Pensar el cuerpo en la danza más allá del entrenamiento y la ejecución del movimiento

Se han planteado muchas preguntas sobre el cuerpo danzante. Estas preguntas, usualmente, están enfocadas hacia el entrenamiento físico del bailarín y bailarina. Pocas veces se ha abierto el espacio para pensar el cuerpo en la danza, más allá del que se forma con el entrenamiento.

Este texto pretende pensar el cuerpo danzante más allá de la ejecución del movimiento y de las técnicas dancísticas. Es decir, brindar un espacio para pensar la historia del cuerpo, la imagen corporal, la relación que tiene el bailarín o bailarina con su propio cuerpo, sus ideales corpóreos, lo que imagina que puede hacer con su cuerpo, las huellas perceptibles e imperceptibles corporales que carga cada sujeto.

¿Cómo podría explicar el vínculo con el propio cuerpo algo sobre la resolución y ejecución de la técnica, la interpretación y creación escénica de los y las profesionales en danza?

El vínculo del sujeto con su propio cuerpo es el enigma de cada ser humano. La psicoanalista Francoise Dolto plantea la diferencia entre la imagen del cuerpo y el esquema corporal. El esquema corporal es producto de la experiencia muscular, visceral, ósea, es el sustrato biológico del existir. En cambio, la imagen del cuerpo es producto de la historia de cada sujeto, es la memoria inconsciente de toda vivencia, su subjetividad imaginaria y la síntesis de sus experiencias emocionales.

Un cuerpo danzante que no toma en cuenta la subjetividad se convierte en un comerciante de movimiento. El cuerpo en la danza implica el reconocimiento de una subjetividad y de una relación irrevocable con el cuerpo.

Por supuesto que el entrenamiento físico es vital, se reconoce como parte fundamental en la formación de profesionales en danza. No se puede ser bailarín si no se entrena. Es necesario un manejo técnico del cuerpo para una correcta ejecución dancística y para la prevención de lesiones. Creo en un trabajo y formación exhaustiva de distintas técnicas en bailarines y bailarinas, así como creo en la necesidad de seguir entrenando y haciendo clase al haber concluido un proceso de formación, eso no se pone en duda en este escrito. Lo que se pretende es problematizar el cuerpo de la danza más allá de la técnica y el entrenamiento.

El reducir el cuerpo a un reproductor de movimiento, con condiciones necesarias para la ejecución correcta de la técnica, sería negar al cuerpo como aparición. En distintos espacios de la danza nos encontramos con casos de cuerpos virtuosos, con todas las condiciones necesarias para la ejecución correcta de la técnica. Pero, pareciera que hay algo que no les permite formarse como bailarines y bailarinas, la respuesta podría estar en algún lugar que no tiene que ver con sus condiciones físicas, sino con su relación, historia y vínculo con el propio cuerpo. Con un registro subjetivo del cuerpo que va más allá de su anatomía y condiciones físicas

Pensemos cuando un bailarín está en escena. Una bailarina en escena no está pensando en la técnica, lo que gobierna en escena es el cuerpo. Se reconoce la necesidad de descomposición y análisis del movimiento para el aprendizaje de la técnica dancística. Sin embargo, una vez que esta se integra, “se olvida”. Las técnicas se construyen no para mostrarse, se construyen para “olvidarse”. Recuerdo a varios maestros diciendo “se hace la clase como se debe, se baila como se puede”. Es necesario atravesar las distintas técnicas y apropiarse de la escritura dancística. Luego, el cuerpo subjetivo, lleno de deseo e impulso, se apropia del cuerpo al bailar.

El cuerpo va más allá de la biología y la medicina. La anatomía se constituyó sobre el modelo de un cuerpo muerto, privando al cuerpo de su “aura” subjetiva e imaginaria, que permite afrontar el enigma de su existencia. El cuerpo se convierte en el signo subjetivo de la identidad y de la singularidad del yo. La esencia de la danza es el movimiento, lo contrario a la danza sería lo congelado, lo rígido, lo inerte.

Recuerdo algunas anécdotas de bailarinas: “desde que mi papá murió perdí cierta movilidad en la espalda”. “Me lesiono mucho las lumbares y he pensado que es por todo lo que cargo”. “Estaba tomando una decisión importante y me lesioné el tobillo, aún me duele”. Cuando un bailarín pone su cuerpo como instrumento de trabajo, su historia está inscrita en su cuerpo, por lo tanto, en su forma de bailar. Probablemente, esa movilidad de espalda, esa lesión de lumbares o de tobillo, no pasa SOLAMENTE por un trabajo físico, es por eso que resulta importante escuchar algo más en esos impedimentos del cuerpo

El ser una bailarina implica un arduo trabajo corporal, pero, también, implica el re-encontrarse y re-construir el vínculo y la imagen del cuerpo; significa poner a hablar aquello que no se ha dicho con la palabra. Los bailarines (as) no son repetidores (as) de secuencias de movimiento. El foco no está puesto en la repetición, sino en la diferencia, en lo particular, en la posibilidad de que cada bailarín y bailarina se “apropie” del movimiento con su propio sello de lenguaje corporal. Para esto, es necesario que se apropie de lo que disfruta de su cuerpo, pero, también, de lo que padece y sufre de su historial corporal, ya que eso también le acompaña al bailar. Por esta razón, más allá de un entrenamiento físico, el vínculo con el propio cuerpo podría explicar algo del proceso profesional de bailarines y bailarinas.

 

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