Un café con Roxana Coto

A finales de julio, Javier Jiménez, miembro de nuestro equipo, me extendió la invitación de ir a ver el espectáculo en homenaje a la bailarina de la Compañía Nacional de Danza, Roxana Coto. Roxana, será la primera mujer, en la historia de la danza en Costa Rica, en retirarse como bailarina (¡aplausos por favor!). Definitivamente, tenía que entrevistarla.

 

Al llegar a la cafetería, veo que Roxana está sentada a la par de una mujer joven, y ambas platicando, felizmente, con la fotógrafa de la revista, esta mujer era María José, su segunda hija. Pensé, “entre más, ¡mejor!”, y resultó perfecto, porque por ser el mes de agosto, parte de la entrevista estaba dirigida a Roxana en su faceta de madre.

 

Les adelanto un poco de lo que están a punto de leer. No es una entrevista como las que solemos hacer. De hecho, llegó un momento en esa tarde de café, que dejé de sentir que era una entrevista y se convirtió en una hermosa conversación entre Roxa, María José y yo. 

 

 

Me gusta comenzar las entrevistas con un poco de la biografía, por aquello de que algún lector no sepa quién es Roxana Coto. 

 

R: Todo, ¡menos la fecha de nacimiento!

 

¡Jamás! Cuéntenos sobre usted, ¿quién es Roxana Coto?, ¿dónde nació?. La historia de vida.

 

R:Mi nombre es Roxana Coto Troz, nací en San José, estudié en el Conservatorio Castella donde me gradué en Danza y Ballet. Siempre fui clásica, o sea me encantaban las puntas, me las ponía a la una de la tarde y me las quitaba cuando ya nos teníamos que montar al bus. Cuando me gradué, aquí casi no había danza contemporánea. En cuarto año llegó Rogelio López a darnos clase. Rogelio me encantó, hasta la fecha, como persona, respetuoso del bailarín y con un aporte increíble, una suavidad de movimiento y eso como que me gustó mucho porque yo amaba a mi profesora de ballet, Olga Franco. Cuando íbamos a salir de quinto año, Rogelio decidió abrir el grupo Danza Cor, que ahora es Danza Universitaria, y todas nos fuimos a bailar con Rogelio.  

 

Cuando salí del colegio, como yo era novia del hijo de don Arnoldo, me quedé dando clases en el Castella y entré a la UCR a estudiar Economía, pero en ese tiempo todos se pasaban a la UACA entonces también me pasé. Además daba clases de aeróbicos en varios clubes privados. En eso me llama Víctor Hugo Fernández y me dice que él sabe que yo era excelente bailarina, que yo le encantaba a mucha gente y que por favor entrara a la Universidad Nacional, porque peligraba cerrar la carrera porque no había quórum, y que me reconocían el primer año. Yo le dije que sí, pero que yo tenía que seguir con las dos carreras. Entonces, iba a la UNA en la mañana, salía para dar clases en el Castella y luego estudiaba Economía en la noche. 

 

Jorge Ramírez me pidió que entrara a bailar con la Compañía de Cámara Danza UNA. Y me dieron el Programa Juvenil Margarita Esquivel, me hice directora del Programa Juvenil Margarita Esquivel y ya era imposible seguir con Economía. Seguí bailando con Jorge Ramírez, que me encantaba porque venía de Ann Arbor con técnica Cunningham. ¡Las coreografías de Jorge Ramírez eran una maravilla! Era la persona más ordenada y nos obligaba a estar nítidos, maquillados perfectos, limpios, o sea jamás podíamos llegar despeinadas, ni con colores muy extraños. Entonces, hasta ahora, siempre llego divina, maquillada, a hacer clase. Con Jorge aprendí muchísimo, bailé muchísimo hasta que me casé y quedé embarazada. 

 

Bailé embarazada, bailé de cinco meses de embarazo pero no podía decir. Me acuerdo que yo le dije a Nanda: “diay Nanda, vestite igual que yo, si a mí me pasa algo, yo me salgo de escena  y entrás vos”. Un año después de que nació mi hijafui a hacer la audición con la Compañía Nacional de Danza y me aceptaron. 

 

Yo era muy sola, mi papá se murió cuando yo tenía ocho años, el amor de mi vida, mi abuelita, se murió cuando yo estaba en la UNA, el perro que amé se murió; yo soy hija única y sufrí demasiado. Mami era trabajadora social y viajó demasiado, era como la representante del BID, entonces nunca estaba. Yo siempre decía que quería tener un montón de hijos; tuve cuatro, dos mujeres y dos hombres. 

