Un día a la vez

Hace 13 semanas me cambió la vida, fue un cambio abrupto e inesperado.

En términos de danza estaba pasando por un buen momento; mucho trabajo, iba para el cierre del año con muchos proyectos por realizar, muchos eventos y finales del primer año de maestría. Como siempre ya con una agenda organizada y preparada, “todo bajo control” para cerrar el año. Pero entonces es cuando algo pasa, algo que no tenía contemplado, que no estaba agendado, que no estaba bajo mi control; un accidente. Podría pasar días y meses pensando en ¿por qué me pasó?, ¿por qué a mí?, Incluso pensar, ¿qué estoy pagando?

Llegar al hospital a emergencias y que te digan: ”muchacha esto es de cirugía y vamos a ponerle una placa de titanio y pines. Es de emergencia, tiene una doble fractura de tobillo; en específico en la parte distal del peroné, más el ligamento reventado.

Yo me quedé fría sin pensar, tenía mucho dolor … y sólo pensé ¿voy a poder volver a bailar? . De la enfermera no obtuve respuesta, me preguntó:  ”¿usted qué hace muchacha? ”  Pueden imaginarse la cara cuando le dije que me dedicaba al arte escénico, que era bailarina profesional y que me había accidentado en pleno escenario, en plena función. 

Todo fue tan rápido; cuando me di cuenta no podía levantarme, no me acuerdo del dolor pero sí me acuerdo del sonido. Yo escuché mis huesos, yo no tuve la menor duda que me había quebrado y fue ahí cuando me sacaron al camerino, me sentía como una serpiente que le hubieran cortado la cola cuando estaba al ataque o en pleno apareo; estaba en un momento de éxtasis (creo que todos los que pasamos por vivir la escena sabemos que es un momento sagrado es un momento irrepetible y fugaz)

Cuando estaba en el camerino y me vestían para salir al hospital, yo no era yo, todavía estaba mi alma en el escenario con mis compañeros; estaba en trance. No sabía lo que pasaba, no entendía el porqué, ¿por qué me había pasado? Tenía todo mi cuerpo y cabello con sudor, tenía todavía el olor al palo santo del ritual escénico que estábamos viviendo y compartiendo. Mi cuerpo estaba afuera pero mi alma se rechazaba a irse. 

Pero la vida da muchas sorpresas.

Las primeras semanas fueron semanas de mucho dolor y de acomodarme a vivir en muletas, acomodar mi trabajo y, pues como dicen, ”el ser humano se adapta a todo” y eso hice, poco a poco me fui “acomodando”.

Luego me fui dando cuenta que tal vez el accidente no había sido tan malo; suena raro pero de repente tuve tiempo para re- estructurarme, re- inventarme y re-valorar. Me di cuenta que casi nunca tenía tiempo para mí, para escribirle a mis amigos, a mi familia o para tomarme un café y hablar un rato con la gente que quiero. Me di cuenta de lo lindo que es la compañía; el verdadero amor, el que acompaña en lo bueno y en lo malo.

Tal vez el accidente hizo darme cuenta de muchísimas cosas, o más bien re-afirmarme estas cosas:

·              Nada ni nadie es indispensable

·              Necesitamos ayuda de vez en cuando

·              El valor y las ganas de salir adelante se tienen que buscar desde nuestra fuerza interior, no se puede esperar que alguien más lo haga por uno

·              La vida da muchas vueltas, así que a vivir cada día

·              En el caos también hay belleza

·              No se debe de ser tan duro con uno mismo

Y ahora que poco a poco voy volviendo a la “normalidad”, que ya camino, que ya pasaron las dos cirugías , que ya mi pie poco a poco vuelve a moverse; algo en mí cambió. Volveré a bailar y a enseñar, pero de una manera distinta; todavía no sé cómo, lo iré descubriendo en el camino.

Les deseo a todos y todas un 2016 lleno de energía, amor, salud, buena compañía y soledad reflexiva. Un año lleno de danza y esa danza a hacerla con todo (nada a medias por favor), ser exigentes y flexibles a la vez; y algo de lo que a mí me ayudó a levantarme todos los días: ¡UN DIA A LA VEZ!