Melissa Montero en las tablas: el presente


“- ¿Dónde estás? 
– Aquí.
– ¿Qué hora es?
– Ahora.
– ¿Qué eres?
– Este momento.”

Dan Millman

 

En los últimos meses se ha sentido en la danza nacional el significado del tiempo presente, si bien es algo que desde los primeros momentos ha ocupado el pensamiento del ser humano y ha sido motivo de inspiración para las diversas manifestaciones artísticas, siempre fue y sigue siendo una de las mayores preocupaciones e inquietudes de todas las personas que viven en este mundo. El pasado no está más y a veces la memoria no sobrevive al tiempo y a la experiencia, además de ser el futuro algo que se desconoce.

En los últimos espectáculos nacionales que se han visto, este tema ha estado muy latente, no porque haya sido el tema de exposición, sino porque está inserto en los artistas de manera consciente o inconsciente en sus obras, al menos eso es lo que percibo como intérprete espectadora. Llama mucho la atención esa voz, casi un grito, que pareciera ser la barrera entre las generaciones de artistas, la forma de comunicación que ha llevado a dividir al gremio de la danza, situación que ampliaré más adelante en el post.

Asistí a una obra en donde uno de los intérpretes inició la puesta en escena diciendo algo cómo “Bienvenidos a los presentes, a los futuros y también a los pasados…”si bien la intención era jocosa, o al menos eso fue lo que provocó en los espectadores, inmediatamente me puse a detallar quiénes integraban la audiencia. En su mayoría eran jóvenes artistas comenzando a emprender su viaje en la profesión que, por supuesto no se contuvieron en reír al comentario, pero también habían artistas con experiencia que al contrario no rieron en absoluto. En otra de las coreografías, la sensación fue como de entrar en una máquina del tiempo; es muy interesante y enriquecedora la experiencia de observar el pasado, porque el mirar hacia atrás brinda contexto y ubicación al presente, sin embargo, se sintió extraño además de triste, ver a personas, siendo y existiendo en el pasado; me refiero con esto a cuando una persona se apega a lo que sabe sin tener la apertura de nutrir ese conocimiento.

En ambos casos se sintió el conflicto de entender a las demás personas desde una posición u otra, tanto los jóvenes que quieren desaparecer al “pasado”y el pasado que no da espacio al “presente”.

            Esa es la barrera que se percibe entre las generaciones, esa constante de estar tratando de anular unos a otros, de no entender la posición de cada uno en la construcción de la profesión. Es necesario saber y entender el pasado para aspirar al futuro, pero no es necesario ni sano aferrarse al pasado porque nos impide ser en el presente.

            En mi trabajo actual comparto mayormente con personas que tienen muchísima experiencia profesional y sinceramente no hay un sólo día que no aprenda de ellas. Son necesarias e importantes porque provocan una consciencia sobre la labor que tienen por delante las nuevas generaciones, incluso en algunos casos dan espacio al futuro que tal vez ni siquiera los incluye. Así mismo, es interesante observar cómo los nuevos artistas les dan posibilidades que tal vez nunca se habían planteado.

Por eso es esencial entender que todos juntos construimos este presente, que cada posición, perspectiva, conocimiento y experiencia, tiene un papel que cumplir. Todos somos importantes en la construcción de esta profesión que es un presente continuo, un presente construido con la consciencia de que el otro es necesario.

Si bien a veces se habla y se difunde esa comunicación abierta entre generaciones, lo cierto es que en la acción resulta un conflicto de intereses, de choques entre las distintas construcciones del mundo, de los desmesurados egos que caracterizan a los artistas. Sin embargo, si se empieza por el respeto y por la libertad (entendida como la libertad para elegir sobre uno, su presente, su destino, sus proyectos y sus ideas de las cosas), finalmente se podría comenzar a dar el espacio de la escucha colectiva y del reconocimiento entre todas las diferencias, que lleven a reconstruir ese presente que todos anhelamos para el gremio de la danza.

 

Fotografía con fines ilustrativos. Fotógrafa ITXN Photo. Obra «Hoy no vengas por mí» de Gabriel Rodríguez. 

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