Historia en las tablas: el bailarín, el sistema y la pensión

            Cuando se trata de la edad, hay algunas profesiones que presentan ciertas particularidades, pero cuando se habla de pensión (que en la mayoría de los casos está inherente) el tema se vuelve aún más complicado.

Desde antes de entrar a la Compañía Nacional de Danza escuchaba comentarios  (y yo mismo fui parte de ellos en algún momento) tales como: «¿por qué no dejan el puesto a gente más joven?» o «que se pensionen ya y den espacio  a nuevas generaciones». Pues bien, por años de trabajar de manera independiente pero parte de esta institución, es que considero oportuno dedicar esta primera publicación a entender  la historia desde lo legal lo justo y lo importante: la humanidad.

El primer dato es que hasta el momento no hay registro de una sola pensión como bailarín o bailarina en nuestro país, esto porque los coreógrafos, directores, y maestros de la danza se pensionan como eso, maestros de la danza, o bien cuentan con otras profesiones que les da un respaldo. Además, debemos de recordar que la danza en Costa Rica es bastante joven, por tanto, estamos por ver lo que serán las primeras bailarinas en pensionarse según criterios institucionales en nuestro país. No obstante, no entendemos el trasfondo existente y nos limitamos a hacer comentarios cargados de frivolidad e ignorancia, sin pensar que ellas podrían ser nuestras madres, tías o hermanas  y que no es justicia desterrar a alguien de su puesto porque viene gente joven atrás. Dado esto y con ese argumento, considero que valdría hacerse algunas preguntas: ¿no cuenta lo vivido? Si yo estuviera en esa situación, ¿qué haría, luego de años de celebraciones  familiares ausentes, hijos, divorcios, certificaciones, capacitaciones audiciones y sacrificios ¿no se merece salir por la puerta de adelante?

Desde los años noventas varios bailarines, tanto  institucionales como independientes, lucharon por hacer entender a distintas instancias que los bailarines no somos eternos, que los cuerpos no reaccionan de la misma manera  ante el tiempo, que el dolor muscular y óseo no se manifiesta igual en nuestra profesión, que entrenar todos los días haciendo desde lo más conocido hasta lo más ocurrente a solicitud de cada coreógrafo  (hasta los 59 años) no es nada saludable, ni física ni emocionalmente. Esto se resume en salud ocupacional fundamental; no todos pueden escoger cuáles proyectos tomar y cuáles no. 

Muchas de ellas (bailarinas de la CND) buscaron y previeron que esto podía suceder, y para los años noventa y dos mil  entablaron conversaciones, se aliaron y lucharon por generar un cambio (yo ignoraba esto por completo). Aún  explicando lo que se hace en la profesión, con lesiones de por medio, haciendo giras en pisos inadecuados, muchas veces en condiciones bastante dañinas, saltando descalzos sobre cemento con problemas de espalda etc… esto no solo aqueja a los bailarines de compañías estatales, es una vivencia generalizada de la labor. Pese a todo lo anterior, por las trabas burocráticas estos esfuerzos terminaron en nada. La respuesta fue bastante simplista y poco argumentada, alegando que si se pensionaba anticipadamente a los bailarines, también lo tendrían que hacer con otros profesionales que exponían similitudes en su labor y los riesgos de la misma.

Cuando se les habla de re ubicarlas, se les ofrece dejar su puesto, para en muchos casos alejarse de sus hogares a zonas rurales y terminar sus años enseñando  o bien redactando proyectos que al final no tienen convenios y por lo tanto son imposibles de realizar o necesitan de puestos y personas que no existen para llevarlas a cabo. 

En 2013 a algunas de ellas se les realizó una audición que iba a darles la capacidad de movilizar su plaza al servicio civil, pasando del interinato a la propiedad y así poder salir dignamente a otro tipo de labor… pero ¡sorpresa! No fue así. Y lo cierto es que como parte de una institución gubernamental, siendo empleadas públicas, con plazas en propiedad e interinas que tienen ciertas especificidades, el sistema de pensiones  tiene atrapado a un grupo de personas que han construido gran parte de la danza de nuestro país. Donde bajo la sombrilla de la necesidad (todos necesitamos trabajo para vivir) olvidamos que todo tiene una historia, un por qué y un sentido. 

No es justo entonces hablar tan fríamente y decir «que se vayan y dejen esos espacios a otros» y digo justo, porque evidentemente es posible, pero siento  que sería válido y empático preguntarse ‘¿qué haría yo?’. Y en ese caso, pienso que debemos de aliarnos y crear una coyuntura que nos dé poder de opinión y decisión, indiferentemente que tengamos 20, 30 o 40 años. Pues  no es fácil entrenar todos los días, estar a disposición, aprender de cierto estilo de danza y con los años ver cómo todo esto cambia y no queda  más que someter el cuerpo al entrenamiento del momento, ya sea ballet, danza moderna, danza contemporánea, entrenamiento funcional,  o lanzamiento de bala con ortejos de cabeza (uno nunca sabe) y amoldarse a la contemporaneidad obediente, receptivo y dispuesto. ¿Qué nos tendrá que suceder para unirnos de verdad y posicionarnos como un gremio grande, poderoso, estudiado y objetivo?

Si revisamos las noticias de los medios de comunicación más leídos y de mayor acceso para la ciudadanía, podemos leer alegatos de muchas instancias, entre ellas y mayormente el poder judicial, que atribuyen la necesidad de una pensión anticipada para mejorar la competitividad, integrar a jóvenes al régimen y no afectar la calidad de vida de sus funcionarios. Eso suena bien para ellos, y quizás para todos que estén involucrados en labores tan pesadas, pero ¿acaso el bailarín no se desgasta todos los días y estás mismas normas no aplican para nosotros ? 

No planeo victimizar a nadie, solo creo acertado informar y dar a conocer datos que quizás se ignoran y que la historia nos pone en la cara para ser analizada en contexto. Creo que el poder de la expresión no solo sirve para informar y aprender sino también para reflexionar, solo tenemos que tener una pizca de empatía y solidaridad; porque este tema es de todos, porque el futuro no está tan lejos. 

La pensión  del bailarín no se toma cuando se quiere, el sistema de pensiones obliga y retiene a todos por igual. Se ha luchado por cambiar esta realidad, pero lo cierto es que somos un gremio muy pequeño y fragmentado que no acostumbra a luchar por intereses que no los aqueja.

Somos personas antes que cualquier otro título, y vale la pena detenerse para ser empáticos y luego proceder a opinar ya que pensionarse a los 59 años para un bailarín dignamente es difícil. ¡Ah! y esto cambió, porque será a los 65 años y con una pensión porcentualmente más baja.

Sé que muchos dirán  «bueno, ¿por qué no lo pensaron antes?» lo cierto es que esta es la realidad, y esto es lo que nos espera a todos, quizás no desde una institución pero no todos serán profesores o tendrán 2 o 3 carreras para poder hacer este cambio en el momento oportuno. Quizás para que pensemos si creemos que vamos a durar para siempre, ya que podemos bailar por siempre, pero en algunos asuntos no hay contemplaciones así se haya sacrificado la vida entera y el idilio de la danza se esfume,  quedando así el cuerpo y su historia en el sistema de pensiones de Costa Rica.

 

 Imagen con carácter ilustrativo. Obra: «El Largo Ahora» de Danza Universitaria y Teatro Abya Yala. Fotógrafa: ITXN Photo

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