 

En 1997, quedé viuda. Estaba bailando lo de Marcela y dije “yo voy al novenario y luego a la Compa, yo bailo”. Bailaba y yo decía “yo he sufrido mucho en esta vida, yo no voy a permitir que ellos (mis hijos) sufran. Yo no voy a ser de esas que viven pensando en la muerte quince años después”. Yo iba a hacer clase y me arreglaba bonita, toda la gente de la Compa estaban todos los días conmigo, seguro del pánico que yo me tirara de un puente.

 

Después de varios años pensé que había que hacer algo más en la danza, hablé con Elsa Flores y abrieron la maestría en la UNA y me metí. Empecé a dar clases a chiquitas en el garaje de la casa y terminé la maestría como primer promedio.

 

 

¿Cuál fue su primer contacto con la danza?

 

R: Como con 4 años, mi mamá me llevó a clases con, ¿sería Flor del Carmen Montalbán?, no me acuerdo quién era, yo era muy chiquita, ni estaba en el kínder. Iba a entrar al Metodista porque quería estar con mis primas que estaban ahí, pero mi mamá decidió meterme al Castella porque esta profesora le dijo que yo era muy flexible y que iba a ser clásica, porque no había danza contemporánea. ¡A mí me encantó el Castella!

 

¿Por qué decidió hacer la audición para la CND? ¿Entró como parte del elenco estable?

 

R: Cuando nació María Fernanda, en el día, yo hacía nada. Entonces cambiaba el cuarto de un lado para el otro y con María Fernanda alzada, para hacer algo. Mi cuñada, Inés, que es psicóloga, me dijo: “vea tía Ro, (ella me ha dicho tía Ro toda una vida), a mí me da miedo que vos relacionés tu matrimonio o incluso el nacimiento de tu hija con haber dejado de bailar, has bailado toda una vida». Pero como yo soy tan histérica como mamá dije: “no, yo no voy a dejar a María Fernanda con nadie.” Entonces me dijo: “hagamos un trato, contratemos una niñera, yo dejo de trabajar medio tiempo y te cuido a María Fernanda, de por sí, es mi ahijada. El horario es de 9 de la mañana a 2 de la tarde, yo a esas horas en todo caso puedo atender visitas aquí en la casa de mamá”. Entonces sólo así, yo acepté. Pobrecita, y ella tenía tres hijos. Entonces me dijo que me fuera a hacer la audición, pero diay, ya tenía un año y medio de no bailar. 

 

La Compañía estaba por donde está ahora la Corte, me quedaba muy cerca de la casa. Cora Flores estaba como directora, era una maravilla, un ambiente muy lindo. Entonces me voy a hacer la audición y yo dije, lo que me salvó fue la clase de elasticidad que tengo, que no la perdí nunca. Hice la audición y la gané. Yo con una gran pena en la UNA, porque en la UNA me estaban esperando a cuando yo quisiera regresar. La Compañía me quedaba súper cerca, yo me iba caminando, en el recreo iba a ver a mi hija, le daba pecho y regresaba. Así, me quedé en la Compa. 

 

Estando en la Compa, quedé embarazada de María José (segunda hija) pero yo era contratada en la Compa, sin seguro, sin aguinaldo, sin nada, entonces Cora Flores, que era y es súper humana, una bailarina lindísima, una directora maravillosa, habló con Cachicho, Cachicho habló con el Ministro de Educación, entonces lograron que yo me fuera a dar clases al Castella para asegurarme que naciera María José, por cualquier cosa. Tengo 32 años de estar en la CND. Cora logró que nos dieran plaza fija, que significaba tener los derechos de todos los trabajadores. 

 

De todos los cambios en los que se ha visto envuelta la CND, a lo largo del tiempo, ¿cuál ha sido el que más le ha afectado y por qué?

 

R: Positivamente, la CND ha hecho que seamos absolutamente vulnerables a nivel de danza. Tenemos una capacidad de bailar todo lo que nos ponen. La gente independiente escoge lo que quiere bailar, a nosotros nos toca. He bailado salsa, hip-hop, he hecho teatro, he entregado flores, hasta he acompañado a Oscar Arias, ¡solo me falta porrismo!. El coreógrafo que llega ya fue escogido sin preguntarnos a nosotros. La gente que no logra adaptarse se va. He aprendido mucho de muchas cosas.

 

Lo negativo es que se ha burocratizado muchísimo el arte. La vez pasada las costureras no podían coser un vestuario porque no les había llegado la orden, o una vez se nos varó un bus para ir a Guanacaste y se canceló la gira porque había que presentar todos los papeles de nuevo, porque había que hacer otra licitación. Se ha perdido esa flexibilidad, hay que cumplir horario y nos quitaron los parqueos. La flexibilidad que tenía el arte se ha perdido, se ha burocratizado el arte y eso va en crescendoPor ejemplo, cuando mis hijos salían a vacaciones yo me los llevaba a la Compa, ¡nos dejaban! Sobretodo de Marcela Aguilar que era una maravilla, ella me decía: “andate, andate, prefiero una bailarina tranquila y feliz”, ahora no se podría. Pero Marcela ponía un ensayo sábado y domingo y todos íbamos, ¡era una buena comunicación! 

