Historia en las tablas: política y cultura

 

¿Y ahora?

Tras la preocupación recalcitrante que nos dejó el pasado domingo 4 de febrero, una de las emociones que albergo y comparto con muchos amigos en estos momentos es la desilusión; y no necesariamente en la gente, sino en lo que hemos construido como país (aclaro: me hago parte de esto). Esta desilusión nos ha obligado a tocar temas de reflexión y quizá, más que en otros momentos, a hacer investigaciones y lecturas vitales, para poder comprender el fenómeno social en que estamos envueltos y luchar por la construcción de algo mejor.


            Tengo una percepción general de nuestro pueblo costarricense. Actualmente, apenas logro enrumbar algunas ideas sueltas para generarme un sentido sin caer en el fatalismo y el caos que estos días nos han traído algunos temas, de cuyo peso hace dos meses no éramos conscientes. Desde antes de las elecciones, había estado reflexionando e investigando sobre una base de pensamientos, la cual—para mí—fue corroborada a las 9:50 pm de ese domingo 4 de febrero y esta fue: nuestra pasividad como pueblo.


            Alexander Sánchez, profesor de la Escuela de Letras de la UCR, realizó un post en su cuenta de Facebook, algo muy breve pero importante que a continuación cito: “Soy el primero en reconocer mi pasividad. Creía que era suficiente con votar. Esa comodidad se acabó. Tenemos que involucrarnos en la campaña de la segunda ronda, si queremos parar la marea del fanatismo fundamentalista”. He de reconocer que esas palabras calaron muy profundo en mí y, por lo visto, en muchos ciudadanos que se dispusieron a trabajar desde sus campos de acción y ofrecer sus servicios en grupos organizados, en sus mismas familias (generando nuevos puntos de sana discusión) y en sus medios de trabajo. No obstante, a los días siguientes, las muestras de nuestra pasividad como pueblo no se hicieron esperar: escuelas cerradas (20 centros educativos, lo que sería un 0,4% del total), agresiones a ciudadanos, noticias de claros brotes homofóbicos y el alarmante y destructivo fanatismo, el cual ha provocado agresiones físicas poco comunes en nuestra Costa Rica “pura vida”.

 

Pese a todo lo anterior, me atreveré a realizar un análisis breve porque el tema es vasto. Procuraré ser objetivo y crítico en relación con la construcción de este modelo social que existe actualmente en la República de Costa Rica, nuestra ya no tan ‘pura vida’ y dividida tierra llena de ticos ‘tuanis’ amantes de la paz.

 

En los meses previos al 4 de febrero, (fecha en que se dieron no solo las elecciones, sino el despertar de la conciencia colectiva social) después de meses de conversar con economistas, abogados, ingenieros, arquitectos, maestros, artistas y politólogos, con el fin de comprender lo que algunos planes de gobierno proponían—tres de ellos no los  terminé de leer, dado a lo absurdo de sus propuestas o la venta de la tierra prometida por medio de palabras— ya sea con cierta tendencia partidaria o indecisos. Con base en ello, tengo una conclusión personal que deseo compartir.

 

Somos un pueblo poco participativo que se queja y se dice ajeno a la política; un pueblo que señala a la política como nociva o llena de intereses creados para beneficios personales; un pueblo que deja esos espacios públicos vacíos y disponibles para personas que, al final, sí terminan llenando su agenda de compromisos políticos e intereses personales. Sin embargo, cuando no hay ingresos para el arte, el ocio, el deporte o el sustento; ahí, sí asustados, señalamos y criticamos con toda efervescencia y efusividad; y por supuesto: ¡lo hacemos según lo que el medio de desinformación anunció en la mañana! Y nos quedamos ahí, criticando sin querer indagar, porque nos es más cómodo señalar al otro de lo que nosotros también cometemos a menor escala. Los bailarines pasamos ocupándonos de las producciones que tenemos, sin caer en cuenta de que, si por alguna razón llega a suceder algo nefasto en nuestro país, los recortes a Cultura no se harán esperar…

 

No me extrañaría que estas alturas de la columna, ya exista cierta molestia al respecto; mas, aclaro que me sentí parte de esto y que me incluyo en estas posturas. No obstante, con esta columna lo que quiero es generar un cambio o, cuando mínimo, una reflexión.


            En este punto, haré un breve y sencillo resumen sobre la situación actual: cuando no hay inversión, el dinero no llega; cuando no hay dinero, se dan los despidos y, por tanto, el desempleo; cuando no hay trabajo; no se gasta, o se gasta menos; cuando el dinero no fluye, hay recesión, el dinero se queda en quienes más han tenido, propiciando la pobreza.

