Melissa Montero en las tablas: ¿Técnica o Estilo?

En el post de enero les compartí un poco de mi perspectiva acerca de la oferta de entrenamiento para los bailarines costarricenses y cómo este, además de ser escaso de espacios formales y continuos, también se tornaba superficial y deficiente a nivel de formación.

Después de varios meses masticándolo, vivenciándolo y compartiendo con distintos artistas sobre el tema, hay un pensamiento colectivo que expone lo que puede estar sucediendo y esencialmente apunta a la falta de investigación en el entrenamiento contemporáneo. 

Algunos colegas me han comentado las dificultades con las que se encuentran al hacer clases, cómo tener que calentar mucho antes de la sesión porque la propuesta inicia con variaciones ya montadas, una después de la otra, casi cómo un montaje coreográfico. También está el caso de calentar con acondicionamiento físico para luego entrar en variaciones de movimiento que tienen curvas, arcos, espirales, desplazamientos, que se siente que no se preparan precisamente al hacer lagartijas o sentadillas. Además, de la preocupación sobre las consecuencias que esto puede generar a futuro en los cuerpos que llevan este tipo de entrenamientos, que mayormente tienen como población meta a los jóvenes, no muy populares en los bailarines después de los 30 años. 

Si bien al menos en las tres compañías estatales se mantiene el entrenamiento en ballet clásico y el entrenamiento funcional o acondicionamiento físico, el entrenamiento contemporáneo ha quedado muchas veces como tarea del coreógrafo invitado del momento, que finalmente va a desarrollar su propuesta según las necesidades de su obra. Esto lo siento y lo expreso desde mi experiencia en una de las compañías, desde el compartir hace unos años del entrenamiento profesional que se ofrece al sector independiente en otra de las compañías y por varios colegas que bailan en dichas compañías que me han comentado sus impresiones.

¿Es este el entrenamiento que necesita un bailarín contemporáneo? Es lo mismo que sucede en el medio independiente, la oferta de lenguajes de movimiento se limita a las investigaciones que se hace para las coreografías, que no todo el tiempo se evidencia.

Esto ha llevado a que muchos bailarines busquen otras opciones que les brinden las herramientas que consideran necesarias en su entrenamiento, ya sea un trabajo de movimiento en el piso, en la vertical, de conciencia corporal, sobre la respiración, etc. Cada persona busca según sus intereses esos espacios de investigación de movimiento que no son precisamente los de danza contemporánea.

¿Qué es lo que hace que un entrenamiento se vuelva un espacio formativo de trabajo de exploración e investigación del movimiento?

Si bien hay colegas desarrollando sus propuestas que resultan experiencias enriquecedoras como parte del acervo de movimiento de un bailarín contemporáneo, que algunos lo reconocen como un estilo, existe la necesidad de una base desde dónde el bailarín se pueda defender durante toda su carrera artística, y esto se reconoce como una técnica.

¿Qué es lo que hace que un estilo sea un estilo y que una técnica sea una técnica?

Si por si sólo piensan en el concepto de estilo o buscan en un libro, texto, fuente en internet, se encuentran con ciertas palabras que se le asociación como forma, aspecto, apariencia, estética, moda, tendencia, corriente, único, intransferible, personal. Para la técnica se encuentran arte, pauta, medio, orden, recurso, dominio, manejo, destreza, conocimiento, calidad.

Desde mi perspectiva, el estilo tiene que ver con la investigación que ha generado un artista desde su experiencia y desde su cuerpo, desde aquello que ha descubierto que lo mueve, que lo provoca y que lo hace único e irrepetible. Es la forma en que el ¨yo¨ ha descubierto de entrar en el movimiento, que automáticamente hace que no se pueda heredar, porque no puedo conocerme desde lo que hace especial a una persona, pero como experiencia puede resultar muy enriquecedor.

Esto podría responder a la preocupación que también hay de la poca investigación en los lenguajes de movimiento que se aprecian en los trabajos coreográficos, lo que hace que todo y todos se parezcan.

La técnica por otra parte, responde al conocimiento elemental del cuerpo, a los principios, a la base desde dónde el artista inicia con la experiencia del movimiento. La técnica parte desde el ¨otro¨, es decir, que le da importancia al otro desde el autoconocimiento para identificar las características individuales y no desde lo propio del profesor o desde el ¨yo¨. Desarrolla la capacidad de defenderse ante los diferentes lenguajes que se presenten y da pie a la construcción del movimiento. Primero tengo que conocer mi instrumento para poder generar a partir de él.

Ustedes, ¿qué piensan? ¿Técnica o estilo?

 

 

Fotografía con fines ilustratitvos. Fotógrafa: ITXN Photo. Obra «Ailluro» de Joey Vega en el Festival de Danza Paréntesis.

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