 

¿Cuál ha sido la coreografía que más ha disfrutado bailar? 

R: Divina Resiliencia de Javier Jiménez. Ha sido un proceso demasiado transparente y hubo mucha comunicación, yo creo que así debería ser siempre. Fue una investigación de cinco o seis meses, lo agradezco muchísimo porque fue una terapia. Javier es una persona muy clara, concisa y concreta, entonces como que me ubicaba. Es una obra con un proceso muy fuerte y muy comprometido, hubo bailarinas que me dijeron:“esa es toda tu vida en una coreografía.”

 

¿Cuál ha sido una gran lección que le ha dejado su carrera en la danza?

R: Una resiliencia bastante fuerte. Un amor a todo, a mis hijos, al arte, a la naturaleza. También a tener paciencia y aprender a esperar. 

 

Compártanos un par de aspectos no sepamos sobre lo que implica pertenecer a una compañía estatal. 

R: Las letritas pequeñas del contrato es algo que le puede costar mucho a los independientes: hay que ser obedientes. Al ser empleado público te asignan un papel y no podés decir que no, o te agarran entre ojos y te dejan en banca como a Keylor Navas. 

Cada vez hay más trabas. Antes yo podía pedir los sillones del despacho de la Ministra para las actividades, ahora ya no se puede. Ahora prefieren que bailemos con el teatro vacío antes que cobrar barato por las entradas para que vaya mucha gente.

 

Cuéntenos sobre su retiro. ¿Por qué tomó esta decisión? ¿Cuándo se hace efectivo?

R: Bueno, para estar con mis perros, mis chiquitos y con mi esposo. Siento que ya cumplí una etapa. También, ya tengo las cuotas para pensionarme, hoy me iban a dar la fecha exacta pero no pude ir. 

 

La ilusión era que mi plaza se la dieran a alguien más, pero con la nueva ley, ya no se puede. La idea era que uno estaba en la Compa y pasaba al Taller Nacional de Danza, pero se divorciaron entonces no tenemos para donde irnos. Nosotras tan viejas, ahí, bailando, a mí me encanta porque de largo dicen “¡qué divinas!” pero cuando salimos seguro dicen “¡son señoras!”, porque de largo uno no aparenta. Cuando bailamos Las doncellas yo decía “somos las abuelastras”. Hay cosas para las que ya te ves grande, ¿me entendés?. Hay que darle la oportunidad a la gente más joven. Hace diez años que quiero irme y darle espacio a gente joven.

 

¿Cuáles son sus planes o próximos proyectos?

R: Quiero ir a pasar tiempo en la finca, tenemos una casa de campo en Orotina, al frente está la escuela que tiene el nombre del papá de mi suegra. Quiero dar clases, en hospicios y asilos de ancianos. 

 

No entiendo por qué no han hecho más Castellas, siento que el arte es muy elitista, especialmente el ballet es inaccesible. Una clase no te cuesta menos de 15mil colones más el leotardo, mallas, zapatillas, etc. Eso es lo que tiene Javier, 30 – 40 chiquillos en riesgo social a los que él les da clases y entonces tienen una motivación para vivir. A mí me encantaría hacer un conservatorio, que mis amigos den clases gratis una vez a la semana y que la gente tenga acceso al arte. Yo no sé cómo se hace, pero me encantaría que la gente conozca el danza y el ballet de una manera accesible.

 

Eso es lo que quiero, y adoptar miles de perros… y me matan los bienes raíces. ¡Muero por vender casas!

 

 

¿Cuál es su secreto para mantenerse activa por tanto tiempo en la profesión?

R: La magia del bailarín está en estirar y la disciplina. 

 

Tenés que vivir un día a la vez y ser súper disciplinado en todo sentido, comidas, entre otras cosas. Es un compromiso y una exigencia. Nada es a medias, lleguen temprano, 15 minutos antes, estiren, no falten, tengan una obediencia a la persona en frente, respeto, absorban de la gente que tiene más conocimiento que ustedes. Se me ha hecho la vida muy linda porque nunca se me ha hecho aburrida. 

 

Comprometerte con lo que querés comprometerte. Por eso he durado tanto en la Compa, porque estoy consciente de lo que hago y trato de ver cosas diferentes cada día. 

 

¿Cuántos hijos tiene? 

