danza VERSUS público

A veces siento que cuando se va el teatro es similar a cuando una va a un restaurante; uno se sienta, ve el menú, decide qué quiere comer y aguarda a que le traigan la comida. Siempre se espera salir con la panza llena, satisfecho y contento de haber comido rico, ¿cierto?. Pasa lo mismo en la danza; uno decide a cuál espectáculo ir, se sienta en la butaca, aguarda a ser alimentado de esta función y se espera salir contento y satisfecho de lo recibido.

Siempre se tienen expectativas al ver una coreografía; al menos yo normalmente intento imaginarme qué voy a ver, qué irán a presentar, cómo será la función y me siento cómodamente en mi butaca con la boca abierta a esperar a que me den de comer. ¡Qué tonta! Como si fuera la responsabilidad del artista hacerme a sentir bien; como si lo presentado no dependiera de igual manera del recibimiento del público. 

¿Existe danza sin público?

 Demandamos y demandamos, y si no cumple con cierto estándar entonces el espectáculo “no es de mi agrado”. Claro, todos van a decir que están abiertos a recibir lo que se expone en escena y que se llega al teatro sin saber lo que se va a recibir, lo cual es cierto, pero si no se obtiene a cambio lo que comúnmente consumimos, entonces no nos mostramos tan agradecidos; el público no se ve tan agradecido. 

El domingo pasado fui a la última función del espectáculo VERSUS a cargo de Andrea Catania y Alex Catona, y creo que presencié lo que les acabo de explicar; al menos con el público del domingo porque no puedo hablar por los demás días (repito, es en base al público del domingo). La obra fue muy diferente a lo que uno acostumbra ver; no tiene mucha presencia musical, el maquillaje fue básico, luces elementales utilizadas en sus máximas posibilidades y no hubo “ochitos” de movimiento ni grandes frases. Fue como si hubiesen agarrado la esencia de la creación y quisieran dejarla lo más intacta posible. Pero, al no ser lo que normalmente vemos en las tablas, el público no supo reaccionar; digo esto porque me atrevo a confesarles que los aplausos fueron bien escasos.

Debo admitir que en algunos momentos la obra se me cayó, muchas repeticiones de un elemento y alargaron momentos que para mí debieron de haber sido recortados. Así mismo, tomando el comentario de José Andrés Alvarez Sanóu en el foro de retroalimentación de la obra, tal vez hubiese sido mejor tener al público en el escenario presenciando las acciones de la bailarina. Concuerdo que el teatro se hizo muy grande y muchos detalles que Andrea realizaba no se lograban apreciar debido a la distancia y las mismas luces que obstaculizaban, cosa que pudo haberse evitado teniendo al público cerca. 

En cierto momento mi novio me preguntó: “¿sabés de qué se trata la obra? Porque yo no estoy entendiendo nada”, a lo que yo le respondí: “tranquilo, yo tampoco entiendo”. Si me preguntan cuál era la temática de VERSUS, la verdad es que como espectadora no podría apuntar a algo en específico. Y ¿saben qué? No me importa. Recibí de esta obra lo que no he recibido de muchas otras en mucho tiempo. Esta danza despertó sentimientos en mí, y fueron sentimientos totalmente diferentes.

Fue una obra regresiva, es decir, comenzó por el final. Tenía tres escenas: el producto final, el proceso creativo y el inicio (o al menos así lo interpreté yo). Un mismo escenario y una misma bailarina pero tres escenas con tres interpretaciones completamente distintas . ¿Quién puede lograr esto? Con la mano en el corazón, pocos bailarines pueden lograr despertar emociones completamente desiguales en una misma obra.

Ahora, hablemos de Andrea. Para los que la conocemos sabemos que ella es una bailarina con condiciones excepcionales y tiende a sobresalir por su técnica de piso. Bueno, en VERSUS no hubo ni un solo desplazamiento por el piso. Esto me mostró que inclusive una intérprete tan experimentada como ella busca salirse de su zona de confort y expandir sus límites. Y, resalto esto porque de un tiempo para acá siento que la mayoría de los bailarines se mueven igual, con un mismo estilo.

¿Sólo a mí me pasa? ¿Qué piensan ustedes?

La cualidad de movimiento de Andrea fue espectacular, se denotó una búsqueda de movimiento y una investigación exhaustiva durante el proceso creativo. En ningún momento rompió con el estilo de movimiento el cual caracterizaba la coreografía. Me impresionó en especial la última escena; la bailarina logró crear tal nivel de suspenso y tensión que se sentía como si ella literalmente estuviese agarrando la energía con sus manos y concentrándola en el centro de su cuerpo, esperando al momento correcto para implosionar.

 Finalmente, resalto y aplaudo que una vez acabada la temporada, la Compañía Las Afueras creó un espacio de retroalimentación en Facebook para que todas aquellas personas que asistieron al teatro pudieran dar sus opiniones. Esta es la primera vez que veo que una compañía hace esto y considero que es una herramienta super valiosa que los artistas podrían utilizar para mejorar tanto en nivel coreográfico, interpretativo o de producción. 

Esta definitivamente fue una obra diferente, al menos muy diferente a las que suelo asistir. Honestamente, no sé si puedo decir si me “gustó” o no (porque no es tan sencillo como para apuntar con el dedo), pero lo que sí me gustó fue todo esto que me produjo. Salí con la panza llena del teatro.

  

NOTA:

Me encantaría escuchar a otros espectadores del domingo si opinan igual o diferente a mí; igualmente, al público de otros días.

Y, por supuesto, me encantaría escuchar a Alex y Andrea.

 

Coreografía: “VERSUS

Coreógrafa e Intérprete: Andrea Catania

Dirección y Música: Alex Catona

Diseño de Luces: Alvaro Piedra y Alex Catona

Lugar: Teatro de la Danza

Fecha: Domingo 28 de febrero, 2016