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40 años de Vida: la Compañía Nacional de Danza y Pepe Hevia por Adrián Figueroa

Como una montaña rusa, me llevó por distintos niveles, me paró los pelos y luego me dejó respirar, para digerir.

por Adrián Figueroa

Intérpretes: Lorenlaine Varela, Roxana Coto, Xinia Vargas, Miriam Lobo, Wendy Chinchilla, Tyron Guardado, Camila González, Carlos Soto, Pablo Caravaca, Tamara Otárola, Fabio Pérez, William Retana. Diseño de Vestuario: YOVESTUARISTA y Pepe Hevia. Diseño de Iluminación: Luis Romero y Pepe Hevia. Diseño Espacial: Ronald Araya y Pepe Hevia.

 

 

Es de admirar que una institución artística, en tiempos tan convulsos social y políticamente hablando, se mantenga viva, respirando y siendo novedad siempre en su ámbito, después de tantos años. Son cuatro décadas que la Compañía Nacional de Danza se ha mantenido vigente en el imaginario y referente del público, del sector profesional y del sector académico, por su trabajo de producción escénica, su labor social comunitaria y por su constante aporte al sector independiente. Especialmente cuando la cultura de nuestro país, se mantiene siendo un blanco de tiro en momentos de crisis.

 

Cuando me enteré de que Pepe Hevia montaría el espectáculo de aniversario, vino a mí el recuerdo de hace 6 años, mientras fui bailarín de la CND y viví una de las experiencias más enriquecedoras de mi carrera, cuando se creó la obra Cuerpo Translúcido de él mismo. Esta marcó una forma de trabajo interno manejado en el grupo. Esa experiencia que, actualmente, muchos profesionales de la danza independiente también hemos podido experimentar gracias a la estrecha relación que se ha generado entre Costa Rica y Pepe Hevia, ha hecho una reinterpretación y una reafirmación del trabajo con compromiso y el valor de los detalles en la composición coreográfica. Sin desvalorizar el trabajo que hacemos en nuestro país, considero que estos elementos han perdido fuerza, con cada generación, por la falta innegable de herramientas teóricas y prácticas, que se han dejado de transmitir. Son pocos los espacios que nos dan acceso a la formación coreográfica. Además, esta no siempre viene de la educación formal, lo que deja nuestro hacer a merced del instinto.

 

Vida es un trabajo que, desde su arranque, comenzó a ofrecerme información para disfrutar y para interpretar. Un espectáculo que quiso homenajear a la trayectoria de la CND, partiendo de una historia, con un contenido humano, social, político y cultural muy relevante desde sus inicios. También, acompañado de un contexto actual, que refuerza sus raíces, luchando por la permanencia, desde las tablas, en escena y como mejor puede hacerlo la CND, desde la calidad artística.

 

Un escenario totalmente blanco, que apenas dejaba salidas para los cuerpos, con una gran profundidad desde el piso hasta el cielo del teatro, como siendo un lienzo en blanco a punto de ser intervenido. 12 cuerpos, desde su heterogeneidad y su fortaleza personal, comienzan, poco a poco, como pinceles, a intervenir aquella escena, dándome imágenes tan sutiles como contundentes. Me fui sumergiendo en un mundo de ilusiones y metáforas, que me despertaban todo tipo de sensaciones. El espacio fue clave para que todo el trabajo, desde su estructura compositiva, espacial y corporal, tuviera su lógica. Eso  me gusta mucho de la obra coreográfica de Pepe, pues recurre a la limpieza espacial para provocar que el espectador construya su propia interpretación.

 

Pinceles que, conforme trascendía la obra, se iban convirtiendo en brochas de mayor calibre y que me ofrecían, junto a la propuesta dramática, una serie de matices, que me hacían ir y venir. Vida, definitivamente, no falla en ese sentido. Pepe logra que la obra genere por sí sola un viaje, con todos los altos y los bajos que la vida misma nos propone. Me mantuvo atento en cada minuto, hasta alcanzar un clímax que como público agradecí. Como una montaña rusa, me llevó por distintos niveles, me paró los pelos y luego me dejó respirar, para digerir.

 

Los intérpretes de la CND se mostraron muy comprometidos con la puesta en escena. No hubo uno al que no le sintiera una fuerte presencia y potencia escénica. Sin embargo, no son todos quienes logran realmente compenetrarse al ritmo de la propuesta. Vida es una interpretación de historia, de pasión, de herencia, de las raíces del nacimiento de la CND. No considero que todas las interpretaciones llegaran a compenetrarse a ese nivel. Cada uno tuvo su momento para brillar, aunque no todos supieron aprovechar la oportunidad. A pesar de eso, vi a la Compañía disfrutar y defender con sus cuerpos, la historia que les precede.

 

Quiero destacar el trabajo de Wendy Chinchilla quien, claramente, fue una musa para Pepe en su creación, representando ese estado del tiempo, en el que para un bailarín, que alcanza la madurez de su cuerpo y de su mente, la danza trasciende y se vuelve un acompañamiento de vida. Cuando la técnica, las tendencias y la vanguardia son solo estados, te conviertes en un poseedor, tanto de la frescura y vitalidad de un joven intérprete, como de la promesa del tiempo hecho experiencia y fortaleza. Su interpretación fue potente, seductora y sensible.