R: 6 hijos. María Fernanda tiene 33 años, María José 30 años, Allen 26 años, Javier 26 años, Juan Pablo 22 años, Julián 22 años. Allen y Juan Pablo son mis hijos de mi segundo esposo, Juan Bautista a quien admiro y amo con toda mi alma y corazón, y a quien agradezco que haga aún más felices nuestros días.

 

¿Qué es lo más lindo y lo más duro de ser madre?

R:  Lo más lindo, es ser madre. Ya lo dije, hubiese podido tener 8 hijos en total. El hogar es de las cosas más lindas, estar con ellos, estar en la familia, planear cosas juntos, verlos crecer y hacer sus cosas. 

 

Lo más duro fue dejarlos. Cuando iba de gira y tener que dejarlos, fue de lo más duro. 

 

¿Cómo ha sido ser una madre bailarina?

R:  ¡Una maravilla!

 

María José, ¿cómo ha sido tener una mamá bailarina?

MJ: Mi mamá ha sido tantas cosas… yo no creo que pueda separar una: ha sido mamá y papá, mamá bailarina, mamá de maestría, mamá estricta, mamá re amorosa; yo diría que mi mamá es el paquete completo. Yo creo que ella nació para ser mamá, lo ha hecho excelente, todo lo que ha hecho ha sido alrededor de ser mamá. Tiene tanto en su corazón y tanto que dar, es un excelente combo porque es sumamente disciplinada y pero, a la vez, abierta a cosas al mismo tiempo. Mi mamá siempre está, en todas las actividades de todos nosotros.

 

¿Qué le quiere decir a las madres que leen esta entrevista?

R:  Por favor, nunca desconfíen del corazón y de las emociones. Creo que la bondad, la ternura, el amor y la paz son de las cosas más lindas que se puede tener en una sociedad. Si educás, si abrazás, si discutís, siempre hay bondad. Aunque no estés bien, si hay una ternura, eso es lo que te va a devolver la vida. 

 

Le recomendaría a las mamás, aunque tengan hijos chiquititos, háganse metas cortas pero lindas: ir a ver perros, ir a sembrar, andar de la mano, entre otras. Porque sino la vida se te vuelve muy fuerte, ¡ya de por sí la vida es rara!.

 

¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

R:  Tomar vino con mi esposo. Estar con mis perros y los gatos. Ahora me fascina ir a la finca porque estamos remodelando y pintando. Me encanta meterme en la tina a leer la Biblia y oír música electrónica. Me encanta el feng shui y siempre ando por la casa con unos chunchillos para medir la energía. 

 

¿Cuántos perros y gatos tienen?

R:  Tenemos 5 gatos y 5 perros, que duermen conmigo. 

 

María José, describa a su mamá con 3 adjetivos.

MJ: Podría usar demasiadas palabras para describir a mi mamá. Cuando pienso en mi mamá pienso en amor, resiliencia, esfuerzo, seguridad, paz, confort. 

 

Si fuera algún plato de comida, ¿cuál sería?

R:  Sería una torta chilena, de Spoon. 

 

Si pudiera vivir en cualquier país del mundo, ¿en cuál viviría?

R:  En Francia, en París. Yo amo París.

 

Describa su día perfecto.

R:  Mi día perfecto es amanecer con todos mis hijos. Yo soy contraria a todo el mundo porque mis hijos siempre han dormido conmigo, ellos, más los perros, más mi esposo. Rezando todo el día, me encanta ir a misa, me encanta rezar el Rosario. Me encanta la finca, estar en la tina con la electrónica. Estar en el bar de la casa con mi esposo, con mis hijos. Todo lo que tengo es para compartir con mis hijos, ese es mi día perfecto.

 

¿Qué le diría a su “yo” de 25 años?

R: ¡Ay!, que haga lo que yo he hecho, que sea mamá. Creo que la paz y el amor es lo más importante. Yo siempre he tratado de hacer lo correcto desde chiquita, autoevaluándome. No criticar, la vida no es hacia afuera, uno tiene que concentrarse a cada rato. Siempre digo lo que pienso, con amor. Yo le diría: “ubíquese”.

 

 

Creo que pocas personas pueden responder la pregunta anterior como Roxa, con plenitud y seguridad de haber vivido la vida que ha querido. Quiero poder llegar a la edad de Roxa (sea cuál sea) y decir lo mismo de la mía.

 

Conocer a Roxa y a María José fue realmente placentero y pasamos un rato muy bonito. Tanto así, que cuando la entrevista acabó, nos quedamos hablando por ¡una hora y media más! 

 

Roxana Coto pasa a los libros de la historia de la danza como la primera mujer en retirarse como bailarina activa, ¡toda una hazaña! Aún más en estos tiempos tan fuertes que nos azotan como país y sector cultural. Pero, marquen mis palabras, no es lo último que sabremos de esta gran artista. Roxa, siempre, se abre camino.