Tensión, ansiedad y humor en «Un día como hoy»

Un día como hoy – Reinas (…en el arte escénico)

23 de agosto del 2019, Teatro de la Danza.

Dirección y coreografía: Grei Quezac y Bryan Chavarría, Intérpretes:Grei Quezac y Bryan Chavarría, Diseño de luces:Tomás Arias, Diseño de vestuario: Susan Ovares Edición musical:Karl Hutt, Asistencia dramática:Daniela Quesada (Blu azul).

 

El viernes pasado fui espectadora de la obra Un día como hoy, y fue una de esas noches en donde me dije “¡qué dicha que vine al teatro!”. Una propuesta creada y dirigida por dos grandes promesas de la danza costarricense: Bryan Chavarría y Grei Quezac. Esta coreografía es el producto de meses de trabajo, investigación y creación, que, definitivamente, como público, pude notar.

La coreografía comienza con un monólogo de Grei Quezac en el que nos lleva por diferentes seituaciones cotidianas y sueños que le causan ansiedad. Admito que no soy fanática de la utilización de textos en piezas de danza, pero este, en particular, me pareció un gran complemento a la propuesta por diversas razones.

Grei acompaña el texto con un lenguaje de movimiento que responde al discurso que realiza. Conforme avanza en su monólogo, sin percatarme, mi mandíbula comieza a cerrarse, mis dientes están apretados y percibo tensión en mi cuerpo. Sus gestos, que denotan angustia, ansiedad, desesperación y frustración, son directamente transmitidos a los que estamos sentados en las butacas. Esta escena, establece, de “buenas a primeras”, la atmósfera de la sala.

En las siguientes escenas, el movimiento predomina sobre la palabra, aspecto que, como espectadora, agradezco. Los bailarines, utilizan la danza como pilar y, el texto, como complemento de la propuesta y no como base coreográfica. En ciertos momentos, las escenas se mantuvieron con la misma intensidad, lo que hizo que perdiera, por unos instantes, mi atención. Sin embargo, rápidamente cambiaban la dinámica y me volvían a capturar con algún nuevo aspecto o detalle; ya fuera un nuevo diseño de luces, una nueva música o algo más notorio, como el cambio de vestuario.

En la indumentaria, prevalecieron los tonos rojizos y azules, utilizaron pantalones, camisas de botones y jackets. En la obrahubieron 2 cambios de vestimenta que sirvieron como elemento para mantener a la audiciencia interesada. Resalto el primer cambio, en el que por unos segundos, hay apagón total y cuando la luz ilumina de nuevo el escenario, los bailarines están, en la misma posición, pero con camisas distintas. Causó un efecto de sorpresa y, definitivamente, mantuvo al público atento a lo que seguía.

Destaco el lenguaje de movimiento escogido e implementado, ya que acompañó, a cabalidad, con la temática deseada a exponer. Fue evidente una investigación de movimiento y una búsqueda del lenguaje apropiado para la propuesta, ya que no recurrieron a los movimientos o recursos, que con anterioridad, los he visto recurrir. 

También, ambos intérpretes demostraron gran soltura, manejo técnico y corporal. Denotaron gran limpieza y virtuosismo en las frases de movimiento y los unísonos, por lo que verlos bailar fue realmente placentero y, en algunas ocasiones, hasta hipnotizante. 

Como intérprete espectadora, no tuve que rebuscar la temática que dijeron proponer pero los monólogos tampoco regalaron la materia, sino que pude concluirla por mí misma. Es un error común, a la hora de utilizar el recurso de la voz en coreografías, revelar el tema sin posiblidad, para el espectador o la espectadora, de otras interpretaciones, pero me alegra decir que Un día como hoy, no cayó en esto.

Quezac no fue el único que utilizó el recurso de la voz. Bryan también pudo experimentar con un monólogo, en el que nos ubicó en un salón de clase con un despotable profesor. A diferencia de la primera escena, en este monólogo, Bryan, estuvo más enfocado en el texto y menos en el acompañamiento corporal. A pesar de que al final de éste, logró situarnos en un gran estado de ansiedad, con una narración que rayaba en trabalenguas, confieso que su interpretación la hallé muy apegada a su persona. 

Grei, en su monólogo, pese a que fue basado en sus experiencias personales, deduje que era Grei interpretándose a sí mismo. Existía una diferencia entre él y su personaje en ficción. En el caso de Chavarría, no hallé diferencia entre lo real y su personaje.

Finalizando la obra, hubo una escena en la que los artistas bailaron, ambos con un short y una jacket abierta, sin camisa por debajo; aquí, la temática no me quedó clara. Inmediatamente después, el cierre de la coreografía consistió, solamente, de una imagen: los intérpretes acaban, en un ataque de ansiedad, respirando en una bolsa de papel. 

Hallé este final abrupto y no pareciera haber sido la intención de los intérpretes creadores. Considero que se pudo haber llevado a la audiencia por un mejor camino al cierre de la pieza, ya fuera unificando las escenas en una sola o acortando la de las jackets. Les recomiendo re pensar un poco este final para que sea como “colocar la cereza del pastel”. 

Un día como hoy es una obra cargada de tensión y zozobra, con rasgos de humor y experiencias en las que, la mayor parte del público, nos sentimos identificados. Más allá de profundizar, escénicamente, en la temática, buscan establecer al espectador en un estado de ansiedad… ¡y lo logran!

 

Grei Quezac y Bryan Chavarría evidenciaron en las tablas sus habilidades técnicas, interpretativas y coreográficas. Es una obra redonda, con una temática clara, placentera y jocosa de ver, ideal para un público nuevo en la danza. Ambos intérpretes también demostraron un crecimiento en su técnica e interpretación, que es de las cosas que más disfruto ver cuando voy al teatro: identificar un artista en evolución.