«Oh My Glass»: malaFAMA, botellas y disfrute

Después de 5 años de no ver a malaFama en las tablas, puedo decir que disfruté muchísimo de su propuesta. 

El sábado 30 de octubre asistí al espectáculo de la agrupación independiente malaFAMA a ver la coreografía Oh My Glass de Manu Fernández en Heredia. Fue en el 2016 la última vez que vi a esta agrupación presentarse por lo que estaba expectante de lo que estaba a punto de presenciar.

Al entrar al lugar, los asistentes fuimos recibidos de forma cálida y familiar. Los y las artistas se encargaron de darnos la bienvenida y acompañarnos en la previa a la función. Esto estableció un ambiente tranquilo y de disfrute entre los presentes esa noche.

El espacio era un garaje largo con piso de cemento. Al final de él, estaban colocadas montones de botellas de vidrios con luces en el suelo, y las sillas del público alrededor de ellas. Las botellas sirvieron de escenografía y de elemento separador entre el público y el escenario ya que el diseño espacial formaba una gran u, lo que dejaba un espacio amplio en el que se llevaría a cabo la pieza. 

Así mismo, las botellas estaban colocadas de forma inteligente y creativa, creando diferentes formas y estructuras, que al mismo tiempo causó cierta tensión y suspenso de que alguna se quebrara con el pasar de la coreografía. Además, al estar sentados tan cerca de la instalación, debíamos tener precaución de no botarlas con algún acomodo. 

Los bailarines y las bailarinas utilizaron prendas en las que predominaron los colores marrones y grises oscuro en piezas como pantalones holgados y de vestir, camisas al cuerpo, crop tops, sacos abiertos y tennis. El maquillaje brindó un poco de color al usar delineadores con colores brillantes como rojo y azul.

A nivel interpretativo debo decir que la interpretación no fue un fuerte en la pieza y en su mayoría las hallé superficiales. No obstante, resalto el crecimiento interpretativo y técnico de Álvaro Murillo quien mostró un gran manejo de su energía y fluidez escénica, en especial en la escena en donde bailó detrás del público y las frases grupales. Así mismo, Yul Gatjens -director de la agrupación- hizo notar su gran expertise y conocimiento en a técnica de lip sync y Mariela Argüello quien también se hizo notar en esta escena, demostró su gran capacidad interpretativa a lo largo de la pieza.

Destaco la labor de Fernández al poder mantener la línea artística de la agrupación, sin sacrificar su percepción coreográfica. 

Conforme Oh My Glass fue avanzando, el despliegue de movimiento se fue desarrollando. Inició con matices sutiles, introspectivos y suaves y finalizó con movimientos más periféricos y cargados de energía. Destaco la labor de Fernández al poder mantener la línea artística de la agrupación, quien está caracterizada por lenguajes de movimiento queer, sin sacrificar su percepción coreográfica. 

Una escena que resultó muy atractiva para el público fue la entrada del carro al espacio, que no solo ayudó a complementar el ambiente de fiesta que se buscaban evocar en ese momento de la pieza, sino que también permitió explotar al máximo las posibilidades que El Spot brindaba. Al contrario de esta escena, la construcción de la estructura de vidrio me resultó muy larga lo cual hizo que la atención del público disminuyera considerablemente.

En lo que respecta al diseño musical, las canciones y piezas musicales elegidas para la coreografía mostraron relación con las escenas en cuestión de movimiento e idea, sin embargo, como diseño general de la coreografía, no funcionaron bien. Al analizarlas en conjunto como una sola pieza, no mostraron cohesión entre sí. Incluso, dio la impresión casi como si se hubiesen trabajado cada una por aparte y luego nada más se unieron.

Por otra parte, un aspecto que como público agradecí, fue la utilización creativa del elemento de las botellas. Fernández se aseguró que no estas no solo hicieran alusión al nombre de la pieza Oh My Glass, sino que también fueran el elemento principal. Las supo explotar en distintos momentos y de diversas formas como en la frase de movimiento grupal en la que cada intérprete sostuvo una en sus manos o al crear la estructura de vidrio final. Pero mi uso favorito del elemento fue con las luces ya que utilizaron focos y los encendieron a través de diferentes botellas de distintos colores. Esto proyectó luces de diversos colores como verde, azul y rojo por todas las paredes del lugar, que transportaron al público de ese espacio cementado a muchos otros ambientes.

Fotografía cortesía de malaFAMA. Fotógrafo: Esteban Chinchilla

Después de 5 años de no ver a malaFama en las tablas, puedo decir que disfruté muchísimo de su propuesta. Distingo el trabajo coreográfico de Manu Fernández -con quien estoy más familiarizada por su trabajo como bailarín y vestuarista- al crear una pieza que calzó a la medida con la esencia de esta agrupación tan peculiar. Así mismo, destaco la compenetración grupal desplegada por cada uno de los y las artistas en escena; reflejaron no solo el cariño que se tienen entre sí y con la agrupación, sino también para con su público.