«El Crimen Nuestro»: una obra sobre mi familia… y la tuya

Entre más rápido nos demos cuenta que esta temática es letal y diaria en nuestra sociedad y país, podremos comenzar a de construirnos, educar mejor a las futuras generaciones y evitar muertes.

Después de mucho tiempo de no sentarme en las butacas de un teatro, el domingo 8 de agosto regresé y por un breve momento, todo se sintió de vuelta a la normalidad. 

Asistí al espectáculo El Crimen Nuestro, obra escrita por Kyle Boza y co-dirigida por él mismo e Iván Álvarez, para la Compañía Nacional de Teatro en coproducción con el Teatro Universitario en el Teatro de la Aduana Alberto Cañas. Esta es una obra adaptada de la coreografía El Crimen Nuestro de Cada Día de Gustavo Hernández, que montó para Danza Universitaria en el 2003.

Me hubiese gustado escribir esta reseña comparando ambos trabajos, encontrando similitudes, referencias y detalles particulares de cada una. Sin embargo, no he tenido la oportunidad de ver la pieza coreográfica de Hernández, aunque esto no me quita las ganas de compartirles lo vivido ese domingo.

De paso me disculpo por no escribir los nombres de los personajes o sus intérpretes. El programa de mano estaba en código QR y no lo descargué a tiempo.

Al entrar a la sala, los y las intérpretes ya se encontraban en escena. El ambiente estaba denso y silencioso. Se percibía tensión en el aire; estábamos prontos a presenciar un crimen.

El escenario parecía sacado de una película de Tim Burton; un estampado en la pared de atrás, un par de mesas, un par de sillones, un armario, un televisor, una refrigeradora vieja y herrumbrada, sillas, un inodoro viejo y sucio, una banca para rezar, entre otros elementos, automáticamente me ubicaron en el interior de una casa.

El vestuario y maquillaje tiraron notas emo en los que predominaron los colores terrestres: marrones, negros, verde musgo y vino oscuro. Todo en conjunto exhalaba una sensación de viejo, añejo, descuidado y lúgubre.

La obra inicia y poco a poco se van revelando las personalidades de los y las personajes, así como las dinámicas entre ellos. Comienzo a sentirme incómoda, disgustada, enojada, impotente y triste. Me percato que todos estos sentimientos están saliendo a flote por una sencilla razón: estoy viendo mi familia y gran parte de mi vida en las tablas.

Podría apostar que no fui la única que se identificó con lo expuesto en escena. Esta obra es una representación de las familias costarricenses, en las que el machismo y el patriarcado vienen a ser bases de su construcción y herencia. 

Pudimos presenciar dos familias, la primera compuesta por una madre religiosa extremista, esforzada en instruir a sus tres hijas para convertirlas en amas de casa “decentes”, obedientes a Dios y sus esposos. La segunda comprendida por una madre libertina y sus tres hijos, criados -casi que- inevitablemente a convertirse en machitos agresores. 

Fotografía tomada de Facebook. Fotografía de Laura Rodríguez, ODI, UCR

Como podrán imaginarse, no hay padre presente. Sin embargo, se habló de él con alta estima y respeto. Este ente venerado, merecedor de toda admiración solo por haber provisto su esperma, porque, claro, si hay algo mal en la crianza de los hijos o dinámica del hogar la culpa la tiene la madre porque “ese es su trabajo”.

De los 8 personajes actuados, quiero hacer hincapié en dos interpretaciones en particular: la del hijo mayor y la madre religiosa. El hijo mayor utilizó gestos morbosos y expresiones realmente vulgares, las cuales resultaron chocantes. Pude ver en él los hombres que realizan acoso sexual callejero, al compañero de trabajo que invade el espacio personal, al mae con el que se tiene una cita y espera sexo a cambio por la cena. 

Por otra parte, la madre religiosa utilizó frases que hasta se prestaron para comedia (no sé si esta habrá sido la intención), pero solo aquellas que hemos crecido en un hogar religioso sabemos la maquinación que esto produce en nuestras mentes. Ella reflejó a aquellas religiosas que madrugan para orar, inflexibles en temas como la maternidad, religiosidad y matrimonio, con aires de superioridad por su relación con Dios pero al final, agresoras o perpetuadoras de agresión. 

¿Por qué me detengo en estos dos personajes? Ambas interpretaciones las hallé predecibles y superficiales, pero no por eso me detengo, porque como sabrán el Teatro no es mi especialidad y aún no me atrevo a emitir una crítica en este tema. Hago hincapié porque estas representaciones son importantísimas para poder reconocer este tipo de personas en nuestras vidas. 

Ambos utilizan el machismo, el patriarcado y la religión para manipular, y es un lugar muy concurrido por mujeres que fuimos criadas bajo familias similares a las de “El Crimen Nuestro”. Considero que se pierde una gran oportunidad de educación para el público al no involucrar otras interpretaciones más sutiles en personajes de este tipo. 

Es imperante conocer que los hombres agresores y machistas, no siempre utilizan lenguaje obsceno o gestos vulgares. Muchas veces, su manipulación casi imperceptible y se disfraza de ánimos de protección y apoyo, pero en el fondo la agresión está latente. Igual sucede con la religión -algo de lo cual puedo dar amplio testimonio- se enmascara de salvación, ayuda, camino a la iluminación, pero es un sistema opresor y manipulador… en especial, para las mujeres.

Conforme se desenvuelve la pieza siento, cada vez más, que es una cruel broma basada en mi familia, en mis traumas y en las dinámicas tóxicas y agresivas con las que crecí. Logro identificar frases que me han dicho mis padres, dinámicas de tías y primos, acciones de familiares lejanos y solamente puedo preguntarme: “¿cómo logré salir de ahí?”. 

Cuando ocurre el asesinato, me es inevitable pensar “esa iba a ser yo”. No tengo la menor idea de lo que sucedió en mí que me permitió escapar de esa realidad a la que parecía estar inequívocamente destinada a vivir. Seguidamente pensé “no todas han tenido mi suerte”.

Fotografía tomada de Facebook. Fotografía de Laura Rodríguez, ODI, UCR

Después de re abrir mis heridas por casi hora y media, con los ojos llorosos celebré que así como la hija menor que cierra la obra huyendo con la maleta en su mano, así escapé yo de mi mortal futuro.

“El Crimen Nuestro” es una obra sobre mi familia. “El Crimen Nuestro” es una obra sobre tu familia también. Entre más rápido nos demos cuenta que esta temática es letal y diaria en nuestra sociedad y país, podremos comenzar a de construirnos, educar mejor a las futuras generaciones y evitar muertes. Ajá, así como lo leíste. Evitar muertes.

Y si sos hombre leyendo esta reseña, te recuerdo que el machismo y patriarcado no solo afecta a las mujeres, también te afecta a vos como hombre. 

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