácter ilustrativo. Tomada en el taller impartido por Jeongho Nam, en el marco de la segunda edición del festival [] Paréntesis Espacio de Danza de Danza Universitaria.