Como consecuencia, los gobiernos piden préstamos a entidades internacionales como El BID para solventar problemas sociales, cuyos altos intereses afectan a futuro  negativamente el PIB (producto interno bruto), y ya sabemos que al darse la desaceleración del PIB  se afectan las utilidades del país, lanzando una bola de nieve que cae en casi toda a población. A raíz de ello, las clases sociales se distancian aún más, no hay dinero para producir ni contratar y; por consecuente, se gestan los recortes y, ¡sorpresa!, ya sabemos a quienes golpearán: a los artistas y al sector cultura. Entonces, ¿basta con solo ir a votar?

 

En lo personal, creo que no, porque sé y soy testigo de que en muchos lugares las buenas propuestas son bien escuchadas, quizá no llevarán nuestros nombres sobre ellas; por tanto, si somos parte de esas personas que quieren reconocimiento social por su idea, seguramente nos afanaremos tanto a eso que seremos iguales a quienes buscan estos puestos por beneficio personal, pero si no somos así, daremos un aporte válido para nuestra sociedad, y en espacial, para nuestro gremio.

 

Ahora me abocaré a la relación de la política con la danza, aunque la situación es realmente parecida que para cualquiera rama.

 

Las elecciones siempre son un reflejo social, ¡siempre!, las ciencias políticas al igual que las ciencias económicas son ciencias sociales; por ende, tienen incidencia en la cultura (tradiciones, ideología, costumbres) y nos deben importar a todos. La pasividad social, nos puede llevar a la pérdida de espacios, derechos y condiciones adquiridas en pasados llenos de historia. Nosotros los artistas nos quejamos de festivales, de programas, de escuelas y demás, pero: ¿qué más hacemos? Algunos son contestatarios, otros propositivos; como por ejemplo: cuando Camilo Regueira llevó a un conversatorio realizado en Danza Universitaria, hace aproximadamente 3 años, un documento en el cual proponía un entrenamiento profesional para el Melico Salazar, con efectos en el TND y este dio buenos frutos por mucho tiempo. Sin embargo, otros se agrupan a criticar y hablar, ensucian la cancha y ya, se dedican a ver todo lo que está mal o pudo estar mejor, sin ser francos en los momentos que pueden serlo, algunos quizá por temor a quedar mal y cerrarse puertas, futuras producciones, eventos o roles; y otros solo no hacen nada, para luego quejarse de un gobierno que tapa casos de corrupción, silencia heridas sociales y lesiona la moral de un grupo, cuando en el fondo a menor escala hacen lo mismo. Con todo esto, lo que quiero decir es que la consigna aquí es que debemos tanto valorar, cuidar y resguardar los valiosos espacios de incidencia artística y gremial; como debemos involucrarnos en la cultura nacional y afectar, positivamente, en la política.

 

Costa Rica cuenta con una tradición dancística posicionada y fuerte, desde los tiempos en que a una mujer como Mireya Barboza se le ocurrió la descabellada idea de luchar por un espacio para la Danza Moderna, esta idea—considerada por muchos ilógica e ingenua—provocó que hoy tengamos lo que tenemos. Me atrevería a decir que Mireya nos dio el ‘seguro social’ que Calderón Guardia dio a los costarricenses al crear la CCSS; muchos lo creyeron irrealizable, sin embargo, hoy es una plataforma ejemplar en muchos lugares del mundo. Además de Mireya, otras mujeres y hombres dieron sus luchas desde sus trincheras por defender lo que hoy gozamos. Ellos nos otorgaron herencias, gracias a que dieron un paso más en el esfuerzo por construir una danza más completa. Actualmente, son personas recordadas como grandes figuras de la danza; las cuales, crearon espacios que, en estos momentos, ocupan nuevas personas llenas de ideas, con una voz contundente cuando se trata de reclamar, gente analítica capaz de amalgamar un contenido y hacerlo un objetivo…

 

Voy aterrizando: ¿Qué pasaría si cada una de estas figuras nacionales estuviera colaborando en partidos políticos, ayudando en mejoras en los planes de gobierno, buscando dejar la danza en una buena posición, luchando no por un puesto político sino por un sector en el que trabajamos y necesitamos crear espacios por el bien de todos? No puedo responder a esto con datos precisos porque desconozco el futuro; no obstante, desde esta óptica, creo que estaríamos mejor, porque habría sustento para danza en todas las áreas.

 

No se trata de querer un puesto político a cambio de la ayuda, se trata de desarrollar la cultura. Como me dijo un amigo muy querido a quien respeto mucho: “Javi, por eso las cosas son como son, porque las personas con buenas ideas no participan, no se quieren involucrar porque no les gusta la política y les dejan el espacio a todas esas personas cochinas, aprovechadas, desinformadas y nefastas, que lo quieren todo para sí mismos y solo buscan sacar provecho personal, ¡ESTAS EQUIVOCADO!, ¡tenés que involucrarte y aportar desde lo mucho o poco que podás!”.