 

Camila González me sorprendió con el empoderamiento que mostró en su interpretación. Muchos de los momentos que más disfruté, fue observándola y admirando su limpieza, su cuidado en el detalle y su frescura. Creo que Camila está en un momento importante de su carrera y, poco a poco, va descubriendo su propio yo escénico. Lorenlaine Varela hizo otra de las interpretaciones que llamó mi atención. A "Mamita", como conocemos a Lorenlaine, le pude disfrutar desde un espacio tan íntimo y tan revitalizante, al ver a una bailarina madura, dándole sentido en escena a lo que siempre nos preguntamos con respecto a la edad de la danza, no hay mejor forma de respondernos, al saber que somos dueños de nuestros cuerpos y de nuestras posibilidades y que en el disfrute está la vida. La participación de Mamita se tradujo en uno de los momentos brillantes de la obra, por su apropiación y frescura en escena, así como  por hacer de su danza tan personal, una piedra pulida.

 

Los colores destacados de la obra fueron el verde y el rojo, que predominaron en los vestuarios. Para mí tuvo un significado muy importante. Durante toda la pieza, la tónica utilizada estuvo entre pantalones de vestir, camisas de manga larga y botones, faldas cortas, sacos, pantalones cortos y hasta torsos desnudos, lo cual me generaba un ambiente neutral, que permitía que los cuerpos se fundieran entre el movimiento y el espacio. La primera parte del espectáculo, con predominancia del verde, me trasladó a un punto de partida, en el que el origen de las cosas, la herencia y las raíces se hacían presentes. Muy de la mano con el nacimiento de la CND, lo que rinde homenaje a todas aquellas personas que sentaron las bases de esta institución desde su fundación e, incluso, antes. El rojo y otros colores derivados fueron protagonistas de la segunda parte, generando un ambiente de pasión, de entrega y de vitalidad. Referente de sangre, sudor y sacrificio, pero, también de amor y calidez. Los diseños, aunque lucieron precisos, en algunos intérpretes creo que no fueron bien escogidos, desluciendo su estancia en escena.

 

Durante el desarrollo de la obra se utilizaron dos videos. Uno de ellos hacía referencia al trabajo de la CND y el paso del tiempo, al mostrar imágenes de obras de repertorio, de ex miembros de la CND y de los presentes. El segundo nos mostró imágenes, también del pasado, pero, de aquellas influencias históricas de la danza universal, quienes son referentes de la danza costarricense, como Martha Graham y Pina Bausch, entre otros. Esta intervención audiovisual logró, de forma muy adecuada, completar el concepto que Hevia quiso plasmar de la obra, dando sentido al valor del paso del tiempo, en la construcción de la vida.

 

Un detalle con el que no logré hacer conexión fue la intervención de una de las bailarinas durante la proyección de este último video. Creo que fue un elemento innecesario para generar, lo que ya de por sí, estaba logrando, tanto el cuerpo de baile como el video. Durante la proyección, una de las imágenes fue de la maestra Alemana Pina Bausch, interpretando uno de sus personajes en la obra Café Müller. En ese mismo momento ingresa Camila González a escena, para recrear la imagen del video. Aunque me pareció un recurso totalmente explotable y muy rico para utilizar en una obra bajo otro concepto, quedó muy aislado de lo que estábamos presenciando. 

 

Es rico cuando logro ver algo en escena que reúne elementos tan integrados; cuando espacio, cuerpo, movimiento, color, vestuario, música e iluminación se condensan para darnos una textura que hipnotiza. Referente a estos dos últimos elementos, quisiera señalar que, Pepe Hevia logró generar, con la banda sonora, un ambiente absolutamente controlado y preciso, que me mantuvo atento y me llevó, poco a poco, a un clímax. A pesar de esto, quiero mencionar que hubo un momento durante la escena verde, –me gusta llamarla así– que me pareció  un poco largo, pues percibí la música algo monótona. La iluminación fue justa para mi vista. Cada cambio de luz me proponía un punto de atención distinto, lo cual permitió que, aunque hubiera tanto movimiento, escenas, contra escenas y tantos cuerpos actuando, a la vez, pudiera enfocarme en lo absolutamente necesario y disfrutar sin sentirme aturdido.

 

Vida es un espectáculo que refrescó mi atención hacia la danza. En Costa Rica producimos cosas muy atractivas. Además, contamos con una mixtura increíble de propuestas escénicas, de cuerpos en escena, de tendencias, estilos y de formas de pensar sobre la creación. Creo que aún podríamos entrar en un ambiente de más rigurosidad. No me refiero a la perfección, hablo, más bien, del cuidado de los detalles y de la honestidad con la que creamos y entregamos nuestros productos al público. Creo que tenemos el recurso y ya se ha demostrado en otros momentos. ¡¡Vayamos hacia allá!!

 

 

Fotógrafa: ITXN Photo Obra Vida de Pepe Hevia para la Compañía Nacional de Danza de Costa Rica.