         ¿Y todavía creemos que no nos afecta la política nacional o los gobiernos de turno? Pues, solo hay que leer planes y entender que la coyuntura se sostiene mediante inversión pública y privada, sino hay flujo económico de oferta y demanda no hay inversión, lo que lleva a la recesión, el resto todos lo conocemos. Quienes trabajan para el gobierno, verán los recortes. Quienes realizan chivos, verán menos inversión. Quienes buscan espacios en el teatro, verán los aumentos de los costos para cubrir la carencia de apoyo económico público o privado y la falta de personal en los mismos… ¡Esto es algo que nos afecta a todos!


          ¿Será que como artistas no tenemos voz? Claro que sí, una muy potente, porque nuestra profesión es una mezcla de disciplina y talento, tenemos esas armas poderosas. Quizá no se trata de hacer un montaje escénico sobre lo que sucede, sino meternos cuando se debe y hacer más de lo que estamos acostumbrados. Porque, cuando vamos a comunidades de gira, quizá recuerden al profe que les dio la clase a los hijos—conozco el caso de alguien que me escribió solo para decirme que sin esas clases no hubiera votado por quien lo hizo— solo por un contacto de 60 minutos y una plática luego de la clase. Quizá por eso es tan importante la labor de la CND, CCDUNA, Danza Universitaria, el trabajo de extensión y difusión que hacen Tres Hermanos, Sólodos, Exánima Danza Plástica y muchos otros colectivos, agrupaciones independientes e incluso personas en solitario que mueven su arte a muchos lugares, en donde dan talleres e injieren en la gente. Es decir, cuando se trata de compartir conocimiento en comunidades cercanas o lejanas de nuestros teatros, ahí, justo en ese momento y lugar ¡hay incidencia!, ahí se crea un fenómeno social, ahí hay cambio, uno quizá pequeño; mas, si sentimos que eso no está resultando, es porque hay más que hacer.

 

La noticia del resultado de la primera ronda electoral nos impactó a todos, positiva o negativamente. La oralidad es importante, y el campo de acción aún más. Si nos creemos ajenos a esto, nos afectamos todos y seremos responsables de consecuencias irreparables. Repito, sino hay inversión, no hay cultura y, por ende, menos arte; por consiguiente, menos trabajo.

 

No pensemos que la política no tiene que ver con nosotros, solo veamos el Brexit, quizá así nos salvemos de ser un pueblo pasivo y rescatemos lo que otros lucharon por crear y muchos luchan por mantener. Ver la situación que sucede al otro lado del mundo, cruzando el océano, nos puede dar una clara referencia de lo expuestos que estamos a dejarnos vencer por las mentiras de campañas engañosas y truculentas, llenas de miedo y fundamentadas en la imprecisión de los datos; las cuales pretenden hacernos creer lo que una parte de la población necesita que creamos para sus fines, entre encuestas y noticias que viralizan las redes sociales y generan un comportamientos individual que se masifica y se vuelve tendencia nacional.


          Muchas veces somos sujetos de acción, ciudadanos de armas tomar y activistas por ideas artísticas en las que creemos y defendemos con el alma; porque, como dicen algunos, una coreografía se puede convertir en un hijo. Entonces, no es momento de quedarnos de brazos cruzados ante un país destruido y marcado por la discriminación, pasividad, indiferencia, homofobia, misoginia, machismo, conservadurismo irracional, fanatismo y resentimiento social. Un país sin presupuestos para que estos ‘hijos’ vivan y sigan creciendo. 

 

¡Todavía hay mucho por hacer, queda un mes! Existen voluntariados y también la transmisión oral con amigos (sin caer en defensas inútiles e inoportunas). En este momento, el silencio e inactividad es un castigo para todos, un atisbo de precariedad decisiva y, conste, no sugiero que vayamos a pintar las paredes de la Asamblea Legislativa; pues, eso solo fomenta estereotipos, me refiero a involucrarnos. Ojalá que en unas próximas elecciones las propuestas de cultura por parte de todos los partidos sean ilustres muestras de un gremio dancístico intelectual y fehaciente, porque las actuales propuestas también son un espejo de lo alejados que estamos.

 

Fotografía con fines ilustrativos. Fotógrafa: ITXN Photo. Obra «H» de Jimmy Ortiz.

 

 

 

 

 

 

Fotografía con fines ilustrativos. Fotógrafa: ITXN Photo. Obra «H» de Jimmy Ortiz.

 

 

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